DE LA GLOBALIZACIÓN CENTRÍPETA A LA CRISIS NACIONAL

DE LA GLOBALIZACIÓN CENTRÍPETA A LA CRISIS NACIONAL

Las protestas tumultuosas realizadas en Génova contra las políticas inherentes a la globalización centrípeta de las economías y contra sus adversos resultados en tantos pueblos en desarrollo o en subdesarrollo, relegaron a segundo plano las preocupaciones por la desaceleración económica de Estados Unidos y la profunda crisis de Argentina. Originada la primera en el colapso de las inversiones en los ramos de las nuevas tecnologías y la segunda en la receta formulada por el Consenso de Washington , cuyos elementos primigenios complementó la nación austral con la inflexibilidad de su régimen cambiario.

24 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Las protestas tumultuosas realizadas en Génova contra las políticas inherentes a la globalización centrípeta de las economías y contra sus adversos resultados en tantos pueblos en desarrollo o en subdesarrollo, relegaron a segundo plano las preocupaciones por la desaceleración económica de Estados Unidos y la profunda crisis de Argentina. Originada la primera en el colapso de las inversiones en los ramos de las nuevas tecnologías y la segunda en la receta formulada por el "Consenso de Washington", cuyos elementos primigenios complementó la nación austral con la inflexibilidad de su régimen cambiario.

Aquí procuramos distraer nuestras penurias y angustias con los reveses ajenos e incluso con la efusión de los ánimos en torno de las competencias deportivas. Para tragedias nos bastan los episodios de los alzamientos en armas y los brotes terroristas. En pocos países, sin embargo, han sido más pronunciados los efectos nocivos de una apertura que se anunció salvadora y desde el principio fue destructoramente hacia adentro.

No siempre coinciden con nuestros motivos de inconformidad los móviles de las encendidas protestas en los escenarios de las reuniones internacionales. Pero, dejando de lado sus excesos, de alguna manera contribuyen a llamar la atención sobre situaciones críticas como las que le ha correspondido sufrir a Colombia. País en lucha irrenunciable contra el narcotráfico, al cual se le cortaron las alas de su actividad productiva normal y lícita, se le embarcó en improvidente proceso de endeudamiento y se esterilizó y dejó en la miseria buena parte de su fuerza laboral.

La tendencia a atribuir los infortunios nacionales a consecuencia ineludible de sucesos adventicios del exterior lleva a ignorar su trayectoria y a presumirlos en franca vía de solución mientras la influencia de aquellos no se atraviese. Evidentemente, puede acentuarlos en cierta medida, tanto más si el ciclo recesivo se intensificara, prolongara y universalizara. Por ejemplo, dificultando o encareciendo el crédito externo, o menoscabando el ritmo de las exportaciones no tradicionales que ha permitido compensar el dramático deterioro del ingreso por café y, en menor cuantía, por el del petróleo.

No obstante, temerario sería desconocer la duración de la crisis colombiana y sus causas internas. Una de las cuales se ha concretado en la represión implacable de la demanda y en la severa limitación de las oportunidades de trabajo. En tanto la desaceleración de Estados Unidos, se atenúa merced al sostenimiento de los consumos de sus hogares y se atempera con la baja de impuestos y tasas de interés, nuestra recesión o estancación se alimenta del fenómeno contrario. Vale decir, de deprimir los consumos y aumentar los gravámenes.

Puebas al canto.

Un cese general de hostilidades, acompañado del restablecimiento de la vigencia de los derechos humanos y del respeto a las libertades públicas, mucho ayudaría a la recuperación de la maltrecha economía y del ideal inmerecidamente proscrito del pleno empleo. Pero, aunque la intensidad de la ruinosa perturbación del órden público no ceda, conviene examinar con máxima objetividad los quebrantos de la economía y no pretender soslayarlos estadísticamente.

A Fedesarrollo se le armó gran alborto por haber diagnosticado en Marzo una recaída industrial y comercial y, a poco, rigurosas comprobaciones acabaron dándole la razón. El crecimiento de ambos sectores ha oscilado entre cero y uno por ciento, en contraste con los niveles aparentemente prometedores de los últimos meses del año pasado.

En el informe de esa misma institución, publicado en Cambio, se lee que, según estadísticas del Dane, el Producto Interno Bruto creció en el primer trimestre de 2OO1 apenas 1.6 por ciento en comparación con el mismo período de 2000, "una de las tasas más bajas de los últimos cuatro trimestres".

A su juicio, no habría recuperación sostenible mientras persista el desempleo más alto de América Latina y mientras no se revierta la marcada desaceleración de la industria y del comercio. Desde luego, a la industrialización urge buscarle objetivos, estructuras y circunstancias más propicias, con mayor valor agregado nacional. Y, respecto del empleo, decidirse a promoverlo de inmediato, en lugar de proyectarlo para " cuando todos estemos muertos".

A su turno, el balance de Anif sobre los tres años precedentes confirma que el país ha experimentado grave retroceso, con las excepciones de las mejorías en inflación (gracias a la táctica recesiva por supuesto) y en exportaciones no tradicionales. Disminuyen el ingreso por habitante, la inversión y la actividad económica. Crecen la miseria y el desempleo. Y se mantienen las dañinas terapéuticas económicas, hasta el día en que los poderes fácticos quieran despertar a la realidad y la verdad.

abdesp@cable.net.co

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