EL RÍO MAGDALENA: VOLVER A PENSAR EN GRANDE

EL RÍO MAGDALENA: VOLVER A PENSAR EN GRANDE

Colombia tiene pocos propósitos colectivos. Se debe, a mi juicio, por culpa de los tiempos turbulentos que nos tocó vivir. Pero va quedando claro que es en el comercio exterior, si los actores del conflicto lo permiten, en donde mejor podemos acomodar un sentido de propósito nacional que convoque a todos. Aquí, merecidamente, la política del gobierno actual ha cosechado las más altas calificaciones.

16 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Colombia tiene pocos propósitos colectivos. Se debe, a mi juicio, por culpa de los tiempos turbulentos que nos tocó vivir. Pero va quedando claro que es en el comercio exterior, si los actores del conflicto lo permiten, en donde mejor podemos acomodar un sentido de propósito nacional que convoque a todos. Aquí, merecidamente, la política del gobierno actual ha cosechado las más altas calificaciones.

Sin embargo los índices de competitividad del país son aún muy bajos. Como se ha publicado ampliamente, Colombia ocupó el puesto 52 entre los 59 países evaluados por el Foro Económico Mundial, lo que nos señala lo lejos que estamos para enfrentar con éxito los retos de nuestro Comercio Exterior. No cabe ninguna duda, no obstante, que estamos transitando la senda correcta cuando hemos iniciado una política de desarrollo hacia afuera, dando gran importancia a las exportaciones, rompiendo décadas de basar nuestras expectativas económicas mirando sólo al mercado interno.

En el campo de la competitividad que necesitamos para ser exitosos resalta siempre el tema de las infraestructuras de transporte que debe tener el país. Pero siempre hay un tema postergado que es el fluvial, en donde es poco lo que hemos hecho y en donde tendríamos unas ventajas increíbles para mejorar la salida de nuestros productos, sobretodo, los de mayor volumen y peso, a los mercados internacionales. Como es conocido el modo fluvial es veinte veces más económico que el transporte carretero o ferroviario, amen de consideraciones ecológicas y medioambientales que lo señalan como óptimo.

Solo veamos un caso. El río Magdalena. El 80 por ciento de nuestra población vive en la cuenca del río, tiene 126 municipios ribereños y por ahí, a comienzos del siglo XX, y en los años 20, se realizó el incipiente desarrollo económico del país. El río toca, a través de su cuenca, 18 departamentos. Y produce el 70 por ciento de la generación hidroenergética y el 95 por ciento de la producción termoenergética. Estas escuetas cifras bastan para, con contundencia, señalar que es aquí en donde con visión de país, y en un horizonte que trascienda varios períodos presidenciales, nos encontremos todos para reconstruir nuestra arteria fluvial poniéndola al servicio otra vez de nuestro desarrollo nacional. Haciéndolo con un criterio de aprovechamiento y preservación del medio ambiente, de recreación, de generación de energía, de pesca, devolviéndole su misión básica de navegación y recuperado su actividad portuaria que incidirá grandemente en la generación de empleo.

Uno de los aciertos de la constitución del 91 fue el artículo 331 que creó la Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena (Cormagdalena), hoy empresa industrial y comercial del Estado. Y por las cifras que conocemos se va viendo que, tímidamente, comienza una recuperación de las actividades en el río.

Pero lo que Cormagdalena hace es claramente insuficiente si queremos ganar en competitividad. Su presupuesto es escaso, frente al desafío que supone garantizar calado las 24 horas del día, los 365 días del año. Para ello se necesita realizar obras de dragado, encauzamiento y control de canales. Y debe darse impulso a la recuperación, ampliación, construcción y operación de puertos para el manejo de carga y pasajeros.

En este orden de ideas se viene estudiando un multiproyecto, con características de megaproyecto nacional, evaluado preliminarmente en 450 millones de dólares que deberían recibir toda la atención del país. Estas inversiones están proyectadas para que sean realizadas, en parte por concesión, en parte por el sector público y por el sector privado. Por sus bondades, y con el pleno respaldo ciudadano, el proyecto trabajará -si hay los recursos- en la adecuación y dotación de terminales fluviales en Magangué, Tamalameque, Barranca, Puertoberrío, Puertosalgar y La Dorada. Y en Barranquilla acometerá la profundización de los canales de acceso a los terminales puertuarios.

Sí todo esto se realiza, otros megaproyectos de beneficio general se vuelven viables como la planta de coque, la explotación de carbones del sur del Cesar, el transporte de cereales a granel, el proyecto siderúrgico colombobrasileño y el uso del río para el transporte en contenedores.

Estamos en época electoral y nos gustaría que los candidatos enciendan la imaginación del pueblo con el compromiso de sacar a Colombia, con proyectos como el comentado, que sólo beneficios trae a un país necesitado.

* Consultor y asesor de empresas

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