DE PEQUE A BARBACOAS

DE PEQUE A BARBACOAS

A principios de junio, tras un asombroso despliegue de 4.000 soldados llamada la Operación Tsunami, la cúpula militar de las Fuerzas Armadas visitó los pueblos costeros de Tumaco y Barbacoas, en Nariño. El Ejército llegó hasta este apartado lugar de la geografía colombiana y aquí se quedará , afirmó el general Jorge Enrique Mora, Comandante del Ejército. Pero no fue así. Para infortunio de los pobladores que con tanto entusiasmo saludaron la llegada de la institución armada. Hace quince días, la tropa se retiró de Barbacoas y, desde entonces, las Farc retomaron el control de la zona y han asesinado en represalia al Secretario de Obras del municipio, a dos líderes comunitarios e instaron al Alcalde, los concejales, profesores de la Normal, funcionarios del hospital y campesinos a abandonar la región.

16 de julio 2001 , 12:00 a.m.

A principios de junio, tras un asombroso despliegue de 4.000 soldados llamada la Operación Tsunami, la cúpula militar de las Fuerzas Armadas visitó los pueblos costeros de Tumaco y Barbacoas, en Nariño. "El Ejército llegó hasta este apartado lugar de la geografía colombiana y aquí se quedará", afirmó el general Jorge Enrique Mora, Comandante del Ejército. Pero no fue así. Para infortunio de los pobladores que con tanto entusiasmo saludaron la llegada de la institución armada. Hace quince días, la tropa se retiró de Barbacoas y, desde entonces, las Farc retomaron el control de la zona y han asesinado en represalia al Secretario de Obras del municipio, a dos líderes comunitarios e instaron al Alcalde, los concejales, profesores de la Normal, funcionarios del hospital y campesinos a abandonar la región.

Mal precedente para la necesaria confianza de los ciudadanos en las Fuerzas Armadas. Los altos comandantes no cumplieron su promesa de mantener a Barbacoas fuera del poder militar, político y económico de la guerrilla. Y hoy quienes celebraron su llegada y abogaron por su permanencia, temen por sus vidas porque las Farc, lista en mano, les cobra su fe en la presencia eficaz del Estado.

Paralelo a la frustración de Barbacoas está el abandono del pueblo antioqueño de Peque, que fue tomado consecutivamente por paramilitares y guerrilleros mientras que Policía y Ejército nada que llegaban y se enzarzaban en una insólita polémica sobre quién debe hacer presencia en los cascos urbanos. Cuando Peque lleva dos años sin presencia militar ni policial y el acoso alternado de paras y guerrilla está matando de hambre a los habitantes de Dabeiba, Cañasgordas, Giraldo, Uramita y Frontino ante la escasez de víveres. Radiografía preocupante de lo que marcha mal en la estrategia de los brazos armados del Estado.

No cabe duda de que el Ejército ha recuperado capacidad de reacción e iniciativa a raíz de su proceso de reestructuración. Además, los recursos del Plan Colombia llegarán a fortalecer la movilización aérea, tan crucial en la lucha contraguerrillera. Pero no hay ayuda tecnológica, logística ni aerotransportada que sirva si la falta de coordinación, unidad de mando y sistemas de prevención e inteligencia en las zonas de conflicto siguen produciendo reveses como la toma de la base de Coreguaje, en Putumayo, o lamentables episodios como los de Peque y Barbacoas. El corredor entre el sur de Bolívar y el golfo de Urabá, donde está Peque, y las costas del Pacífico nariñense con 20 mil hectáreas de coca y la posibilidad de traficar armas y droga son regiones estratégicas para las Autodefensas y las Farc y requieren unas políticas militares coherentes y permanentes. No operaciones relámpago de corte efectista y sin mayor continuidad.

Por otra parte, en el campo político, la forma como ha sido conducido el proceso de negociación y diálogo con la guerrilla (tanto el que lleva dos años y medio con las Farc, como el que no ha logrado arrancar con el Eln) denota un alto grado de improvisación, manejo excluyente, débil representatividad política y social y carencia de una estrategia coherente por parte de quienes se supone representan al Estado y la sociedad colombiana. Tanto en las directrices políticas como en las tácticas militares, la continuidad y unidad brillan a veces por su ausencia.

La inmensa mayoría de población colombiana respalda en las encuestas a sus Fuerzas Militares, siente y sufre con la elevadísima cuota de sangre de policías y soldados en este conflicto y ven con creciente horror la campaña de destrucción sistemática de la riqueza nacional que adelanta la guerrilla. La frustración de la recuperación de Barbacoas y el penoso abandono a su suerte de los habitantes de Peque evidencian todo lo que aún le falta al Estado para sacar a tantos colombianos de las garrras de guerrilleros y paramilitares.

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