NI CRUZ ROJA ESTÁ A SALVO

NI CRUZ ROJA ESTÁ A SALVO

Desde hace tres meses, la Cruz Roja no está prestando el servicio de evacuación de combatientes heridos en Colombia. Es, tal vez, el único país con una guerra interna en el mundo, donde tuvo que suspender esta labor humanitaria. La razón? Falta de garantías para prestar esa tarea.

18 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Desde hace tres meses, la Cruz Roja no está prestando el servicio de evacuación de combatientes heridos en Colombia. Es, tal vez, el único país con una guerra interna en el mundo, donde tuvo que suspender esta labor humanitaria. La razón? Falta de garantías para prestar esa tarea.

La decisión de no seguir con ese servicio fue tomada en marzo de este año luego de que presuntos paramilitares interceptaron una ambulancias de la Cruz Roja Colombiana (CRC) en cercanías de Ocaña, y bajaron al presunto guerrillero Aldemar Cañizares para matarlo en un paraje del sur del Cesar.

Hasta tanto no se obtengan garantías firmes de respeto a las evacuaciones médicas, la CRC y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) no retomarán dichas actividades , anunciaron en un comunicado.

En octubre del 2000, esta labor ya había sido suspendida tras dos incidentes en el Urabá antioqueño y en Putumayo en donde las Auc y las Farc, respectivamente, bajaron de ambulancias a dos heridos y los ejecutaron.

Tras un compromiso de los actores armados colombianos, el CICR dispuso volver a cumplir con ese servicio, hasta los hechos de marzo de este año.

Y es que en el conflicto colombiano la violación a la neutralidad de organismos internacionales e inclusive el ataque a entidades y personas que en el mundo entero se consideran excluidos de la guerra se ha vuelto demasiado común. El personal médico y de servicios de salud es el más afectado.

Según un estudio realizado por el CICR entre 1995 y 1998, cada 36 horas se comete un ataque contra miembros de centros médicos y cada 15 días uno de ellos es asesinado en el país.

Aunque no existen datos más actualizados o estudios más recientes, es evidente que los ataques contra los funcionarios de la salud han crecido en Colombia en los últimos años. En el estudio del CICR, se registraron 468 ataques. De estos, 220, casi la mitad, ocurrieron en el 98, último año de la muestra.

Guerra a médicos.

El episodio más reciente de violencia contra personal de servicio de salud se registró este lunes pasado contra la enfermera del hospital de San José de Mariquita (Tolima), que fue asesinada junto a otras seis personas que se desplazaban por la carretera Mariquita-Fresno.

Aunque las autoridades no han atribuido el hecho, algunas versiones recogidas en la zona afirman que serían retaliaciones entre guerrilla y paramilitares.

Otro ataque grave contra representantes de la salud, ocurrió la semana pasada en Tibú (Norte de Santander). Los 15 empleados del programa de Malaria que trabajaban en el municipio tuvieron que salir por fal ta de garantías para trabajar en las áreas rurales.

La situación se ha vuelto demasiado común en este departamento. En enero de este año el sindicato de la salud, Anthoc, denunció que por lo menos 60 paramédicos, enfermeras, conductores de ambulancias y promotores de salud, habían salido de sus puestos de trabajo por las amenazas de grupos al margen de la ley.

En Santander, la organización internacional Médicos Sin Fronteras también fue víctima de un ataque. Hace dos meses en Barrancabermeja, un vehículo que era utilizado por ese organismo como ambulancia y que tenía visibles sus insignias fue hurtado por un grupo armado hasta ahora no identificado.

A la misma organización le habían secuestrado a uno de sus miembros en Risaralda en julio del año pasado. Ese día el Ejército Revolucionario Guevarista (ERG), en Santa Cecilia, corregimiento de Pueblo Rico, se llevó al bacteriólogo francés Ignacio de Torquemada. El plagio se produjo en momentos en que la ONG trabajaba de manera humanitaria en medio de una movilización indígena, que incluyó el bloqueo por cerca de dos semanas de este municipio risaraldense.

Torquemada fue liberado tres meses después en el mayor sigilo y sin prestaciones a cambio.

Esos ataques lo que muestran es una falta absoluta de conocimiento, de los actores armados, de lo que es una entidad de ayuda humanitaria", dice Amaia Esparza, responsable de información de Médicos sin Fronteras.

"En el mundo entero hay principios que rigen a estas organizaciones: neutralidad e imparcialidad. En el mundo entero, aún en los conflictos más cruentos hay respeto a eso", añade ella.

Amenazas y ataques de guerrilla y paramilitares también han sido denunciados por médicos y enfermeras en Antioquia, Tolima, Cesar y Putumayo.

Leonardo Hernández, director del Centro Regulador de Urgencias de Cundinamarca y encargado del Proyecto de Protección a la Misión Médica en Zonas de Conflicto dice: Nuestra razón de ser no es otra que distinta de la que desarrollamos, sin ideologías, ni bandos, ni compromisos con nadie en particular".

"Pedimos una vez más que nos respeten a nuestros médicos, promotores de salud, médicos, paramédicos, enfermeras, a los equipos, a las instalaciones; que nos respeten la imparcialidad. Nosotros tenemos que atender pacientes de uno y otro lado sin distingo de raza, sexo o política , dice Hernández.

Personal protegido.

En los convenios de Ginebra de 1949 y los protocolos adicionales, en especial el Protocolo 2 que es el aplicable a Colombia, está establecido que existe protección en todos los casos para las misiones humanitarias.

Según sus artículos, el personal médico y el personal religioso tanto de un bando como del otro son personas que no pueden ser víctimas de hostilidades.

Según un experto en el Derecho Internacional Humanitario (DIH), este también habla sobre la protección al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), organismo que normalmente participa en las misiones humanitarias. Esta protección se hace extensiva a otros organismos internacionales que son neutrales como las Naciones Unidas. En estos casos están protegidos tanto las personas como los bienes, los carros y las naves en las cuales se movilizan.

Las ambulancias, por ejemplo, son un bien protegido y no se puede bajar a las personas que van en ellas ni tampoco transportar material bélico. La normatividad se hace extensiva para los vehículos diplomáticos, que tampoco pueden ser objeto de las hostilidades.

El DIH igualmente establece que los heridos siempre estarán protegidos, incluso los combatientes. Al momento de ser herido, un combatiente se vuelve persona protegida y desde ese momento no puede ser objeto de hostilidades.

FOTO.

En el Bajo Putumayo se han presentado varios ataques contra personal que labora en salud

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