El autor que entiende las complejidades del alma

El autor que entiende las complejidades del alma

No es posible entrar en los libros de Philippe Claudel y salir siendo la misma persona. (¿No es ese el mejor efecto que puede tener la literatura?) Recorrer las páginas de Almas grises, de La nieta del señor Linh o de El informe Brodeck (las tres novelas suyas en español) es acercarse a la naturaleza humana, entenderla en su belleza y en su dureza.

27 de enero 2011 , 12:00 a.m.

Sus historias perturban, remueven, conmueven. No dejan quieto nada. Sus personajes, sin hablar más de lo necesario, cargan culpas y errores, secretos y silencios, un pasado que los sigue hasta el presente. Los libros de Claudel, tan pronto se cierran, hacen que uno los vuelva a abrir. El autor de estas obras es un francés nacido en Nancy hace 49 años, graduado en Literatura e Historia. Su primera novela, Meuse l'oubli, la publicó a los 37 años. A partir de entonces, sus libros han sido objeto de premios y reconocimientos, entre ellos ha recibido el prestigioso Goncourt y el Independent Foreign Fiction Prize. Sin contar que su trabajo como director de cine, con la cinta Hace mucho que te quiero, le valió un Premio Cesar a la Mejor Opera Prima. Sus novelas dejan espacio a la imprecisión de tiempo y de lugar. Pasan en un año tal, en un sitio que puede ser este u otro. ¿Qué busca con eso? Deseo que mis textos no estén precisados nítidamente ni en tiempo ni lugar al menos por dos razones: por un lado, quiero que el lector 'trabaje' conmigo, que su imaginación se apropie del texto y lo complete. Por otro, creo que esto puede ser una forma de darle a los textos un alcance mayor, más general. Así, se convierten en fábulas o en leyendas. Además de ser precisamente una fábula sobre la amistad, 'La nieta del señor Linh' habla de la realidad del inmigrante, uno de los problemas más complicados hoy en Francia...

Quise escribir un texto sobre la amistad, sobre la fuerza que se necesita para encontrar la energía de vivir una situación de exilio, cuando se ha perdido todo. Y de igual manera, por medio de esta historia simple, poner a pensar a aquellos que viven en los países ricos sobre la acogida que le dan a los que inmigran, a los que no poseen nada y esperan una vida mejor. En Francia hay demasiadas personas que rechazan a otras. Yo creo que la literatura tiene su papel en abrir las conciencias, los ojos y los corazones. Durante 11 años dictó clases en cárceles, a presidiarios, y en hospitales, a niños discapacitados. ¿Qué buscaba y qué le dejó ese tiempo? Fueron años muy importantes para mí. Me encontré con seres que, por diferentes razones, vivían en el encierro (el encierro del hospital, de la prisión, de la discapacidad). Aporté, tal vez, un poco de mi conocimiento, pero sobre todo aprendí sobre el ser humano, sobre su naturaleza compleja, sus debilidades, sus fuerzas. Pienso que muchas de las historias que he imaginado no habrían sido posibles sin esos años pasados donde encontré a estas personas. 'Hace mucho que te quiero' habla, de hecho, de una mujer con un pasado en la cárcel. ¿Esa historia nació para cine o antes la pensó para novela? La construí para cine. Quería trabajar con actores, luz, encuadre, sonido...

Nunca la pensé para hacer una novela. Usted dijo que se sintió más solo en el set, dirigiendo, que cuando se sienta a escribir...

Sí, y es una soledad muy curiosa. En el escenario uno está constantemente rodeado de decenas de personas, pero está verdaderamente solo con lo que quiere hacer y lo que tiene en la cabeza. Es una extraña sensación de aislamiento. ¿Cómo son sus rutinas de escritura? No tengo métodos particulares, sino deseo: escribo cuando tengo deseos de hacerlo. Comienzo una novela cuando siento que me toca a la puerta. A veces la dejo durante meses, si el deseo es menos fuerte, y luego la retomo. Me gusta mucho escribir en la mañana, y en lugares donde sé que me puedo aislar del todo. Un valle con un montaña al fondo o un cuarto de hotel son lugares donde disfruto escribiendo. Y las historias, ¿cómo nacen? A veces de una pregunta, a veces de una imagen mental, de una frase, de una angustia. Todos mis libros son búsquedas que hago inicialmente para mí mismo, para aclarar una zona de sombras en mí. "No sé muy bien por dónde empezar" ('Almas grises'). "Un anciano en la popa de un barco ('La nieta...'). "Me llamo Brodeck y no tuve nada que ver" ('El informe...'). ¿Cómo llega a las primeras frases? No sufro con los inicios de mis novelas. Diría, incluso, que nacen bastante rápido, de manera inmediata, no pensada, como una llamarada. Luego hay que ver si esta chispa es lo suficientemente viva para transformarse en una llama que vaya a perdurar. En sus libros no se encuentran párrafos que sobren, ni frases. ¿Hace mucha reescritura? No tanta. Escribo casi de un tirón. Cuando he terminado, mi esposa relee. Con frecuencia me pide que edite algunos pasajes (descripciones un poco largas).

Eso es todo. Cita mucho a Simenon como una de sus influencias...

Sí, aunque podría citar también a Borges, ya que estamos en Suramérica. De Simenon me gusta que no olvida jamás a su lector: le cuenta una historia con palabras simples, lo invita un poco, con frecuencia en el marco de una diligencia policial, o de un misterio a resolver, a entrar en la gran complejidad del alma humana.

Usted también buscó entrar en el alma con la pintura. Soy un gran aficionado de la pintura y un muy mal pintor. Pinté mucho, pero lo hacía lentamente y no busqué jamás vender lo que hacía. Amo el gesto de pintar, de reflexionar sobre la materia y las formas. Me gustan también los olores que flotan en los talleres de pintura. Lo que me parece fascinante de la pintura, como también de la música, es que son formas de arte que no necesitan traducción para ir hacia el otro. Sus personajes resisten la pena y el dolor con dignidad. Y no olvidan. La memoria es un ingrediente de su obra... La memoria es lo que distingue al hombre del animal. La facultad de proyectarse en el futuro, también. La memoria le permite a la humanidad transmitir sus saberes, sus bellezas, sus sueños, pero por desgracia también sus resentimientos, sus proyectos de venganza, de odio. En todo caso, es una parte esencial de nuestra naturaleza. Lo difícil es encontrarle la medida exacta y su rol adecuado. El crimen está en sus obras, pero lo muestra humano, con compasión. ¿Cómo decide tomar esta posición? El tiempo que pasé en las prisiones me hizo conocer el dolor de las víctimas, pero también de los culpables. Me interesa mostrar que la humanidad está compuesta no tanto de monstruos, como de mujeres y hombres que se equivocan, cometen actos terribles pero tienen capacidad de arrepentimiento, reflexión y redención. Nada es simple en nuestros actos y pensamientos. Por eso es difícil, casi sobrehumano, juzgar al otro

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