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Casi 600 jóvenes se suicidan cada año

Casi 600 jóvenes se suicidan cada año

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de abril 2011 , 12:00 a. m.

Todo lo quiso vivir al límite. Cuando su grupo favorito de rock vino a Bogotá, dijo que después de verlo en escena ya podía morir tranquilo. Pero se sintió traicionado al saber que su novia se dejaba coquetear por el líder de la banda. Quince minutos antes de colgarse de una cuerda, le envió un correo electrónico a la gente con la que compartía ese entorno musical: "Hicieron de mi vida un infierno. Me voy a matar y los culpables son ustedes". Ese mensaje, la carta y un casete con canciones para su ex novia, fue lo que dejó. El ruido de la estantería que cayó con su cuerpo despertó a la familia. Alcanzaron a llevarlo a una clínica, pero después de 36 horas de agonía, murió. Este joven se mató a la edad más frecuente de suicidio en el país, y con el método más recurrente en Bogotá. En el 2009, 405 muchachos entre 18 y 24 años se quitaron la vida. El 55 por ciento se ahorcó. Del total de suicidios ocurridos en Colombia durante el mismo año, más de la mitad se concentraron en Bogotá y Antioquia.

Compañía aparente .

Nadie podría creer que los jóvenes estén padeciendo de soledad si, precisamente, nunca están solos. O eso parece. Abren cuentas de Facebook con centenares de 'amigos' y andan en parche como si no fuera posible vivir de una manera distinta. Pese a ello, o en parte por ello, hoy les es más fácil comunicarse de forma virtual, según terapeutas. No pueden saludar a una muchacha ni tienen nada que decirse si no hay un computador de por medio. "Y si no hay vínculos, ¿cómo construir estrategias sanas para enfrentar los problemas?", dice el médico Javier Augusto Rojas, director nacional de Psiquiatría de Medicina Legal. De Zubiría lo define como un mal de la época: "Una generación completa de incompetentes afectivos".

Y esto ocurre, en gran parte, porque la crianza cambió. Hoy los jóvenes, en lugar de contar con una extensa red de 'profesores afectivos' -abuelos, tíos, primos, padrinos, hermanos, profesores, nanas, vecinos- en la cual se aprendía a relacionarse con el otro, viven bajo un esquema familiar caracterizado por la ausencia y bajo la presión de la entrega de resultados y del éxito. Por eso, cuando algo sale mal, se vienen abajo. "No están preparados para enfrentarse a un fracaso ni se les ofrecen herramientas para superar la frustración. Habría que enfocarse menos en que aprendan trigonometría y más en que sepan cómo manejar el perder y el equivocarse", dice la psicóloga Margarita Hoyos, especializada en muerte y duelos. Por eso, algunos, cuando pierden una materia o los deja su pareja o no encuentran trabajo después de graduados, terminan por pensar que el camino es el suicidio. .

La sin salida .

El día anterior pidió prestados unos guantes y una chaqueta con capucha. Así llegó a la universidad. Estuvo en la primera clase de la mañana y después se guardó en un cine hasta que empezó a atardecer. Tomó un bus hacia el sur y se bajó en un potrero. Regó por el suelo las cosas que llevaba en su morral y mantuvo en sus manos la Smith & Wesson que le había sacado a su papá del armario. Tenía 18 años y empezaba Psicología. No iba bien en dos materias. Se disparó en el pecho. En casa la habían visto triste los días anteriores. Como si quisiera contar algo y no le salieran palabras. "Achantada", la describieron sus familiares.

Pero no insistieron en saber qué le pasaba. De niña fue una alumna juiciosa.

"No daba problemas", dijeron. Tal vez por eso no se atrevió a decir que iba mal en los estudios, por temor a una mamá a quien nunca molestaba y a un papá distante que le había advertido que si perdía el semestre no le iba a pagar más estudios. Era la primera en casa que iba a lograr un título profesional y seguramente sintió pánico de no poder responderle a la familia. Le contó a un amigo lo que pensaba hacer y le dijo que en su casa no podrían deducir que había sido un suicidio, sino un robo. Por eso regó las cosas en el suelo y eligió un sitio abandonado. Él pensó que no sería capaz de hacerlo. Pero el miedo a equivocarse pudo más en ella.

Los anuncios .

Solo un 5 por ciento de los suicidios son actos intempestivos. Los demás son calculados y preparados con detalle, según Rojas, quien explica que el 80 por ciento de los jóvenes que han cometido suicidio lo han avisado. "A sus padres, a sus pares, a un maestro. Además, el intento de suicidio es el mejor predictor de que puede suceder". Cuando va a suceder -y eso solo se ve después- , la persona hace una especie de "ritual de despedida", como lo denomina Margarita Hoyos. Así fue el caso de una joven a punto de cumplir la mayoría de edad: ella misma se alisó el pelo el día anterior, lavó las cortinas de su habitación, ordenó la ropa en el armario, organizó su cuarto. Después, se tomó unas pastillas y murió. Sin escándalo, ni cartas. Sin ruido. Otro muchacho, 18 recién cumplidos, se cortó un mechón de pelo, lo puso sobre una mesa y le dijo a su mamá: "Aquí dejo mi pasado". Ella creyó que ese gesto significaba que el tratamiento que iba a empezar contra su depresión surtiría efecto y que por fin dejaría atrás esa sensación de no poder con el mundo. Pero era su frase fue su despedida. La investigación del Instituto de Salud Infantil británico, publicada en The Lancet, no solo expuso el dramatismo padecido por la generación de los más jóvenes del mundo. Da en el blanco: "Esperamos que esta investigación promueva un nuevo enfoque global sobre las muertes y sus causas en adolescentes. Los objetivos globales en salud de esta población deben ir más allá del VIH e incluir accidentes y salud mental". Que 15 por ciento de los menores de edad en el mundo tenga depresión mayor y que el suicidio sea la tercera causa de muerte juvenil, según la OMS, debe encender las alarmas.

65 por ciento de menores dice no tener un buen amigo. 45 por ciento de los que tienen pareja no están satisfechos con ella. Esto según un estudio de la Fundación Merani entre 10.000 jóvenes en 8 ciudades del país

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