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La apuesta por las soluciones domésticas

La apuesta por las soluciones domésticas

Dondequiera que voy, me llueven ideas de negocios; pero las ideas para productos que ayuden a nuestra sociedad a abordar el problema del cambio climático no llegan con la suficiente rapidez

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de abril 2011 , 12:00 a. m.

El cambio climático representa un serio desafío para las empresas, y estas deben ser parte de la solución.

Algunas compañías ya han puesto en práctica nuevos estándares enfocados en la necesidad de reducir, reutilizar y reciclar, pero el cambio no está progresando muy rápidamente. Necesitaremos tecnologías avanzadas y alternativas de energía limpia para cumplir nuestra meta de reducir las emisiones de carbono a la mitad, que es lo que debemos hacer para desacelerar el proceso del cambio climático. Pero no hemos desarrollado ni una fracción de los productos nuevos que nuestra sociedad necesita para evitar el desastre: calentadores de agua ultraeficientes, refrigeradores y congeladores mejorados, materiales de construcción avanzados y recolección de agua lluvia; la lista es larga. Sin embargo, ya han surgido algunos productos magníficos. Ventanas inteligentes que pueden aumentar o disminuir automáticamente la translucencia para mantener temperaturas confortables. Iluminación LED súpereficiente.

Mejoras en ahorro de energía en el diseño de edificios. Tecnología de sensores que nos ayuda a usar más sensatamente los recursos escasos. Los autos híbridos de la próxima generación que emiten menos contaminación ya están en uso. Firmas de emprendedores están desarrollando tecnologías que capturen el carbono emitido por la quema de carbón y gas natural. Espejos parabólicos, desplegados en los desiertos de África, están proporcionando electricidad verde. Muchos de esos excelentes proyectos han sido evaluados por el Comité de Asesoría de Inversión de Virgin. Vemos oportunidades reales en este campo, y hemos invertido en algunas. Una de las claves para salvar a nuestro ambiente es crear combustibles más limpios que no emitan bióxido de carbono cuando se queman. Para que un biocombustible sea una alternativa viable de la gasolina, debe haber enormes cantidades de forraje disponible -el material necesario para la fabricación del combustible líquido- y el producto terminado debe tener un precio igual, o menor, que los combustibles tradicionales. Los tipos primarios de forraje para la producción de combustible renovable son caña de azúcar y maíz (el segundo es la fuente de la mayor parte del etanol vendido en Estados Unidos). En Asia, también pueden usarse la tapioca, las papas y otros almidones. Pero no puedo ver el beneficio de cultivar alimentos y utilizarlos para generar energía cuando la gente alrededor del mundo está muriendo de hambre y los precios de los alimentos básicos están aumentando. Nuestros estudios encontraron que la biomasa celulósica es una alternativa mejor, ya que es desecho de la agricultura, los drenajes municipales y animales. El pasto silvestre, los sauces, los tallos de maíz y las varas de trigo pueden ser usados para manufacturar etanol celulósico. Nuestra investigación llevó al Fondo Verde de Virgin a hacer una inversión en Gevo, una compañía de biocombustibles de clase mundial que convierte biomasa en butanol. Pero ésta es una posible fuente de biocombustible para países con grandes praderas, no necesariamente para todo el mundo. En las islas de Vanuatu en el océano Pacífico, un emprendedor australiano, Tony Deamer, ha tenido éxito en utilizar aceite de coco como combustible para vehículos automotores.

Potencialmente, esta empresa pudiera ayudar a revitalizar al declinante mercado para la copra, o pulpa de coco, y tendría amplios beneficios ambientales también. La simple labor de abrir cocos y sacar la pulpa los hace poco adecuados como forraje para proveer al mercado mundial de biocombustibles. El aceite de coco, sin embargo, es una excelente solución local. Los científicos y emprendedores que trabajan en este campo no tienen que encontrar un solo biocombustible que haga todo para todos. Lo que podemos y deberíamos desarrollar es una variedad de soluciones que funcionen bien en diferentes lugares, para diferentes propósitos, a diferentes escalas. Entonces seríamos capaces de reducir drásticamente las emisiones de carbono introduciendo el bioetanol para su uso general en autos y autobuses. El reto es desarrollar biocombustibles locales que se amplíen para proveer a un mercado determinado, que no dañen a la atmósfera, no conduzcan a la deforestación y no consuman las existencias de alimentos vitales que necesitará comer la creciente población del mundo. Ese trabajo está en marcha. Imperium Renewables ha abierto una de las mayores refinerías de biodiésel del mundo en Grays Harbor, en el estado de Washington. Es capaz de producir hasta 100 millones de galones (378,5 millones de litros) de biocombustible al año. Aunque esta instalación usa principalmente canola cultivada en la zona del Noroeste Pacífico y Canadá, soya, y muchos otros cultivos, John Plaza, presidente de Imperium, supervisa el desarrollo de un biocombustible que puede ser usado en jets, con algas cultivadas en agua dulce o salada

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