LA CULTURA ES LA FUENTE DE LA ESPERANZA

LA CULTURA ES LA FUENTE DE LA ESPERANZA

Hace ocho meses que Jesús Martín Barbero está en México, en la Universidad de Guadalajara, haciendo lo que le apasiona: analizar los procesos culturales y las nuevas formas de comunicación. Se fue porque no pudo aguantar la depresión de ver cómo Colombia se desmoronaba y cómo algunos de sus amigos intelectuales, entre ellos Jesús Chucho Bejarano, cayeron asesinados y otros salieron huyendo al exilio para salvar sus vidas.

24 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Hace ocho meses que Jesús Martín Barbero está en México, en la Universidad de Guadalajara, haciendo lo que le apasiona: analizar los procesos culturales y las nuevas formas de comunicación. Se fue porque no pudo aguantar la depresión de ver cómo Colombia se desmoronaba y cómo algunos de sus amigos intelectuales, entre ellos Jesús Chucho Bejarano, cayeron asesinados y otros salieron huyendo al exilio para salvar sus vidas.

Este español, residenciado durante varias décadas en Colombia, fue uno de los defensores de la creación del Ministerio de Cultura durante el gobierno de Ernesto Samper. Ahora, invitado por esa cartera, viene a inaugurar las cátedras de políticas culturales por medio de las cuales el Ministerio quiere poner a dialogar a sus funcionarios, los artistas, gestores culturales y periodistas.

Mañana, a las 5 p.m., en el Teatro Delia Zapata Olivella de Bogotá, el pensador expondrá sus puntos de vista y escuchará a los asistentes. Con Martín Barbero hablamos:.

Para hacer el Plan Nacional de Cultura, que saldrá en octubre, se hicieron consultas en municipios, departamentos y regiones. Se puede decir que por fin hubo democratización?.

Hay un gesto de construcción democrática; no solo sobre el mapa oficial del país sino sobre el mapa real, que es mucho más vivo, más difícil de apreciar y que de alguna forma había que buscar para que pudiera contar, hablar, narrar lo que hace y sueña.

Hoy tenemos un país dividido, en el que muchos grupos culturales han abandonado sus lugares de origen y residencia y se han trasladado a grandes ciudades. Qué retos representa eso?.

Habría que relacionar esta fragmentación del país, no solo con la guerra interna.Una de las cosasque más daño le ha hecho a este país es su propio encerramiento. El ensimismamiento, que ha sido muy largo. Es uno de los pocos países de América Latina que en el siglo XX no ha tenido una gran inmigración. Este es un país que no se ha ubicado en el mundo. Daniel Pecaut decía que uno de los problemas de Colombia es que nunca sitúa sus propios conflictos en relación con los conflictos del resto del mundo.

Pero nuestra fragmentación cultural se debe a la violencia...

Pero también tiene que ver con un movimiento del mundo. No podemos quedarnos solo en el matiz interno, como no podríamos entender nada si solo nos quedamos con la situación mundial. La guerra, en grandísima parte, se la debemos al narcotráfico y ese es un fenómeno global de punta a punta.

Esa situación no hace más difíciles los procesos culturales?.

La Constitución de 1991 hizo la afirmación de la multiculturalidad; pero ahora hay que buscar el intercambio pues sino lo que estaríamos fomentando sería los guetos y los fundamentalismos. Uno de los retos es entender ese país nómada de dos millones de desplazados.

Eso genera nuevos mestizajes...

Y también desconciertos muy profundos. En planeación alguien me decía que si se urbanizaban los terrenos de las ciudades en los que están los desplazados, la tentación de quedarse sería grande y eso invitaría a despoblar los campos. Allí la pregunta es cómo hacemos para que mientras estén desplazados tengan una vida mínimamente digna, pero que no los seduzcamos para que se queden aquí.

La gente que vive en zonas de conflicto tiene conciencia de los procesos culturales cuando lo que tiene que defender es la vida física?.

Evidentemente lo que la gente no tiene es un discurso explícito sobre eso, salvo sobre su vida cotidiana; sean dolores o logros, esperanzas o sueños. Lo que encuentras si recorres el país es que mucha de la población hoy vive la dimensión cultural en términos de desarraigo, de pérdida, de miedo. Porque cuando uno sale de su mundo, gran parte de la violencia urbana no tiene que ver con las delincuencias sino con estas ciudades que nos destruyen, con un urbanismo salvaje que no sabe respetar la memoria. Cuando uno sale y se encuentra en un espacio que no tienefamiliaridad, se vuelve inseguro y en ese caso hasta los más pacíficos nos volvemos agresivos.

Sería importante que Mincultura y los investigadores tuvieran silla en las mesas de diálogo?.

Sí, hoy hay que pensar la cultura como una dimensión de la guerray de la paz, de la realidad. Claro que la presencia física no cuenta tanto como la posibilidad de que la cultura sea vehículo para un diálogo de verdad, donde no se oculte pero tampoco se exhiban los disentimientos en forma dogmática. Recuerdo las audiencias culturales frente a las FARC. Allí el país se puso en evidencia a través de discursos sesgados y esquemáticos. Todos los que hablaron lo hicieron desde su propio resentimiento y la guerrilla no se sintió interpelada.

Y ese pesimismo generalizado se puede modificar desde los espacios culturales?.

Siempre he sido acusado de optimista y no lo soy. Lo que pasa es que creo en una frase de Walter Benjamín: La esperanza no se nos da sino a través de los desesperados . En la cultura esta la única fuente de esperanza pues uno ve la creatividad de este país por todos lados. La cultura es la fuente más clara de la riqueza, laesperanza y todo lo que este país podrá ser y será.

Se puede hablar de cultura de paz?.

Si hay una palabra desgastada en Colombia es paz. Hay una inflación de las palabras. Por algún tiempo es mejor usar la palabra paz lo menos posible y más eficazmente. Los poetas son los únicos que pueden romper la inercia de las palabras.

FOTO/John Wilson Vizcaíno EL TIEMPO.

Jesús Martín Barbero vivió más de 30 años en Colombia. Este maestro es uno de los más importantes investigadores de la situación socio-cultural del continente.

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