RECONQUISTA DE LA GOBERNACIÓN

RECONQUISTA DE LA GOBERNACIÓN

Mirando los últimos resultados electorales en Boyacá y con la actual situación política regional en la cual es palpable el estado de desorganización y de faccionalismo en que se debate el Partido Liberal, la reconquista de la Gobernación puede verse con profundo escepticismo y considerarse, por ende, una empresa difícil de realizar. Difícil sí, pero no imposible, pues la esperanza es lo último que se pierde y un partido con tanta tradición de lucha como lo ha sido el liberalismo, no puede entregar sus armas sin antes haberlas empleado en la arena electoral que nos brinda nuestra debilitada democracia.

07 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Una tarea de esas características impone naturalmente mirar hacia atrás para revisar en qué se falló, analizar los errores de la pasada contienda y procurar, de entrada, no volver a repetirlos. Baste recordar, al efecto, que en la primera elección popular de gobernadores sumando los votos de los candidatos conservadores superan, apenas, en 3.000 los votos de los candidatos liberales; mientras que en la segunda elección el candidato conservador superó al liberal por más de 43 mil votos. Por qué? Habría que realizar un análisis sereno y concienzudo sobre estas cifras y, mientras tanto, revisar también otros factores que bien pudieron influir en el resultado adverso de los últimos comicios.

Rápidamente podemos recordar: el poco tiempo de campaña que tuvo el candidato liberal, pues su nombre fue escogido tardíamente; la falta de unidad al interior del Partido, que obligó al doctor Moreno Reyes a distraer su tiempo concentrando diferencias entre los grupos liberales; el manejo preferencial y acomodado que se le dio a la Gobernación, lo cual creó resquemores y resentimientos dentro de la misma colectividad; el peso relativo del voto de opinión que comienza a influir en el Departamento; una buena estrategia de campaña del candidato conservador; el natural desgaste del poder y otros factores que la brevedad de espacio nos impone aplazar su referencia.

Así las cosas, por qué no pensar en un objetivo que sirva de elemento canalizador de las diversas inquietudes liberales de Boyacá y que unifique las diferentes tendencias del Partido? Y por qué, entonces, no creer que la reconquista de la Gobernación para el liberalismo bien puede ser esa meta que sirva de motivación y de factor de unidad entre todos nosotros? Es que, acaso, el estigma del proceso 8.000 nos tiene que obligar a agachar la cabeza o a escondernos? En este último tema hay mucha tela que cortar y por ahora solamente diríamos que nadie puede tirar la primera piedra.

Por estas reflexiones, nos parece que la expectativa de una Gobernación liberal no puede ser descartada de plano como una idea utópica. El liberalismo boyacense tiene pleno derecho, corrigiendo sus errores, a aspirar a esta posición, pues, al fin y al cabo, las fallas pasadas no han sido cometidas como una consigna oficial de la colectividad ni mucho menos a su nombre como se ha querido presentar por quienes, sesgadamente, pretenden descalificarnos como alternativa política.

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