El pueblo que le dijo 'basta ya' a la extorsión

El pueblo que le dijo 'basta ya' a la extorsión

La mañana del 13 de enero los habitantes de Ciénaga (Magdalena) despertaron en un pueblo silencioso, fantasmagórico. No había dónde comprar una pastilla o un mercado. Droguerías, tiendas y hasta bancos, todo había cerrado. (VER GRÁFICO: LA EXTORSIÓN EN CIFRAS)

23 de enero 2011 , 12:00 a.m.

Era la respuesta desesperada de sus comerciantes al asesinato de Javier Guardia Hernández, dueño de un mercado, y quien se negó a pagar una extorsión más. Por dos días, querían cerrarles las puertas a los extorsionistas que los azotan y llamar la atención de las autoridades.

Rogelio*, uno de los comerciantes afectados, ya no aguanta más y puso en venta su negocio de víveres, fruto de 25 años de trabajo. O vende y se va o sigue pagándoles 'vacunas' a las bandas criminales. "En seis meses nadie me ha ofrecido comprar. A la gente no le interesa heredar ese karma", asegura.

Este hombre, igual que el 90 por ciento de los 1.200 comerciantes cienagueros, ha sido víctima de extorsión. Primero de la guerrilla, luego, de los paramilitares y, en los últimos 5 años, de las bandas que surgieron tras la desmovilización 'para'. "Esto no ha parado", dice con impotencia.

Los de ahora, que se identifican como 'los Paisas', 'los Rastrojos' y 'los Urabeños', les exigen cuotas mensuales de entre 100.000 y un millón de pesos, dependiendo del tipo de negocio. Y quienes se niegan a pagar tienen que huir para no ser asesinados.

Alfredo Luna, el defensor del pueblo del Magdalena, lo confirma. "También los profesores, bicitaxistas, mototaxistas y vendedores ambulantes son víctimas", advierte.

Por eso es por lo que tras la muerte de Guardia, acribillado a balazos cuando salía de su negocio, Provisiones El Sol, por plantarse y no pagar, decidieron rebelarse.

Un día antes de cerrar los negocios, instalaron barricadas en la Troncal del Caribe, bloquearon el paso de vehículos entre Ciénaga y Barranquilla y marcharon.

Ahora le dijeron al alcalde, Luis Gastelbondo, que si no hay resultados contra los extorsionistas, se abstendrán de pagar el impuesto de industria y comercio, lo que significa que las arcas del municipio dejarían de percibir cerca de 8 mil millones de pesos.

Siguen las amenazas Pero aunque hubo consejo de seguridad y se anunció aumento del pie de fuerza de la Policía y la instalación de cámaras en el sector comercial, las amenazas no dan respiro.

A Rogelio lo llamaron el mismo día que reabrió su negocio y le exigieron una cuota extra de 3 millones de pesos. "Ahí le manda el patrón", le dijo un muchacho que llegó a su local, mientras extendía el brazo para entregarle un celular. Al otro lado de la línea, una voz masculina le advertía: "Pilas con la plata, si no quiere que le pase lo mismo que a Javier. No jugamos".

La orden era entregar el dinero a la persona que portaba el teléfono. "Si no lo consigue, ya sabemos dónde vive su familia", sentenció la voz.

Esa es la modalidad de extorsión más común en Ciénaga: usan como emisarios a menores de edad, mujeres embarazadas o ancianos, para evadir a las autoridades, pues aunque algunos son capturados, horas después quedan libres.

También les exigen consignar el dinero en cuentas bancarias o enviar giros hacia otras ciudades.

Los comerciantes señalan que el extorsionista mayor se identifica como 'Marlon' y aseguran que tenía un puesto de verduras en la plaza de mercado. A él atribuyen el asesinato de Guardia, pero la Policía refuta que por no haber denuncias no lo han podido judicializar y que estaría en Cesar o en Córdoba.

"Las llamadas no se van a parar por una marcha de protesta. Necesitamos denuncias", dice el comandante de la Policía del Magdalena, César Granados.

Ante el sombrío panorama de hallar una solución, personas como Rogelio solo quieren irse. "Lo que me retiene aquí es vender mi negocio, además de que no he podido ni siquiera hacer lo del pasaje mío y de mi familia", remata.

* Nombre cambiado por petición de la fuente.

En Medellín 'vacunan' a conductores Cuarenta y cuatro personas, la mayoría conductores de buses, fueron asesinadas en los últimos 2 años por negarse a pagar 'vacunas' a las bandas que ganan al mes $ 5.500 millones, según la Policía. "Si solo fuera una banda, pero ahora en cualquier parte sale quien cobre y así uno termina trabajando para ellos", dice un conductor. El delito se disfraza a través de rifas de compra obligatoria, que nunca juegan.

Ahorrando para 'girarles' a las Farc Cada dos meses, y durante tres años, Felipe* se desplazó a la vereda Corazón, municipio de Rovira, para entregarle 1 millón de pesos en efectivo a miembros del frente 21 de las Farc. Para cumplir con la extorsión, cada mes guardaba bajo su colchón 500.000 pesos de su trabajo. "Si uno no paga, la guerrilla le destruye el negocio con una bomba o un petardo", afirma. Su extorsionista era alias 'Didier', que el jueves fue abatido por el Ejército. En su poder hallaron cientos de nombres y teléfonos de sus víctimas.

Modelos y reinas, víctimas en el Valle La ex señorita Colombia Katherin Daza también fue víctima de un pescador que no sólo la extorsionó a ella sino a varias presentadoras de TV en el Valle.

Ingresaba a las páginas que ellas tenían en Internet, contactaba a sus representantes y se hacía pasar por empresario de eventos. Conseguía su número celular y las amenazaba. Otros de los más afectados por extorsiones en el Valle son los comerciantes de Tuluá. En el 2009, 200 de ellos fueron víctimas y hubo atentados contra quienes no pagaban.

Llamadas desde las cárceles Ramiro Gómez*, dueño de un asadero de Neiva, recibió el 15 de diciembre una llamada aterradora. "Un hombre me dijo que el comandante 'Ancízar' de las Farc me ordenaba pagar $ 8 millones para mantener la seguridad mía, de mi familia y del negocio", cuenta. Las llamadas se repetían cada 24 horas y exigían que el dinero fuera entregado en San Vicente del Caguán (Caquetá). Después de una investigación, el Gaula descubrió que las llamadas se hacían desde una cárcel de Bucaramanga, y no eran de la guerrilla sino de delincuencia común.

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