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LUZ PARA CUATRO NIÑOS CALEÑOS EN LAS SOMBRAS

LUZ PARA CUATRO NIÑOS CALEÑOS EN LAS SOMBRAS

Aire contaminado con tierra, humo y fábricas de cemento. Y eso olía muy feo . Eso fue lo que pintó César Andrés Restrepo para participar en el concurso internacional de pintura Amigos Globales. El tema se llamaba A pensar la tierra . Y él la piensa así, con Aire contaminado, como tituló su trabajo. No se oía ni el mismo canto de los pájaros , dice.

Aunque no puede ver esa tierra, esas fábricas y esos pájaros que ya no se escuchan, pues sufrió retinopatía prematura que le causó ceguera total desde su gestación, sí los pinta.

Sus padres lo llevaron al Instituto para Niños Ciegos y Sordos (INCS) en septiembre de 1987. Hoy tiene 8 años. Y su dibujo, junto con tres de alumnos de la entidad, hace parte de los quinientos seleccionados por la Cámara Junior de Japón entre 64.424 trabajos presentados por niños de sesenta países.

Y fue expuesto en Miami, durante el Congreso de la Cámara Junior de esa ciudad.

También se distinguieron El humo de la ciudad, de Leydi Stella Montoya (8 años), y El volcán, de Vladimir Fernández (6 años), publicados en una edición japonesa internacional que hoy recorre el mundo, y Si el sol se cayera, de Juan Gabriel Soto (10 años).

Sus limitaciones no les han impedido interpretar el mundo que los rodea. Y para ello se valen de la pintura, que además de funcionar como terapia permite manifestar ese mundo interior que muchas veces ni con el lenguaje se puede expresar.

Pero no todos los alumnos del Instituto padecen de ceguera total. Un alto porcentaje tiene problemas visuales parciales.

Entre las causas más frecuentes de esas dificultades están según Fabiola Ayala, responsable de la Clínica de Baja Visión las fiebres eruptivas durante el embarazo (rubéola, sarampión), daño o ausencia de un órgano, exceso de oxígeno en niños prematuros que son sometidos a incubadora y madres desnutridas con sistemas inmunológicos deficientes, entre otras causas.

De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad del Valle, el 82 por ciento de los niños no serían ciegos o sordos si se hubieran tomado las medidas preventivas requeridas.

Entre los menores, las deficiencias auditivas son más frecuentes. Por cada niño ciego hay cuatro sorodos, tendencias propias de los países en vía de desarrollo, según Stella Basurto, directora del Instituto.

Pero estas cifras no corresponden a las que se registran en las escuelas. El veinte por ciento de la población infantil escolar tiene problemas visuales, mientras que el 12 por ciento tiene deficiencias auditivas , dijo Basurto.

En el popular barrio Siloé, por ejemplo, el 29 por ciento de la población entre 5 y 15 años padece problemas de la vista, y el 13 por ciento, del oído, según un estudio realizado por la Secretaría de Educación Municipal.

Para atender las diferentes situaciones, el Instituto ha dividido su atención en niveles. El primero hace uso de los medios de comunicación para llevar a la comunidad mensajes preventivos. El segundo es la unidad médica visual auditiva. Allí fue llevado por sus padres César Andrés cuando tenía tres años de edad, y se le diagnosticó el mal. Hoy se reciben 300 casos al día.

La rehabilitación, que busca integrar a los niños a la sociedad, es otro nivel. En América del Sur, el Instituto fue la primera entidad en estimular, en 1974, los restos visuales y auditivos.

César Andrés está en el proceso de rehabilitación. Cursa primero de primaria. Y seguramente estará en el INCS hasta el segundo. Luego, se integrará a una escuela tradicional, para seguir con los estudios que le permitirán hacer de todo, porque a mí me gusta todo .

Pero las cosas no son tan claras para todos los menores con deficiencias auditivas o visuales, pues en Cali solo hay unos veinte centros de enseñanza que los reciben. Hay dificultad en que los niños que salen del Instituto sean aceptados por otras entidades. Pero a medida que van teniendo experiencias cada vez son recibidos mejor , dijo Doris de Botero, coordinadora de los pogramas.

En el proceso de rehabilitación, los padres desempeñan un papel fundamental. Por eso, para ellos también hay cursos. Se les brinda orientación sicológica para compartir y lograr la socialización, aceptación, seguridad y confianza del menor.

Esta es una de las pocas experiencias que sobreviven en América Latina, pues el trabajo con los padres se torna difícil y se abandona.

Al Instituto le cuesta rehabilitar cada niño 60.000 pesos al mes. Y la familia solo aporta dos mil pesos. Por eso siempre tenemos problemas de recursos , dijo Doris de Botero.

Además de entidades nacionales como Semana del Menor, Fundaciones Restrepo Barco y Plaza de Toros, entre otras, se reciben aportes de organismos internacionales como Terres Des Hommes, de Holanda, Organización de Estados Americanos (OEA) y Organización Mundial de la Salud (OMS).

Estos recursos son los que permiten que al lado de César Andrés otros 300 niños disfruten y participen de la vida aunque contaminada sin limitaciones.

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