NO AL PARO AGROPECUARIO

NO AL PARO AGROPECUARIO

Para nadie es un secreto que como consecuencia de la crisis económica que vivió el país en años anteriores y que a decir verdad no ha sido superada, los colombianos de todos los niveles, sufrimos un deterioro en la condición de vida. El sentimiento general de preocupación de todos los estamentos sociales resulta evidente como consecuencia de la situación con el agravante que las perspectivas no son sustancialmente mejores, al menos en el corto plazo. A este panorama se le debe agregar el impacto negativo que producen las acciones de violencia de distintos grupos, en particular la guerrilla.

26 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Para nadie es un secreto que como consecuencia de la crisis económica que vivió el país en años anteriores y que a decir verdad no ha sido superada, los colombianos de todos los niveles, sufrimos un deterioro en la condición de vida. El sentimiento general de preocupación de todos los estamentos sociales resulta evidente como consecuencia de la situación con el agravante que las perspectivas no son sustancialmente mejores, al menos en el corto plazo. A este panorama se le debe agregar el impacto negativo que producen las acciones de violencia de distintos grupos, en particular la guerrilla.

Como consecuencia de esta coyuntura real y concreta, uno podría pensar que la protesta y el paro serían las opciones de los distinto0s grupos afectados, antes que hacer esfuerzos para encontrar salidas que permitan al menos pensar que es posible un mundo mejor. Creemos que se comete un error quienes lo piensan así. Por eso no deja de sorprender la convocatoria que está haciendo la llamada Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria entre agricultores, cooperativas de campesinos e indígenas del país a favor de un paro a partir del próximo 31 de julio.

Nadie desconoce que el sector agropecuario ha sido uno de los más afectados con determinadas políticas que se montaron hace diez años, en particular con la liberación comercial indiscriminada en simultánea con la apreciación de la tasa de cambio, como tampoco se puede ocultar la gravedad de la situación de orden pública que golpea directamente al sector. El reconocimiento es general acerca de las admirables capacidad y resistencia de los agricultores para hacerle frente a la crisis, al punto que sorprende que este sea una de los renglones de la economía que registra la mayor tasa de crecimiento. Pero de ahí a creer que el llamado a la rebelión es el camino hay una gran equivocación.

Los pedidos de los promotores del paro son extremos y muchos irracionales: que cesen las importaciones de productos agropecuarios que puedan producirse en el país, la condonación de las deudas bancarias del sector, la fijación de precios de sustentación remunerativos garantizados por el Estado, la existencia de créditos suficientes, oportunos y baratos, el control a los costos de producción desde agroquímicos hasta gasolina, el cierre de los derretideros de azúcar, la prohibición a la entrada en funcionamiento del ingenio industrial panelero de Padilla, la atención a las peticiones democráticas de las comunidades indígenas y el rechazo a la decisión de que Colombia sea incluida en el ALCA.

Solo queremos llamar a la sensatez y a la comprensión para que el paro no se realice.

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