El entorno internacional La hora de los emergentes

El entorno internacional La hora de los emergentes

30 de enero 2011 , 12:00 a.m.

Las llamadas economías emergentes, o en desarrollo, están creciendo mucho más rápido que las desarrolladas: 7 por ciento contra 2,8 por ciento en el año pasado. Y lo vienen haciendo desde el 2002. En contraste, en los dos siglos anteriores los países ricos crecieron en promedio más que los pobres, aumentando la distancia entre los dos mundos. ¿Será duradero este cambio? Qué implicaciones tendrá para la economía y la política mundial y qué oportunidades abre a países como Colombia? Para responder estas preguntas, es necesario entender qué explica las cifras recientes. Lo primero es el milagro asiático. Asia iba a la zaga del mundo hasta 1960. A partir de entonces, los "tigres asiáticos" (Corea, Taiwán, Hong Kong, Singapur) y, más recientemente, China, India, Vietnam y otros han estado creciendo a tasas superiores al 8 por ciento anual, más del doble del promedio mundial.

Como Asia es pobre en recursos naturales, su importancia creciente en la economía mundial ha conllevado una demanda vigorosa por energéticos, minerales y alimentos, y altos precios internacionales de estos productos. Esto ha beneficiado mucho al Oriente Medio, África y América del Sur, exportadores de materias primas. Por este y otros conductos (las altas reservas asiáticas en dólares han contribuido a las bajas tasas de interés internacionales), el milagro asiático ha impulsado al resto de los países emergentes. No se ven razones para que ese milagro se desvanezca pronto. Por ello el dinero fluye hacia países ricos en recursos naturales y todos queremos integrarnos más con Asia.

Segundo, la crisis reciente se originó en los países ricos y los castigó muy duro. Los emergentes sufrieron mucho menos (¡crecieron 2 por ciento en el 2009, mientras las economías desarrolladas se contrajeron en 3,4 por ciento! ) y se han recuperado mucho más rápido. Mientras que, a pesar del impulso fiscal y monetario, la recuperación gringa es bastante anémica y Europa sigue tambaleando (Grecia e Irlanda, en crisis; y Portugal y España, al borde del abismo), el mundo en desarrollo crece a toda marcha. Esta situación es muy diferente de la de otras crisis, con excepción de la Gran Depresión, que se originaron en algunos países en desarrollo y contagiaron a los demás emergentes. ¿Qué deparará el futuro? No hay nada garantizado. Depende de que sigamos manejando con prudencia la macro y los sectores financieros.

El tercer factor es, de hecho, que la política económica y financiera de los emergentes ha mejorado mucho. Economías más abiertas y competitivas; sectores financieros sólidos, bien manejados y bien regulados, y una macro más cuidadosa están contribuyendo al milagro. El buen futuro dependerá de que sigamos por este camino.

EE. UU., Japón y Europa, por el contrario, han ido perdiendo competitividad y descuidaron enormemente su manejo macro/financiero. Es posible que cambien de caminado, especialmente en lo macro. Pero Japón y Europa se parecen a algunas personas entradas en años, que se enferman con frecuencia y que se vuelven dogmáticas e inflexibles. Su futuro no se ve promisorio.

En estas condiciones, a no ser que se descuiden, los emergentes seguirán creciendo más que los ricos. Por eso, el Banco Mundial prevé que las economías emergentes serán, en conjunto, más grandes que las desarrolladas y la economía china será mayor que la gringa, antes del 2050. También por eso, después de los Brics, se habla tanto de los Civets (entre los que se incluye a Colombia) y de las Águilas (donde no estamos aún, pero somos candidatos a entrar en unos años). Como también por eso los inversionistas mundiales tienen sus ojos puestos en los emergentes y nos están inundando con su dinero -creando oportunidades y problemas-.

Como consecuencia de lo anterior, el panorama político mundial está cambiando.

Los emergentes adquieren más voz en el G-20, en el Fondo Monetario y el Banco Mundial, en las Naciones Unidas. La política internacional agresiva de Santos es la apropiada para estas circunstancias. Y lo que hagamos en lo económico determinará por cuánto tiempo aprovechamos el buen momento.

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