UNA HISTORIA CON PELOS Y SEÑALES

UNA HISTORIA CON PELOS Y SEÑALES

Lleva cien años dando la cara, detrás de cada quijada despejada, pero nadie le reconoce la importancia que tiene. Al cumplir un siglo entre nosotros, es hora de rendirle un homenaje a la cuchilla Gillette que constituyó un paso importante en el empeño del hombre por afeitarse. Es una historia singular y tan larga como la de cualquier Papá Noel que se respete.

23 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Lleva cien años dando la cara, detrás de cada quijada despejada, pero nadie le reconoce la importancia que tiene. Al cumplir un siglo entre nosotros, es hora de rendirle un homenaje a la cuchilla Gillette que constituyó un paso importante en el empeño del hombre por afeitarse. Es una historia singular y tan larga como la de cualquier Papá Noel que se respete.

Desde la prehistoria el hombre se preocupó por eliminar la barba (algunos estudiosos, como Dale Guthrie, lo atribuyen a un afán por mostrarse como alguien inofensivo). Lo hacía con conchas o dientes de peces. Las primeras cuchillas fueron de bronce, y las navajas de afeitar propiamente dichas se empezaron a usar en el siglo XII. En la Edad Media los barberos jugaban un papel clave.

Fue necesario esperar hasta 1762 para ver la primera cuchilla de afeitar más refinada, con una banda metálica ubicada en un borde para evitar que se cayera y cortara al paciente. La inventó un barbero francés, Jean Jacques Perret, en 1762. Más al norte, en Sheffield (Inglaterra), 70 años después apareció un modelo mejorado, más liviano y sencillo. Y en 1880 se vio la primera máquina con forma de T, cuya cuchilla tenía que ser afilada con regularidad. Era norteamericano.

Por esa época apareció en escena King Gillette, que nació en Estados Unidos en 1855. Su ingreso al mundo de las barbas fue doloroso. Fue un escape a su fracaso como escritor. King era corpulento, alto, buen mozo y quería generar un cambio social. Pero no por el lado de los pelos, sino desde los cimientos. En 1894 publicó La corriente humana, obra sobre reformas, dedicada a Toda la Humanidad . Pero esta no correspondió a su generosidad y el libro fue un fracaso. Todos los hombres deberían dar gracias por eso al afeitarse, porque Gillete se vio obligado a buscar fortuna en otro lado.

Piense que piense.

Un amigo suyo, William Painter, le señaló el camino. Painter inventó la tapa desechable y le sugirió que pensara en otra cosa también para usar y botar. Dicen que Gillete se pasó un año repitiendo el abecedario para ver qué utensilio de su casa podía mejorarse.

No fue el alfabeto sino la casualidad lo que le encendió el bombillo una mañana en que se disponía a afeitarse y vio que su cuchilla necesitaba mantenimiento. Cuando estaba ahí parado, con la cuchilla en mis manos y mis ojos posados sobre ella con la misma suavidad que un pájaro se acerca a su nido, nació la cuchilla desechable Gillette .

Llevar la idea a la práctica no fue nada fácil. Le decían que era imposible elaborar cuchillas delgadas de acero. Los ingenieros de M.I.T le sugirieron abandonar el proyecto. Pero, un profesor de ese instituto, William Nickerson, inventor del sistema de presionar un botón para llamar a los ascensores, decidió colaborarles.

En el año 1901 se fundó en Boston la Compañía Americana para comercializar la maquinilla de afeitar de doble cara recambiable. En 1902 cambió de nombre: Compañía de Máquinas de Afeitar Gillette. En 1903 salieron 168 cuchillas desechables y 51 máquinas de afeitar al mercado, con un precio de cinco dólares (10 mil pesos) de la época. La noticia se regó de boca en boca y en 1906 el número se había multiplicado: se vendieron en Estados Unidos 300 mil maquinillas y 500 mil cuchillas.

El gran milagro comercial, sin embargo, estaba por llegar, de la mano de las fuerzas armadas norteamericanas. El gobierno ordenó tres millones y medio de maquinillas y 36 millones de cuchillas para que sus hombres se mantuvieran bien presentados en la Segunda Guerra. El mundo conoció, así, el invento de King.

La eléctrica que no vio.

En 1928 se patentó la primera máquina de afeitar eléctrica, creada por Jacob Shick. King se retiró en 1931, convertido en un multimillonario, y no alcanzó a ver el daño que ese invento hizo al suyo, pues murió al año siguiente.

Shick había conocido las desechables en el ejército y le gustaban. Pero cuando estaba en un campamento de Alaska se dio cuenta de que no siempre era fácil tener agua a la mano. Pensó entonces en la máquina eléctrica, que, una vez comercializada, obligó en 1938 a Gillette a retirarse del mercado. Dos años después, sin embargo, volvió. La cuchilla de King pasó la prueba, y la empresa siguió aumentando su tamaño. En 1993 entró a la lista Fortune de las cien empresas más grandes de los Estados Unidos.

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