LA LENGUA PERDIDA DE LOS ZENÚ

LA LENGUA PERDIDA DE LOS ZENÚ

Estebana Suárez es una hermosa india zenú. A los 60 años parece no importarle mucho lo que sucede a su alrededor.

13 de mayo 2001 , 12:00 a.m.

Estebana Suárez es una hermosa india zenú. A los 60 años parece no importarle mucho lo que sucede a su alrededor.

Debajo de su pierna derecha tiene un mazo de caña de flecha blanca y negra, que va subiendo hasta sus manos, con las que teje con tal lentitud y concentración que parece estar trenzando sueños de oro.

El lenguaje de sus manos es el único que recuerda de sus antepasados, porque la lengua de su pueblo se fue perdiendo desde antes de la llegada de los españoles y a medida que los indios fueron saliendo a las ciudades para recibir educación occidental.

La lengua perdida de la tribu zenú es una de las principales preocupaciones de los indios de los 19 cabildos de Sucre y Córdoba.

La lengua madre de los zenú es hoy un conjunto de pocas palabras al garete en las mentes angustiadas de unos dos mil ancianos centenarios que aún viven en el resguardo.

La historia de la pérdida de la lengua se remonta a la época anterior al descubrimiento de América, cuando los caribe tomaron las mujeres y el control de las tierras zenú. Fueron pocos los que se refugiaron en el monte con sus familias. Ellos lograron preservar un poco sus tradiciones, incluyendo la lengua.

Hoy, el pueblo zenú sobrevive distribuido en 19 cabildos entre Sucre y Córdoba, en un resguardo en el que el Estado olvidó invertir en el tema de la etnoeducación.

Luego de un prolongado letargo, la Gobernación de Sucre inició un proceso de investigación para rescatar de la memoria de los viejos de la comunidad las palabras que algunas vez formaron parte de su lengua. Pero estos ancianos, que forman más del 23 por ciento de la población de los 19 cabildos, a duras penas alcanzan a recordar que pasó antes de que dejaran la costumbre ancestral de enterrar a sus muertos en el patio de sus casas.

Bajo el rancho donde Estebana teje están reunidos los capitanes de los 19 cabildos, al igual que el cacique, Alvaro Ortiz Navarro, máxima autoridad del resguardo, dialogando por primera vez en la historia sobre los programas de etnoeducación que el Gobierno Nacional debe apoyar para conservar las costumbres indias.

La comunidad de Pueblecito, donde se lleva a cabo la reunión, es una vereda del municipio de San Antonio de Palmito (Sucre), que tiene alrededor de 150 familias, cada una con un promedio de 6 hijos. Cuando el pueblo fue fundado, la única familia era de apellido Feria. Hoy, ese apellido prácticamente ha desaparecido.

El capitán de Pueblecito, Elujardo Roqueme, es un hombre joven, que se ha convertido en el líder de su población. Su misión es conseguir que mejoren las condiciones de vida de sus coterráneos y sobretodo lograr mantener las costumbres y tradiciones. Advierte que el principal problema de su vereda es la falta de agua, por lo que los habitantes tienen que hacer pozos, que no dan abasto para toda la población.

En Pueblecito, nadie recuerda la lengua materna. Los más viejos apenas reconocen algunas palabras, pero los jóvenes no hablan más que en español.ñ.

Ramón Del Castillo Carrascal, coordinador del programa de etnoeducación del departamento, está realizando en esta vereda una capacitación para que los padres de familia y profesores elaboren proyectos que sirvan para captar recursos que ayuden a mantener las costumbres en los niños.

Al recopilar las palabras que estén archivadas en las mentes de los ancianos, estas serán enseñadas a los menores para que vuelvan a formar parte de las tradiciones orales, pero esta meta no es más que otro sueño de oro, porque los recursos que el gobierno tenía que enviar para la educación de los cabildos de Sucre fue presupuestada desde 1999 y apenas ahora se está haciendo efectiva.

Los educadores de Sincelejo que se desplazan a los territorios indígenas también trabajan en temas como la legislación indígena, producción de material étinico para las aulas y conteztualización del diseño indígena zenú.

Los cuentos, mitos, leyendas, la elaboración del sombrero, abanicos, y toda clase de artesanías con la caña de flecha, forman parte de los temas que se llevarán a las aulas en Pueblecito y el resto de los cabildos.

La historia de estas familias indígenas serán escritas y recobradas por sus propios habitantes, quienes se niegan a dejar en el olvido su paso por estas tierras sabaneras. Aunque la lengua se encuentra archivada en la memoria de cada anciano, su cultura es rica en tradiciones que van desde el vestir, los bailes, la comida, las fiestas en corraleja, la música con pito, juegos, medicina tradiconal y las artesanías.

Yaneth Paternina Vergara, jefe de la sección de asuntos étnicos de la gobernación de Sucre, dijo que los Zenú, también han logrado mantener su organización jerárquica, presidida por un cacique, que es su máximo lider, quien cuenta con el apoyo de un Cabildo Mayor para administrar al resguardo. A su vez, ese resguardo está constituido por un núcleo de familias denominados cabildos menores representados por un capitán que es la máxima autoridad dentro de su territorio y que cuenta con una junta de alguaciles, quienes son la autoridad de carácter público que tienen la potestad de solucionar y dirigir los asuntos económicos y otros de su ley.

Aún conservan los núcleos familiares extensos caracterizados por una gran unión familiar.

En su mayoria los Zenú viven de trabajar con la caña de flecha en la elaboración del sombrero vueltiao, pero como lo aforma Lola Carvajal, interante de la Junta Directiva de las artesanías en Pueblecito, necesitan recursos para sembrar caña de flecha y máquinas de coser para elaborar sus propios sombreros.

Ji-ji Mache- Mache.

La frase significa Qué linda estás , y con ella inicia su presentación una cartilla en lengua zenú, que hace más de 12 años escribió un profesor en Tuchín (Córdoba).

Así lo señala el médico José Antonio Zabala Hernández, quien afirma que se desconoce el paradero de la cartilla y su autor.

"Todos los esfuerzos que se han hecho por recuperar la memoria de los zenú han sido por iniciativa de historiadores, antropólogos o investigadores que con sus propios recursos y prácticamente sin el apoyo del Gobierno se han dedicado a buscar en el pasado una lengua que debe tener futuro, pero no hay nada concreto".

Zabala, único médico profesional de Pueblecito, práctica la medicina tradicional en compañía de dos médicos indios, Juvenal Solano y Florencio Velásquez.

Según Zabala, las similitudes entre el alfabeto zenú y el embera katío es realmente sorprendente. Agregó que tienen símbolos idénticos en orfebrería, por ejemplo, la representación de animales como el Halcón.

En cuanto a la lengua, afirmó que no se ha perdido, sino que hace falta investigación y políticas de etnoeducación que incluyan esta cátedra en las aulas indígenas de los cabildos.

"Hay gran cantidad de información , dice. Incluso, conocemos a un anciano que tiene 101 años, que asegura tener 3 libros con historias escritas por los españoles y que nadie conoce".

La mayoría de los mitos, tradiciones y cuentos aún se conserva, gracias a la existencia de los contadores de cuentos , quienes no se cansan de repetirle a los niños historias como el secreto para agarrar a las brujas .

Los contadores de cuentos se especializan en relatos largos, de media noche, y letanías, y existe una combinación entre hechiceros y zeteros, que son los que se encargan de sacar la zeta o el mal de ojo, también conocido como maleficio que la medicina tradicional no reconoce.

Según Zabala, de estas tradiciones no escapa la atención de los partos en taburetes. De dicha costumbre, lo que admira es la forma como los médicos tradicionales, con sobos ubican la matriz y preparan al niño para nacer, así como la intervención del padre durante el parto, como apoyo emocional fundamental.

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