Una agenda variada

Una agenda variada

Hay quienes dicen que por esta época del año los Alpes suizos se convierten en el epicentro del planeta. Todo por cuenta de la reunión del Foro Económico Mundial que convoca, a partir de hoy, en la pequeña población de Davos, a unos 2.500 líderes provenientes de las más diversas latitudes, vinculados a la actividad empresarial, la academia y el sector público, incluyendo a una treintena de jefes de Estado.

26 de enero 2011 , 12:00 a.m.

El objetivo de la cita no es otro que tomarle el pulso a la situación internacional, para lo cual se programan múltiples conferencias, muchas de ellas en forma simultánea. El formato, tal como se vio en el evento regional del mismo nombre, que tuvo lugar en Cartagena en abril pasado, es un diálogo informal, conducido por un moderador. En varios de esos conversatorios estará presente el presidente Juan Manuel Santos, quien arribará el jueves a la cita, una vez termine la visita oficial que realiza a Francia.

Los temas a tratar son variados. Dentro de los que más interés suscitan por su urgencia está la suerte de la economía global, que anda a dos ritmos diferentes. De un lado se encuentran las naciones en desarrollo, que mantienen una buena velocidad; hace un par de días el Fondo Monetario aseguró que el crecimiento previsto para este grupo en el 2011 es de 6,5 por ciento, una tasa alta según los promedios históricos.

En cambio, para los países industrializados el panorama es relativamente oscuro, pues el FMI habla de 2,5 por ciento este año. Dicha proyección es todavía más baja para la zona euro, pues apenas asciende a 1,5 por ciento, mientras que en el caso de Japón la cifra es de 1,6 por ciento. Un incremento tan pobre quiere decir que algunos todavía no recuperan el terreno perdido en la debacle del 2009 y que la luz al final del túnel se encuentra lejos. Así lo comprueban los casos de Grecia o Irlanda, agobiados por el peso de la deuda pública, mientras el nerviosismo es la constante en Portugal y España.

Por tal razón, en Davos van a estar presentes los planteamientos optimistas de quienes representan a China, India, África subsahariana o América Latina, junto con los ceños fruncidos de quienes viven en el Viejo Continente o en Estados Unidos, en donde las señales sobre una reactivación son todavía confusas. Ese contraste implica que las opiniones serán divergentes y probablemente no contribuirán a aclarar un panorama que es particularmente turbio.

Pero más allá de la posible falta de acuerdo sobre la coyuntura, hay mensajes que vale la pena tener en cuenta. Varios de ellos están contenidos en un informe anual que hace la fundación que organiza el Foro Económico y que tiene que ver con los riesgos globales, definidos como los que pueden descarrilar al planeta en un momento dado. Así, en la lista se identifican dos peligros principales: la desigualdad y las deficiencias en materia de gobernanza. El primero está relacionado con la brecha creciente entre ricos y pobres, pues la distribución del ingreso tiende a empeorar incluso en sociedades consideradas como igualitarias. El segundo habla de la falta de avances en ciertos asuntos claves para la humanidad, como lo demuestran el fracaso de la Ronda de Doha en el seno de la Organización Mundial de Comercio y la falta de acuerdos con respecto al cambio climático.

A esa lista hay que agregarle tres temas adicionales que tocan a unos más que a otros, pero que no pueden ser ignorados. Tal es el caso de los desequilibrios macroeconómicos nacidos de la inestabilidad fiscal, monetaria y/o comercial. También hay que mencionar a la economía ilegal, valorada en 1,3 billones de dólares, que debilita a un buen número de Estados y hace más agudos los ciclos de pobreza e inestabilidad. Finalmente, está el área de agua, elementos y energía, eslabones fundamentales en un planeta en donde la población sigue creciendo y cuya escasez puede ser origen de conflictos futuros.

Esa mirada de largo plazo es indispensable, teniendo en cuenta las profundas transformaciones estructurales que experimenta la economía global, pues es bueno no perder de vista que las oportunidades que depara el futuro son amplias para países como Colombia, pero que el éxito no está asegurado. Por eso hay que hacer votos para que en Davos lo urgente deje tiempo para pensar en lo importante.

"En la reunión de Davos, que comienza hoy, se juntan las preocupaciones inmediatas nacidas de los dos ritmos a los que anda la economía mundial con el análisis de los riesgos posibles en el largo plazo”

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