BOFETADA A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

BOFETADA A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Casi todas las explicaciones que las Farc han dado a un sinnúmero de desafueros que han cometido con la población civil, además de cínicas, han resultado desconcertantes. Una tras otra han ido reforzando la idea de que se está negociando con un grupo en armas más interesado en guerrear que en encontrar salidas políticas al conflicto. Es un hecho que las Farc han pasado de agache en los múltiples incidentes violentos, muchos de ellos muy graves, en los cuales han sido protagonistas centrales. Se han aprovechado, una y otra vez, de la infinita paciencia de un Gobierno tolerante y de la impotencia de un país que ve con desánimo cuán rápido se alejan las posibilidades de una salida pacífica.

22 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Casi todas las explicaciones que las Farc han dado a un sinnúmero de desafueros que han cometido con la población civil, además de cínicas, han resultado desconcertantes. Una tras otra han ido reforzando la idea de que se está negociando con un grupo en armas más interesado en "guerrear" que en encontrar salidas políticas al conflicto. Es un hecho que las Farc han pasado de agache en los múltiples incidentes violentos, muchos de ellos muy graves, en los cuales han sido protagonistas centrales. Se han aprovechado, una y otra vez, de la infinita paciencia de un Gobierno tolerante y de la impotencia de un país que ve con desánimo cuán rápido se alejan las posibilidades de una salida pacífica.

Pensábamos, después de casi tres años de negociar con las Farc en medio de la guerra, que lo habíamos visto todo. Pero no. Lo ocurrido después del secuestro de Alan Jara, ex gobernador del Meta, quien fue sacado a la fuerza de un vehículo de las Naciones Unidas que gozaba de inmunidad diplomática, la justificación que dio la cúpula de ese grupo subversivo al secuestro y el desafío que le ha planteado a la comunidad internacional al desconocer principios que desde hace siglos obligan a la humanidad, coloca el proceso de paz en su punto más bajo.

Las delegaciones internacionales, las agencias de cooperación -a las que las Farc acaban de secuestrarles a tres funcionarios alemanes-, los países amigos del proceso y un importante número de ONG han condenado, al unísono, tal vez el peor error político que hayan cometido las Farc en estos últimos años. Con esta salida en falso, la subversión -según el Gobierno- ha afectado seriamente las garantías para el diálogo. Si ya ni siquiera existen para quienes, amparados en el fuero diplomático, están cumpliendo con una misión de buenos oficios, vale la pena seguir dialogando?.

Qué pretenden entonces las Farc? No logramos establecer con claridad si las bofetadas que le dan a la comunidad internacional son por arrogancia o por ignorancia. Cualquier posibilidad de confusión, sin embargo, ha quedado desvirtuada por las propias Farc en el insólito y desvergonzado anuncio en que su vocero reconoce el delito y agrega un elemento inédito de agravio a la comunidad internacional. Pretender exigir nada menos que al Secretario General de la ONU una explicación a la circunstancia, apenas normal para dicha zona, de por qué viajaba en un vehículo amparado por la inmunidad diplomática una persona acusada por las Farc de paramilitarismo, confirma la enorme torpeza política de un grupo sumido en el más profundo desprestigio e impopularidad. Sus hechos y sus pretextos con seguridad se devolverán contra ellas con una inesquivable contundencia.

Una violación tan flagrante al DIH sólo se entendería si lo que buscan las Farc es, a la vez de cerrar las puertas del diálogo político, aislarse todavía más en su discurso militarista y violento, y espantar a los delegados de aquellos países que acompañan un proceso que no parece ir para ninguna parte. Es cada vez más evidente que a las Farc poco les interesa poner fin a la violación sistemática del derecho internacional humanitario.

La enérgica protesta del Secretario Kofi Anan y de otros organismos internacionales y misiones diplomáticas no sólo debe ser entendida como una explicable condena a los atropellos de las Farc. Es también una clara advertencia al Estado colombiano sobre su obligación ineludible de hacer respetar la inmunidad diplomática en el territorio nacional.

Es de tal gravedad, y con tan oscuras conexiones, el desafío de las Farc que más temprano que tarde, y ante la impotencia de nuestro Gobierno, la comunidad internacional tendrá que asumir la responsabilidad que el derecho les atribuye a la OEA y a la ONU para casos como el que afrontamos. El secuestro del ex gobernador Jara no tiene salida diferente a la de su liberación inmediata, sano y salvo.

Las Farc han puesto en serio peligro un proceso de paz que ya no goza de ningunas garantías. Y ha puesto en la mira del mundo entero a una guerrilla que desconoce no sólo normas escritas y consuetudinarias del derecho internacional sino la función misma de la ONU. Cómo salir con dignidad de este monumental escollo atravesado por las Farc requerirá una sofisticada estrategia diplomática y mucha imaginación política.

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