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URRAO, EN LA RÚBRICA DE DIOS

URRAO, EN LA RÚBRICA DE DIOS

El municipio crece en los meandros del río Penderisco El 5 de mayo de 2003, el cielo de Urrao, un pueblo de los confines occidentales de las montañas de Antioquia, se cubrió de helicópteros militares.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de abril 2011 , 12:00 a. m.

Estaba por iniciarse el más grande de los rescates fallidos de secuestrados de nuestra historia. Cuando las tropas de asalto se acercaron al lugar en donde estaban el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria; su consejero de paz, Gilberto Echeverri, y 11 militares, el comandante guerrillero alias 'El Paisa' dio la orden de asesinarlos. Más de un año había pasado desde la marcha por la paz, en el vecino pueblo de Caicedo, cuando las Farc retuvieron a los dos funcionarios antioqueños. Tres militares sobrevivieron a esta masacre para describir la sangre fría con la que 'El Paisa' decidió el destino final de estos hombres.

Este es tan sólo uno entre muchos hechos de sangre que se han vivido en el municipio Urrao, cuya cabecera está ubicada en un idílico valle bañado por un serpenteante río de aguas claras, el Penderisco, que termina aportando su caudal ni más ni menos que al Atrato. No en vano, a esos meandros que contrastan con el verdor del valle se referiría un poeta como "la rúbrica de Dios sobre la tierra".

El primer capítulo en la historia escrita de las tierras de Urrao lo escribió Vasco Núñez de Balboa cuando, remontando el Atrato desde Santa María la Antigua del Darién, exploró la desembocadura del río Murrí, como se llama el Penderisco en su cauce bajo, y se dejó convencer de la presencia de unos tesoros inimaginables a pocas jornadas de camino. La codicia de los españoles motivó varias expediciones que se enfrentaron a la feroz resistencia de los catíos, y del más belicoso de sus guerreros, conocido con el nombre de cacique Toné.

MOTAÑAS BRAVAS La primera masacre en los anales de la historia urraeña ocurrió un año después de que Juan Badillo y Francisco César, los primeros conquistadores de tierras paisas, visitaron en 1538 este "valle de montañas bravas por donde pasa un espacioso río por en medio del", en palabras del cronista Pedro Cieza de León.

El año, pues, era 1539 y habían llegado ocho españoles al mando del encomendero Pedro de Frías a pedirles tributo a los catíos. Cuenta la historia que mientras los españoles almorzaban con Toné, del techo del bohío en donde se encontraban cayeron cinco gotas de sangre, presagio de la matanza que sobrevino. Uno sólo sobrevivió para contar la historia.

Si a la muerte del encomendero Frías le agregamos el acoso sangriento que por años mantuvo Toné a la ciudad de Antioquia, se explica la represalia de los peninsulares. En su versión de la historia (la única que conocemos), Toné rechazó una tras otra las propuestas de paz. En 1557 ocurrieron las batallas de El Escubillal y Nogobarco, ambas con sitios prolongados de empalizadas indígenas, raros ejemplos de baluartes militares de gran tamaño. Tras días de asedio, las batallas concluyeron en incendios que mataron a muchos catíos. Los sobrevivientes fueron torturados y eliminados uno a uno. Del destino final de Toné nunca se supo, pero en todo caso, para 1570, y tras las acciones militares de Gaspar de Rodas, ya se había eliminado toda resistencia catía.

Poco quedó del caserío indígena de Xundabé, descrito por Cieza de León, que muy probablemente estaba situado en el mismo lugar que luego ocuparía el pueblo de Urrao, que ya aparece designado así, con ese enigmático nombre, en un documento de 1578. En él se adjudica "una estancia y caballería de tierra para ganado y labor", de una legua de largo y otra de ancho.

- Con el rango de viceparroquia y sólo un héroe en su historia.

Al parecer fue tranquila la vida colonial. En 1670 surgieron a un mismo tiempo las pretensiones de ascenso al rango de villa de dos caseríos. Pero no fue Urrao el ganador de esta designación, que recayó en otro pequeño pueblo antioqueño del valle de Aburrá, que pasaría a llamarse Medellín. Urrao tuvo que esperar más de un siglo hasta que en 1791, en visita del obispo de Popayán, Ángel Velarde y Bustamante, obtuvo el rango de viceparroquia. Para el censo de 1795 contaba con 299 habitantes de la primera clase, 95 de la segunda, 50 indios y 20 esclavos.

Urrao tiene un prócer en su hijo adoptivo José María Arrubla, un rico terrateniente y comerciante que hizo parte, junto con sus padres y hermanos, de los donantes de tierras para la fundación formal del pueblo en 1800. Ya radicado en Bogotá, Arrubla fue fusilado por Pablo Morillo en 1816

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