'Nada', una novela que incomoda

'Nada', una novela que incomoda

Significado. Significado. Significado. Eso era lo que se repetían y buscaban desesperados los alumnos de séptimo del colegio de Taering.

31 de marzo 2011 , 12:00 a.m.

Lo buscaban desde que uno de ellos, el mismísimo primer día de clases, se parara, tomara su maleta y dijera que se iba porque nada tenía sentido. La vida no lo tenía, así que no había motivo para hacer nada. Mucho menos estudiar.

Pierre Anthon era su nombre, y después de su sentencia decidió pasar los días subido en un árbol de ciruelo desde donde les lanzaba frases a sus compañeros que seguían yendo cada día a la escuela.

-Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece hacer nada. Eso acabo de descubrirlo...-gritaba.

Sus palabras empezaron a calar. Como reacción (primero intentaron tumbarlo del árbol a punta de tirarle piedras, pero no les funcionó), los jóvenes optaron por hacer "una pila de significado", una montaña construida con los objetos que más importancia tenían para ellos. Así podrían demostrarle a Pierre Anthon que sí había mucho que merecía la pena. Por turnos, uno a uno, fueron entregando las cosas que los demás les exigían. Las sandalias preferidas de Agnes, el telescopio de Maiken... Más o menos eran esas las primeras cosas sumadas.

Pero mientras los días pasaban, y Pierre Anthon no callaba sus consignas ("todo es un gran teatro que consiste solo en fingir"), ese montón de significado que estaban formando tomó otro camino, acelerado, aterrador, desbordado. Lo que ofrecían en él ya eran los restos del hermano menor de un joven; o el dedo índice que le cortaron a otro que solía tocar guitarra; o la virginidad de una niña a la que violaron para hacerle perder lo que cuidaba como su tesoro. La suma de significado se desbocó. * * * Este es el argumento de Nada, libro escrito por la danesa Janne Teller y que, después de ser prohibido durante diez años en varios países de Europa (en Noruega y en Francia varias librerías se negaron a venderlo, por ejemplo) hoy está en primeros lugares en ventas. "Es un libro que te influye para siempre.

Merece ser releído muchas veces"; "es uno de los libros más filosóficamente interesantes de los últimos tiempos", son algunos de los comentarios de la crítica. A ellos se suman las voces de padres de familia preocupados de que en las escuelas se lo pongan a leer a sus hijos.

Su autora, Janne Teller, es una economista de 47 años experta en resolución de conflictos. Trabajó durante varios años con Naciones Unidas en países como Tanzania o Bangladesh. Hasta que, en 1995, decidió dedicarse a la literatura.

Ya había publicado un par de libros cuando, en el 2000, recibió la solicitud de una editorial: ¿Haría un libro para adolescentes? La primera reacción de Teller fue negarse, pero cuenta que casi enseguida apareció en su cabeza aquella frase del inicio (Nada importa. Hace mucho que lo sé...) y se sentó a escribir la novela.

Cuando entregó el manuscrito, los editores fueron los que dijeron que no. El libro les pareció inapropiado, algo raro. Seis años después, Nada fue editado y le llovieron las críticas. En las escuelas de Dinamarca, el país de su autora, lo censuraron. Durante los primeros tres años, no vendió más de cien ejemplares. Ahora es otra cosa, y lo es sobre todo desde que empezó a ganar premios, como el de Mejor Libro del 2010 que le entregó el periódico alemán Die Zeit.

Teller no entiende la polémica causada por su libro. Desde Alemania, donde está en gira de promoción, afirma: "Nunca esperé esa reacción. Me parece natural hacerse las preguntas existenciales que plantea la novela, pero veo que eso les molestó a muchos. Sobre todo a los adultos".

Plantearse esas preguntas a las que Teller se refiere (qué importa realmente, qué sentido tiene vivir) es la esencia del libro. Sin embargo, lo que más ha despertado la controversia es el desarrollo que toma la historia en manos de los protagonistas adolescentes; el veloz camino hacia actos atroces en los que los chicos se introducen. De "una montaña de significado" creada por objetos cotidianos, se pasa a la violación, al sacrificio de animales, al asesinato mismo. Teller considera que la violencia que aparece tampoco es mucha. "Es una fracción, diría, de lo que se ve en los programas de noticias o aparece en los juegos de computador que los niños usan todos los días".

-Profesores y libreros han estado en contra de la circulación de la novela y argumentan que su lectura podría "quitar a los jóvenes la esperanza de vivir".

¿Qué opina? -No estoy de acuerdo. Los jóvenes se van a hacer preguntas, de todos modos. En mi opinión, lo que sucede es que los adultos se sienten molestos cuando se les rasguña sobre el significado de las cosas y sobre lo que en la vida realmente importa. He sabido que otros han ido en su contra por el título, sin entender que esa palabra -Nada- se refiere justamente al fantasma contra el que los niños están luchando.

-Otro debate es por el desenlace. ¿Lo tenía claro desde que empezó a escribir el libro? -Nunca sé el final de un libro cuando lo empiezo. Particularmente en este caso, yo no quería que el final fuera tan terrible. Pero vi que no tenía otra forma de hacerlo. Debía seguir la verdad de mis personajes. Una vez que la primera página está escrita, hay una lógica interna en la historia que no debe ser violada. Y la lógica de Nada exigió el final tan difícil que tiene.

* * * Con las disculpas debidas a los lectores que no se han acercado a esas páginas todavía, habría que decir que ese final difícil es la muerte del protagonista, después de ser golpeado por sus compañeros entrados en una ira incontrolable.

Si es tan fácil morir, es porque la muerte no tiene sentido. Y si no tiene sentido, es porque la vida tampoco lo tiene...

"Sí, el tono de Nada es oscuro. Sí, tiene sus momentos duros. Sí, cuestiona mucho de lo que normalmente damos por sentado. Sin embargo, para mí siempre ha sido un cuento de esperanza y luz", dice Teller en un epílogo que debió agregar en las nuevas ediciones. "Para mí -sigue- Nada es un cuento que hubiese querido leer a los catorce años".

-¿Un 'cuento de hadas', como lo han presentado? -Es un cuento de hadas moderno. Una historia ficticia que funciona como espejo. Y a veces, ante un espejo, vemos cosas que no deseamos ver.

El miedo de los niños por no encontrar sentido a la existencia los va llevando a una lucha interna, también. Podría pensarse que se debaten no solo contra el que está subido en el árbol, sino contra el 'Pierre Anthon' que tienen en su propia cabeza. Página a página se van convirtiendo en unos pequeños fundamentalistas, fanáticos "del significado" por el que pueden llegar a hacer lo que sea. "Eso pasa en la vida real -dice Teller-. Así se crea el fanatismo que reclama poseer una verdad, religiosa o de cualquier tipo, y trata de ahogar la voz de su miedo".

-¿Cree que hoy los jóvenes tienen más razones para caer en la intolerancia, como los personajes del libro, que las generaciones de años atrás? -No, aunque creo que hoy es muy difícil ser joven. La sociedad, engañosamente, convence a sus jóvenes de que la fama, el dinero y el glamour darán lugar a una vida significativa. Pero tarde o temprano, incluso quienes tienen éxito por esa vía, descubren el vacío. El resultado es evidente: muchachos con trastornos alimentarios, depresiones, consumo de drogas... Y esto no es un problema psicológico del 40 o 50 por ciento de una generación: es un problema de nuestra sociedad, que no ofrece a los jóvenes un significado sustancial de la vida. Por eso es esencial empezar a discutir las cuestiones más profundas.

Esa discusión plantea Nada, que se lee tan rápido como cambia el comportamiento de sus protagonistas. Algunas páginas provocan parar, decir hasta aquí no más; casi que al leerlas se sienten golpes en la cara, pero se sigue adelante.

-Todo empieza solo para acabar. En el mismo instante en que naces ya empiezas a morir... -continuaba Pierre Anthon desde el ciruelo.

Al final, nada

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