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Una pareja disfuncional

Una pareja disfuncional

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de abril 2011 , 12:00 a. m.

El gobierno de Gaviria se la jugó a favor de la liberación del comercio con Venezuela, en contra de algunos miembros de su gabinete y de los gremios empresariales. Algo similar ocurrió en Venezuela y se consumó la unión de las dos economías sin haber cambiado las actitudes de la pareja, la animadversión y las razones históricas para desconfiar uno del otro.

Pese a lo anterior, la unión fue fructífera en términos económicos para los dos países, pero no tanto como hubiera sido posible porque en Venezuela las malas políticas no dejaron que los empresarios pudieran desarrollar todo su potencial, y desde que se quiso organizar allá una nueva Cuba se fueron muchos de los más emprendedores de ellos. Con todo, el experimento de unir comercialmente a las dos economías fue exitoso. Si se evalúa esta unión con una perspectiva mercantilista, se puede creer que la tajada del león se la llevó Colombia, y que a Venezuela le estaba tocando la parte del ratón porque, especialmente en los años inmediatamente anteriores a la decisión de Chávez de salirse de la CAN, la balanza comercial se inclinaba decididamente a favor de Colombia. Esta visión no tiene en cuenta que a los exportadores colombianos no se les estaba pagando por sus productos o que ese pago se demoraba excesivamente. Además, esta manera de pensar, que es la más común, también es incorrecta porque el objetivo del comercio no es exportar sino poder importar. Como Venezuela es un gran exportador de petróleo, tiene la gran ventaja de no tener que depender de que todas sus relaciones comerciales sean equilibradas, sino que puede importar lo que quiera y durante años disfrutó del beneficio de poder importar alimentos y bienes de consumo colombianos.

Cuando Chávez les puso trabas a estas importaciones posiblemente les causó mayores perjuicios a los consumidores de su país, que tuvieron que sufrir escasez, inflación y racionamiento, que los que les quiso causar a los colombianos impidiendo el ingreso de sus productos. Con gran habilidad, los productores colombianos encontraron otros mercados para sus productos y el país no tuvo que reducir drásticamente sus importaciones. Adicionalmente, Colombia se ha beneficiado porque para poder exportar a esos nuevos mercados los exportadores tuvieron que volverse más competitivos al no poder depender de la protección del arancel externo común. Ahora, es posible de nuevo que se llegue a un acuerdo de libre comercio entre Colombia y Venezuela. Lo más conveniente sería que no fuera una unión aduanera, como la que existía, que era excesivamente proteccionista, y tenía fuertes incentivos para desviar comercio, y que el acuerdo tuviera vigencia indefinida. Los tratados de libre comercio no solo se hacen para impulsar el comercio, sino para racionalizar la producción y para promover economías de escala y su aprovechamiento. Esto requiere inversión nueva y un reacomodamiento de las empresas que no van a tener lugar si el acuerdo estará vigente pocos años. Ponerle un plazo de cinco años al acuerdo elimina la posibilidad de que induzca beneficios de inversión y mayor eficiencia de la producción. Si no se desea que sea indefinido, por lo menos debe establecerse un plazo largo para su vigencia. Adicionalmente se necesita volver a crear confianza entre los dos gobiernos, porque si uno de los gobiernos puede suspenderlo o violarlo a voluntad, los beneficios del acuerdo van a ser mínimos.

La relación entre Colombia y Venezuela es y ha sido disfuncional, pero conviene más establecer un ámbito de cooperación y armonía que seguir agarrados. No solamente nos une Bolívar o el comercio, sino la geografía. La puerta de Venezuela para salir al Pacífico no pasa por Brasil, ni por Ecuador o Perú, y mucho menos por Bolivia.

Es posible que se llegue a un nue- vo acuerdo de libre comercio entre Colombia y Venezuela. Lo más conveniente sería que no fuera una unión aduanera y que tuviera vigencia indefinida

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