Mondoñedo salió a poner punto alto

Mondoñedo salió a poner punto alto

Era ayer la primera corrida de abono en la plaza de Santamaría. A las 3:30, como es tradición, bajo un cielo plomizo,el emotivo y colorido paseíllo, un minuto de silencio por quienes dejaron este año el ruedo terrenal.

17 de enero 2011 , 12:00 a.m.

Se lidiaron toros del histórico encierro de Mondoñedo, que salieron a reclamar su sitio y examinar toreros. El ganadero los envió bien presentados, respetables, serios, fuertes, empujadores en varas y que pelearon en los medios de la plaza, como bravos. Y lo fueron en mayoría, enrazados y con clase. Cuatro, de aplausos. Todos murieron como viejos espías, con la boca cerrada. Dos desentonaron. Gran encierro.

Pepe Manrique se fue a pie por culpa de la espada. O suya. Lidió en primer lugar un toro listón quemao, como un grano de café tostado. Y lució en un quite. Y Ricardo Santana, que se asomó al balcón en banderillas, se asomó también al tercio a saludar.

Serio era el toro y seria fue la faena de Manrique, especialmente por el pitón derecho. Hubo series templadas, con arte, que puso a los músicos a trabajar.

Olía a oreja, pero 'Hoyador' no tenía hoyo de aguas. Era puro hueso y Pepe pinchó 4 veces. Así que todo quedó en palmas para ambos.

El segundo, 'Bambuquero', parecía cantar destemplado. Era gazapón y cobardón en los caballos. Se dolía hasta de las miradas. Pepe le vio casta bajo la piel, pues lo brindó al público. Y por cosas de los toros, del misterio, este negrito se puso a embestir, se volvió repetidor, pronto y Pepe lo toreó con temple, con gusto, barriendo la arena. Y también, por cosas de los toreros, se le olvidó que le dolía la mano, por los viajes matando al otro, y le metió un espadazo. Descabelló y, una oreja. Bien.

Al flaquirri Ramsés Ruiz lo que le falta en carnes le sobra en alma torera y en "való". Su primero era de 517 kilos, un toro que se echó a los lomos al caballo y al picador Ricardo Sarmiento. Más de mil kilos, como si fueran una almohada. Y vino una importante faena en el centro de ruedo. Por la izquierda, un trompicón cualquiera da en la vida, pero por la derecha toreó en redondo, largo, con arte, con naturalidad y templadito. Ya se hablaba de oreja, pero la espada entró muy vertical y tuvo que descabellar.

Ya con lluvia y arena lisa, toreó al quinto. Muy bien en los lances de capa y las tandas por la derecha casi hacen tirar los plásticos para aplaudirlo. Y mejores las manoletinas casi haciéndose romper las cotillas con los cuernos.

Mató de una espada de efecto de cianuro y la oreja. Buena, torero.

Juan Solanilla perdió la tarde en el sorteo. Le tocaron los dos mansos. El primero solo tragó en unas verónicas. Después fue parado, y como dice la ranchera, "nada valieron los ruegos". Un pinchazo y una estocada lo mandaron para el mundo de las rechiflas. Y el otro, tampoco. Verónicas con una rodilla en tierra, unos pases por bajo. Un toro rajado, una lluvia que enfriaba los ánimos. Y al final, desilusionado, casi no lo mata. Estuvo a segundos de irse vivo el regalito

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