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Emberas se le miden al español

Emberas se le miden al español

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de abril 2011 , 12:00 a. m.

Lina Sánchez Alvarado Redactora de EL TIEMPO La violencia es un mal recuerdo para Adelina Nengarabe, una mujer embera que dejó Pueblo Rico, Risaralda, 6 años atrás y hoy se rebusca la vida y la de sus 9 hijos en el hostil asfalto de Bogotá. La mujer, que intenta mover con agilidad su boca, balbucea algunas palabras en español y asegura que lo más difícil ha sido comunicarse desde su llegada.

Por eso, Adelina nunca falta a la cita de los martes y los jueves en el corazón del barrio Fábrica de Loza y acude a un salón de clases en compañía de sus hijos. Junto a ella, 89 indígenas caminan durante al menos media hora para llegar al salón.

"Saka buma (¿Cómo están?)", saluda la profesora en lengua embera y las mujeres que voltean su mirada responden: "Via buma (Estamos bien)". Apenas llevan un mes de clases, pero algunas son osadas y se atreven a saludar y a cruzar un par de palabras con los que compran sus artesanías.

"A mi pueblo, la violencia los ha expulsado de Risaralda y Chocó y aunque me duele verlos en esta ciudad con pocas oportunidades, ellos están ilusionados en aprender y desenvolverse mejor", contó Olga Zapata, la intérprete de la clase, que es de papá 'blanco', como lo llaman ellos, y de mamá embera. Una de las indígenas contó que, así como en el campo deben aprender a cultivar y a cazar animales para sobrevivir, en la ciudad, el español es lo vital. Aunque el programa es apenas un piloto, la alcaldía de Santa Fe espera ayudar a otros 90 que viven en el centro de Bogotá e incluirlos en proyectos productivos. A través de un método llamado ABC del español, las mujeres, que van en el día, y los hombres, que van en la tarde, aprenden con imágenes a distinguir palabras y con el tiempo a escribirlas y relacionarlas sin ver el dibujo del objeto, según contó la 'profe' Luz Ángela Arias.

Pero lograr que durante mes y medio los embera asistieran a clase no fue fácil. Las autoridades tuvieron que visitarlos, ganarse su confianza y brindarles mercados para garantizar que no fueran a desertar. Mientras tanto, en un edificio del barrio San Bernardo, estos indígenas seguirán pasando sus días y conservando sus vestidos y collares contra el 'mal de ojo', pero esta vez estarán armados de la capacidad de hablar español y así podrán aprovechar la oportunidad que les brinda esta ciudad de 'blancos'.

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