CAMPANA NUEVO, PUEBLO FANTASMA

CAMPANA NUEVO, PUEBLO FANTASMA

La población de Campana Nuevo, en el municipio de Riohacha, sobre la Troncal del Caribe, fue prácticamente desocupada por sus 309 habitantes, que huyeron de la violencia que se vive allí entre la guerrilla y los paramilitares y para evitar ser acusados de pertenecer a alguno de los bandos.

03 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Los niños, las mujeres y los hombres se fueron. Sólo quedaron viviendo tres hermanos indígenas wayúu, Rafael, José Vicente y Juan José González Jusayú.

Al huir, casi todo se les quedó. Las imágenes de la capilla, los utensilios de los tres hogares de Bienestar Familiar, muebles y enceres, que quedaron como testigos mudos de una realidad que cada día golpea a la población colombiana.

Nadie quiso regresar ni para recoger sus pasos.

En Campana Nuevo vivían 42 familias conformadas por 66 mujeres, 68 hombres y 121 niños.

Ahora los únicos niños que recorren el pueblo desolado son los 21 hijos de los tres hermanos González Jusayú y el grupo de soldados antiguerrilla, que caminan su aburrimiento por el caserío fantasma.

La historia comenzó hace más de un año cuando la subversión irrumpió en el poblado, montando retenes, quemando buses y amedrentando a los moradores si no obedecían sus órdenes, que iban desde guardar silencio hasta negarle cualquier colaboración a las fuerzas regulares.

Al mismo tiempo, hicieron presencia en la región grupos paramilitares, lo que tornó en imposible la vida en el lugar.

La taza se rebosó cuando el viernes 10 de marzo, guerrilleros del Epl del grupo disidente, Virgilio Rodríguez, ajusticiaron a Johny de Jesús Nova y a Silfrido Jarava Pimienta, entregaron una lista de quince personas sentenciadas a muerte y les daban 72 horas de plazo para desocupar el pueblo.

Ante las advertencias, los cantaneros agarraron los corotos y con ellos a cuestas abandonaron sus parcelas y viviendas y se dispersaron por los pueblos vecinos. Algunos se fueron para Barranquilla dejando atrás el caserío convertido en un fantasma.

Pero las primeras amenazas las recibieron sus moradores muchos años antes de parte la naturaleza, cuando en épocas de invierno, entre abril y mayo, el arroyo Mariamina anegaba viviendas y cultivos. Entonces debían abandonar el lugar y dedicarse a otros menesteres mientras lasa aguas pasaban.

Campana fue fundada por José Guzmán, a comienzos de siglo (1915), a casi un kilómetro al occidente de donde está desde 1972.

Desde sus inicios sus moradores se dedicaron a la agricultura, algo de ganadería y esporádicamente a las faenas de pesca. Sus pobladores pertenecen a cinco familias, los Moscote, Cuisman, Redondo, González y Pimienta.

No obstante los problemas que tenía de inundaciones, los campaneros comenzaron a sufrir por la falta de agua, que en principio solucionaba comprándosela a los carrotanques que la llevaban del río Jerez hasta Riohacha y Maicao.

Con el paso de los años lograron construir un pozo profundo y después la alcaldía de Riohacha les construyó un tanque elevado, pero un buen día, hace dos años, el encargado de operar la motobomba, un hombre de nombre Santiago, desapareció con todo y aparato.

El actual alcalde de Riohacha, Luis Gómez Pimienta, pocos días antes de la incursión de los subversivos había contratado la habilitación del pozo y la compra de una nueva motobomba para una solución de emergencia mientras se instala la tubería de conducción desde el río Jerez.

Frente a la actual situación de Campana Nuevo el alcalde Gómez Pimienta dice que la huida por amenazas no es la solución, porque si así fuera todo el pueblo colombiano tendría que huir porque vive bajo amenaza permanente , y propone, en cambio, como fórmula para el retorno de los campaneros que el Ejército y la Policía se turnen para vigilar la población y se comprometió a acompañarlos en su regreso pero hasta ahora el pueblo sigue siendo fantasma.

Benilda Cuisman, profesora de Campana Nuevo, y directora de la única escuela que funciona allí, dice que todo comenzó cuando ambos bandos (Ejército y guerrilla) acusaban a los campaneros de ser patrocinadores el uno o del otro.

El EPL inició la quema de carros y a amenazar a las personas porque ahí había lambones del Ejercito y paramilitares. Pero cuando el Ejército llegaba nos decían que éramos guerrilleros , afirma Cuisma.

La situación llegó a tal punto que los habitantes de Campana Nuevo se sintieron entre la espada y la pared.

Retorna a sus alumnos y afirma que la mayoría de los niños venían de las fincas a estudiar y eso es lo que más me duele, porque se van a quedar sin estudio .

A ella también le tocó irse del pueblo y afirma que en la lejanía el recuerdo de sus pequeños no la deja dormir.

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