LO QUE VA DE LA ROSA AL BIGOTE

LO QUE VA DE LA ROSA AL BIGOTE

La bella: Margarita Rosa de Francisco El aura que la acompaña es tan grande que sólo puede suscitar unanimidad. Mimada de los colombianos, Niña Mencha o Gaviota , ha conseguido ser la dulce novia de un país que, asomado a la farándula, sólo sueña con mozas ilusorias.

30 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Ella ha ido por el mundo con la discreta hermosura de la mujer que no necesita hacer esfuerzos ni crearse un personaje. Y ahora en Hombres, pero también en la Brigada Central vilipendiada por el embajador de Colombia en España, cuando quería ser Presidente, Margarita Rosa debe estar saboreando el plato de la venganza, que se come frío y sin afán.

Acusada de haber trabajado en esa serie de verdades a medias e ingenuos arquetipos; acusada, en fin, de dañar la imagen del país que se la dañaba desde la cúpula de su clase política, debió de sonreír al ver al Presidente envuelto en el mayor seriado de desprestigio que haya dado la historia reciente del país.

Margarita Rosa, a quien imagino dueña de un carácter a prueba de patrioterismos fáciles, ya no es la hija traicionera de un mafioso de cartón piedra sino la Gaviota temperamental y enamorada para quien la belleza y el discreto encanto de sus treinta y pico de años no podrá ser precluida en Congreso alguno.

Ella sabe que el cariño de los pueblos se consigue por una serie de actos admirables añadidos a la naturaleza; sabe que mentir afea, hágase con la letra de las leyes o con bisturí del cirujano.

La bestia: Horacio Serpa Tiene, en efecto, el temple altivo de los santandereanos. Nació de cuna humilde y sus primeras causas fueron tan apasionadas como el rencor que los pobres llevan para ajustar cuentas con su pasado.

Entró llevado de buena mano a los caminos de la política, con el verbo fácil y encendido de un carbonario y acaso también con las ideas que reclamaba la tradición traicionada de un partido al que ha servido desde su ala izquierda .

Suscitaba y suscita simpatías por esa sinceridad incendiaria que, desde la oposición, puede ser más útil y eficaz que desde el poder. Porque desde éste, es otro el pacto que se establece: es preciso ser firme sin ser imprudente y generoso sin llegar a ser débil. No es la pasión y el orgullo herido lo que se necesita para el mando sino la convicción íntima de que mentir añade una mancha imborrable en cualquier hoja de vida política.

Serpa, que ha trasegado por todos los caminos de la administración pública, puede convertirse en el pez que muere por su boca, no porque sea agresivamente sincero, sino porque, en brazos de populismo nacionalista, que envenena más que la certidumbre de la culpa, deberá acogerse en adelante al estilo de los demagogos.

No es que le falten buenas intenciones ni la profunda convicción de que los pobres necesitan un lugar en este mundo. Lo que sucede es que para prometer hay que haberse merecido primero la credibilidad, ésa que ahora él reclama sólo porque una mayoría de corrompidos decidió decretarle su inocencia.

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