Sonia, en anécdotas de viaje

Sonia, en anécdotas de viaje

En 1983, cuando el Ballet de Colombia visitó a Varsovia (Polonia), uno de los números más admirados de su montaje fue el del mapalé, tanto así que un asistente a la presentación, el cineasta Roman Polanski, le pidió a Sonia Osorio -directora del Ballet, que falleció el pasado lunes- que lo repitiera.

03 de abril 2011 , 12:00 a.m.

"Después de una función de dos horas -recuerda Marvel Benavides, una de las bailarinas del grupo-, llegó Sonia al camerino gritando: 'Muchachos, adivinen a quién le tenemos que hacer otra vez el mapalé. Solo a él, por favor, yo les pago lo que sea, los invito a almorzar'. Y todos respondimos: 'Claro, Sonia'". Con la silletería del teatro vacía, a excepción de la butaca que ocupaba el director polaco, el grupo repitió el mapalé, solo unos minutos después de haber terminado una agotadora función. "Polanski le dijo a Sonia que quería utilizar ese baile en una de sus películas, pero nunca se pudo concretar", comenta la artista.

Benavides entró al Ballet de Colombia en 1983, estuvo allí cinco años y recuerda con gran cariño a su directora. Y, a pesar de que a a veces se le escapan las palabras, tal vez porque es incapaz de definir a Osorio con un solo término, hay una cosa que tiene muy clara: "Sonia fue la que me hizo amar el folclor de este país". .

Una gira permanente .

El primer viaje que realizó la bailarina pereirana con el ballet fue a Israel, en 1983. Una de sus presentaciones fue en un batallón israelí, en el desierto del Sinaí, en el que estaban asignados militares colombianos y estadounidenses.

Allí, los atendieron con una delicia gastronómica para nada común en ese lado del mundo: un sancocho.

Al ver la comida, Osorio les dijo a sus músicos que empezaran a tocar. "Fue un almuerzo exótico: en un desierto, al otro lado del mundo, con comida colombiana y música llanera".

Uno de los periplos que más recuerda la bailarina fue el que el grupo hizo a la antigua Yugoslavia y a Hungría. Comenta que era muy común que los espectadores se quedaran esperando a que salieran todos los integrantes del grupo. "Querían bailar cumbia. El problema era que los europeos no tienen movimiento de cadera y pasábamos horas tratando de enseñarle a un húngaro a bailar La colegiala", añade.

Uno de los parajes más particulares que visitó el Ballet fue el reino de Jordania, en 1984. "A Sonia la recibió el rey Hussein I junto a la reina Noor.

A ella siempre la trataban como a una jefa de Estado". Y a pesar del prestigioso recibimiento, no fue un viaje exento de problemas.

De acuerdo con las reglas del país, que no permitían que las mujeres estuvieran descubiertas en público, a Osorio le comunicaron que no podía hacer el mapalé, uno de los números más sensuales del montaje. La directora aceptó a regañadientes, y lo eliminó.

"Pero la gente sabía que ese era uno de los números más reconocidos del Ballet y que, de cierta manera, era un baile prohibido. Así que en la siguiente presentación, el público empezó a gritar y a pedir el mapalé. Y entonces, nos tocó presentarlo". El destino final de Benavides con el grupo fue Japón, en 1988. La reacción del público, según la bailarina, fue increíble. "Incluso, en una de las funciones recibimos una venia del emperador Hirohito".

Añade que en Tokio, cuando el equipo salía del teatro, lo esperaba una fila de mujeres y hombres con velas prendidas. "Era un camino de reverencia, una forma de hacernos un homenaje".

A partir de ese momento, Benavides y Sonia Osorio dividieron caminos, aunque siguieron en contacto. Para la bailarina, hay pocas artistas que lograron recorrer el mundo con la danza colombiana de la forma como lo hizo Osorio.

"Fue nuestra embajadora. Si no hubiera sido por ella, nadie en Japón habría conocido ritmos como una guaneña o un abozao", concluye.

Una directora muy exigente.

Según Marvel Benavides, una de las grandes características de Sonia Osorio era su nivel de exigencia con los integrantes del ballet. "Cuando estábamos en el escenario, ella se quedaba tras bambalinas, vestida con su manta de chichamaya, con la que salía a saludar, y nos vigilaba a todos", recuerda.

Agrega que durante al espectáculo, a quien se le cayera un pañuelo, una flor o saliera mal vestido, se le cobraba una multa simbólica. Pero a pesar de su exigencia, Osorio siempre buscó que a sus artistas no les faltara nada.

"Teníamos un buen sueldo y nos daban viáticos en todos los países. Inclusive, nos tenía asegurados, algo que no era muy común en esa época", dice Benavides

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