CAOS Y SOLUCIONES

CAOS Y SOLUCIONES

Nadie va a poner en discusión las bondades y la profunda transformación que ha traído a la calidad de vida de la ciudad el sistema de transporte Transmilenio, sin duda el mayor éxito de la administración pasada y cuyas proyecciones permiten apreciar la forma decisiva como va a cambiar el transporte urbano masivo y, en consecuencia, el modo de vida de los habitantes de la capital.

26 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Nadie va a poner en discusión las bondades y la profunda transformación que ha traído a la calidad de vida de la ciudad el sistema de transporte Transmilenio, sin duda el mayor éxito de la administración pasada y cuyas proyecciones permiten apreciar la forma decisiva como va a cambiar el transporte urbano masivo y, en consecuencia, el modo de vida de los habitantes de la capital.

Sin embargo, nada de lo anterior justifica el hecho de que Transmilenio se haya convertido prácticamente en la máxima autoridad de tránsito de la ciudad, ni en el dispensador de las rutas tradicionales que deben ser desplazadas de las vías por donde ahora, y en el futuro, circularán los buses del nuevo sistema. Cada cosa en su lugar. Las autoridades de Tránsito deben estar al servicio de la ciudad y no como simples amanuenses de uno de los sistemas de transporte, por útil, importante y poderoso que este sea.

El ex alcalde Peñalosa mantuvo el impulso y la decisión política hasta que Transmilenio fue una realidad. La inauguración de la primera línea por la avenida Caracas y la calle 80 sacó de esa ruta a las empresas que la venían usufructuando; pero, por falta de planeación y para favorecer el interés de los transportadores, las rutas desplazadas invadieron el resto de vías y esparcieron por toda la ciudad el insoportable caos de trancones, ruido y contaminación. Difícil entender el grotesco espectáculo de miles y miles de vehículos de servicio urbano que recorren, vacíos y muchos de ellos en mal estado, la urbe de norte a sur y de oriente a occidente. Y más difícil comprender que una medida inaplazable como el pico y placa para los buses no haya sido adoptada, si no es porque los transportadores se oponen a ella y amenazan con la huelga y el saboteo. En dónde está la autoridad?.

La próxima iniciación, el 6 de agosto entrante, de la segunda etapa de Transmilenio por la Autopista Norte, y el anuncio del traslado de las rutas actuales hacia la avenida 19 y las carreras 15, 9a y 7a han indispuesto a los vecinos de esas zonas por el caos inevitable que imperará, adicional al que ya existe. Qué ocurrirá con la costosa infraestructura de recuperación de espacio público, ciclorrutas, ensanchamiento de los andenes, angostamiento de las vías, embellecimiento, que se perderán irremediablemente detrás de esa nube de buses viejos y contaminantes que van a invadir vías ya saturadas de vehículos? Resistirá la deleznable avenida 19 el peso adicional y constante de los nuevos automotores?.

La solución no reside en pasar para otra parte las rutas de la Autopista Norte distintas de Transmilenio, sino en desarrollar una estrategia integral para reducir la sobreoferta de buses que cubra pico y placa para el transporte público, aumento del número de buses para chatarrizar por cada bus del nuevo sistema y un control de las rutas piratas y de la salida de los automotores viejos de circulación. Es inaceptable que cada entrada en operación de una troncal de Transmilenio se convierta, por obra y gracia de la ineficiencia y debilidad técnica e institucional de la Secretaría de Tránsito (STT), en motivo de desesperación para los ciudadanos. Increíble que nadie haya podido con ese elefante blanco que es la Secretaría!.

Se calcula que circulan en la ciudad unos 7 mil buses piratas, mientras que para cubrir la demanda de usuarios de la capital se necesitarían 12 mil de los 23 mil vehículos debidamente autorizados que hoy atestan las calles. Reducir el número de buses es el objetivo al que la STT debe apuntar como autoridad del tránsito. Cómo evitar el caos si la mitad de los automotores de servicio público sobran? Los bogotanos terminamos por pagar por la vía de las pasajes los costos de esta estructura empresarial ineficiente y fragmentada a la que Transmilenio busca sustituir.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.