ANTIGUO MANICOMIO ABRE SUS PUERTAS A LA CULTURA

ANTIGUO MANICOMIO ABRE SUS PUERTAS A LA CULTURA

El antiguo nefrocomio de finales de siglo, donde eran recluidos los locos furiosos, aquellos monomaníacos que atentaban contra su vida, los exhibicionistas y los de manía incendiaria, abrió de nuevo sus puertas.

27 de octubre 1995 , 12:00 a.m.

Pero esta vez quien ingrese al antiguo manicomio departamental no estará forzado a hacerlo, ni obligado por problemas de salud mental. Lo hará para descubrir la riqueza arquitectónica de la edificación y disfrutar de su biblioteca, de su auditorio y de sus dos salas de exposición de arte.

La magnificencia arquitectónica del antiguo caserón fue recuperada por el arquitecto Laureano Forero, quien fue el ganador en representación de Latinoamérica de la Sexta Bienal de Arquitectura, realizada en Buenos Aires a mediados de este mes Mediante una obra de reciclaje el antiguo edificio se convirtió en un centro cultural de primer orden, el cual fue entregado por la Caja de Compensación Familiar de Antioquia (Comfama) a la comunidad del barrio Aranjuez, un populoso sector al nororiente de Medellín.

Antes Aranjuez era conocido como el Paraje Bermejal, debido al característico color rojo de su tierra. Allí fue construido en 1892 el manicomio. Era un inmenso terreno de 13.140 metros cuadrados, de los cuales el edificio ocupaba 5.610.

En ese espacio con 132 celdas de dos y medio metros de ancho por cinco de largo, se llegó a tener internados a 887 pacientes. Entre ellos, algunos locos famosos del Medellín de comienzos de siglo como el Ñato Narciso, Joaquín Costillares, don Carlos Hernández, Indalecio Calle, Dolores La Loca y Epifanio Mejía, el poeta autor de la letra del himno antioqueño.

Al cuidado de una congregación religiosa y sin mayores conocimientos acerca de los métodos siquiátricos para tratar a los enfermos, los enajenados se paseaban con camisas de fuerza por los pasadizos y celdas oscuras de la edificación.

Hacia principios de los años sesenta fue inaugurado el Hospital Mental de Antioquia, y la casona quedó abandonada. Hasta que en 1986 Comfama adquirió el terreno y le encargó al arquitecto Laureano Forero hacer una nueva edificación, como parte de la Unidad de Servicios Aranjuez.

Sin embargo, el arquitecto pensó que era una locura tumbar la construcción existente y decidió emprender una recuperación. Mi trabajo, dijo Forero, consistió en recuperar el contexto general de la obra para que pudiera usarse de un modo distinto. Se conservó el espíritu que el edificio tenía, éste es el principal valor del trabajo que hicimos .

El inmenso caserón conserva aún sus muros de tapia rojos y el techo. Lo demás, como sus pisos, fueron cambiados. Pero sigue preservando la esencia de aquella época, en sus verjas externas, en sus puertas altas de madera, sus ventanales, su patio interior y el jardín.

En el primer piso está localizado el auditorio con capacidad para 272 personas. Allí se realizan video conciertos, conferencias, se proyectan películas y se presta a la comunidad para sus actividades cívicas.

Igualmente, están las bibliotecas para adultos y niños, donde se llevan a cabo tareas de acercamiento a los libros y a la consulta. También hay una sala de informática, que permitirá al niño el conocimiento del libro electrónico.

En el segundo piso, subiendo por una escalera de madera, quedan las dos salas para exposición de arte y dos aulas pequeñas para conferencias. Actualmente se exponen una serie de fotografías de artistas de antes y profesionales de hoy como Carlos Rodríguez, Benjamín de la Calle, Francisco Mejía, Juan Fernando Ospina y Jorge Pavón en las cuales se registra el antiguo manicomio con sus pacientes y el proceso de deterioro y posterior reconstrucción de la edificación.

Ahora las directivas de Comfama son conscientes de que los espera una campaña educativa difícil: Hacer que la comunidad se apropie de este lugar, lo sienta como propio y lo cuide, particularmente esos locos bajitos que brincan, corren y gritan, y que a los pocos días, ya han causado algunos destrozos en los pisos, las mesas y en los libros con los cuales se quiere alimentar sus mentes.

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