Regresa el lema: '¡La economía, estúpido!'

Regresa el lema: '¡La economía, estúpido!'

Un inocultable sentimiento de déjà vu recorrió los pasillos de la Casa Blanca de Washington en las dos primeras semanas del año. En el recambio de sus más cercanos colaboradores, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, escogió a varios antiguos miembros de la administración de Bill Clinton. Tras más de diez años de haber trabajado por última vez en la Presidencia, la llegada de William Daley, nuevo jefe de gabinete, y de Gene Sperling, nuevo director del Consejo Nacional Económico, fue calificada por el blog Politico.com como un "volver al futuro".

23 de enero 2011 , 12:00 a.m.

El momento de esta renovación del gabinete económico y político no es gratuito. El pasado jueves el gobierno Obama cruzó la meta volante de la mitad de su cuatrenio en medio de un reciente repunte de popularidad que no borra por completo un balance mediocre de su gestión. Cuando el próximo miércoles 25 de enero el primer presidente afrodescendiente de la superpotencia dé su segundo discurso del 'Estado de la Unión', la atención recaerá en la estrategia para recuperar su agenda perdida y garantizar la reelección en noviembre de 2012. ¿Y dónde quedó la esperanza? Las expectativas generadas por la toma de posesión de Barack Obama hace dos años han demostrado ser, en retrospectiva, demasiado altas. Elegido por una masiva ola de rechazo a la mala imagen de George W. Bush y tras una campaña impecable, el joven e inexperimentado senador por el estado de Illinois llegó a Washington con promesas de "cambio y esperanza". Pero desde el arranque de la nueva administración demócrata fue evidente que el legado de su antecesor republicano era tóxico: la más grave recesión desde los años 30; dos frentes abiertos y cruentos de guerra en Irak y Afganistán y un notorio debilitamiento del respeto e influencia de Estados Unidos en el escenario global.

Admirado por su capacidad oratoria, el principal desafío de Obama era traducir las "grandes expectativas" que despertaban sus discursos en una coherente ejecutoria de gobierno. En esta tarea el boletín de la Casa Blanca no sale con buenas notas parciales. Hay dos razones principales para este balance: la difícil herencia de la administración Bush en economía y guerras exteriores, así como errores de estrategia política del equipo más cercano de colaboradores. Una mirada desapasionada a los dos primeros años de la administración Obama revela dos logros trascendentales para el corto y el largo plazo. El primero es la recuperación económica a partir de las abultadas inyecciones de dineros públicos a la agotada economía norteamericana. En control del Congreso y de la Casa Blanca, los demócratas aprobaron la más grande ley de estímulos en la historia reciente: casi 800.000 millones de dólares para levantar los indicadores económicos del piso, salvar bancos y automotrices y empujar sectores como la energía y los transportes. De una economía con saldo en rojo, Estados Unidos pasó a crecer un 2,8 por ciento del PIB en 2010. El segundo logro de Obama tiene implicaciones históricas: la reforma al sector de la salud. Ahí donde fracasó el matrimonio Clinton en los años noventa, el presidente demócrata tuvo éxito. Lo paradójico es que esos mismos logros, gracias a un mal manejo político, engendraron el discurso de campaña con el que la oposición republicana triunfó en las elecciones de mitaca de noviembre pasado. La ley de salud es tan complicada que, según la más reciente encuesta de The New York Times, el 40 por ciento de los estadounidenses quiere que el Congreso la tumbe y el 56 por ciento afirma que no se la han explicado bien.

Para un presidente aclamado por sus comunicaciones, estos guarismos sobre su mayor legado invitan a fuertes timonazos. En materia económica la más grave falencia de la Casa Blanca ha sido en el frente laboral. Si bien Obama heredó una hemorragia de 700.000 puestos de trabajos perdidos al mes, su gobierno ha sido incapaz de reducir la tasa de desempleo de 9,4 por ciento- hace tres años estaba en el 5 por ciento-. La misma encuesta muestra que uno de cada cuatro habitantes de Estados Unidos cree que la generación de trabajo es el principal problema y más de la mitad piensa que la administración demócrata no lo está haciendo bien. Esas dos cifras- la tasa de desempleo y el rechazo a la ley de salud- explican la deslucida del mito de Barack Obama en menos de dos años. Clintonianos al rescate La última vez que se vivió el escenario de una Casa Blanca demócrata enfrentada a un Congreso republicano fue precisamente en 1994 bajo la presidencia Clinton. Dos años después , el hoy ex presidente arrasaría en su campaña de reelección. El remezón de la Casa Blanca con veteranos de la era Clinton muestra que Obama busca repetir las lecciones de su antecesor. Las dos más importantes se relacionan con la economía y la política. Paralizado por el dilema entre controlar el déficit y estimular la creación de empleos, el nuevo equipo económico no tiene más salida que revivir uno de los tres lemas de campaña de Clinton en 1992: "La economía, estúpido". Frase acuñada por el estratega James Carville para recordar el mensaje central del discurso clintoniano. El reciente repunte de varios puntos en las encuestas después del atentado contra una congresista confirma que Obama goza aún de gran potencial para ganar su reelección el año entrante. No serán las guerras en el exterior sino los puestos de trabajo en el país los que definirán la campaña del 2012. El retorno de los veteranos de Clinton confirma que la Casa Blanca ha dado un giro y ha acudido a los ancianos de la tribu demócrata.

Republicanos: los doctores 'no' Una ventaja de obama es la fragmentación de sus opositores.

Tras su victoria en las elecciones de mitaca de noviembre pasado, el partido Republicano no sólo retomó el control de la Cámara Baja sino también vienen desplegando una estrategia para tumbar la ley de salud, principal logro de Obama. Además, ya se perfilan algunas precandidaturas presidenciales para enfrentar a los demócratas en 2012. La más polémica de todas es la de la ex gobernadora de Alaska, Sarah Palin, quien ha convertido el twitter en su plataforma mediática y es hoy la líder informal de los activistas conservadoras del Partido del Té.

Sin embargo, el radicalismo de Palin, que impide conseguir adeptos en el centro, mantiene la baraja abierta para otros nombres como los ex precandidatos Mike Huckabee y Mitt Romney, los gobernadores Tim Pawlenty y Harley Barbour, entre otros. La estrategia opositora en el Congreso tiene dos filones: bloquear las leyes y promover investigaciones de control político

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