La revelación filipina

La revelación filipina

Miguel Syjuco se fue de su país para poder escribir, precisamente, sobre su país. Ahora lo entiende, muchos años después de haberse separado de la comodidad de su casa en Filipinas, de la seguridad económica de su familia, de la influencia de su apellido (su papá es un político y empresario reconocido que quería que su hijo siguiera su camino y llegara a ser presidente de la república).

12 de enero 2011 , 12:00 a.m.

Pero Miguel -de 34 años- buscaba vivir en un lugar donde su nombre no fuera referencia de nada. Esquivó la política y terminó siendo escritor. Y no uno más: con su primera novela, Ilustrado, obtuvo el Man Asian Literary Prize y fue recibido por buena parte de la crítica internacional como la revelación del año pasado. "Su novela burbujea con la esencia de una gran obra. Syjuco tal vez gane algún día el Premio Nobel", dijo The Guardian.

En Nueva York, una mañana, aparece muerto en las aguas del Hudson Crispín Salvador, escritor filipino autoexiliado. Las autoridades, sin indagar mucho, declaran que fue suicidio. Pero esto no se lo cree su amigo y aprendiz Miguel Syjuco, también filipino y aspirante a escritor, que supone que detrás de su muerte hay manos negras. Salvador estaba escribiendo un libro en el que narraba la corrupción de las familias poderosas filipinas. El manuscrito ha desaparecido y Syjuco busca recuperarlo y aclarar la muerte... Este es, a grandes rasgos -porque el libro sorprende con una cantidad de detalles, en su estructura y sus personajes-, el argumento de Ilustrado, cuyo título hace alusión al nombre que en siglos pasados les dieron a intelectuales que salieron de Filipinas para formarse en Europa y regresaron a su país a apoyar su desarrollo. Syjuco le prestó su nombre y su oficio al personaje de su novela. Pero se apresura a aclarar que no se trata de una autobiografía -no del todo, al menos- , sino de un juego propuesto al lector para que se mueva entre la realidad y la ficción. "Quise mostrar en el personaje lo que menos me gusta de mí mismo - dice el escritor, desde Montreal-. Le tengo simpatía. Es un tipo ingenuo, perdido. Representa lo que yo tenía miedo de llegar a ser, o pude ser, si hubiera sido más débil. Él es, a la vez, un medio que usé para representar a jóvenes generaciones, privilegiadas, frustradas y perdidas de Filipinas".

Límites de la novela Miguel Syjuco no quiso quedarse quieto en su zona de confort. Aunque empezó estudiando Economía, acabó expulsado por mal alumno ("lo mejor que me pudo pasar", dice hoy). Después se graduó en Literatura Inglesa, en su país, y siguió por su cuenta: se fue a Nueva York a estudiar Letras en la Universidad de Columbia, mientras se ganaba la vida como camarero, vendedor de bolsos en un almacén, asistente de un corredor de carreras de caballos... En esos días leía más que escribir (especialmente a Cervantes, Borges, Bellow, Bolaño, Hemingway, Nabokov), aunque ya se iniciaba en los cuentos y en algunos poemas que no llegó a publicar. Terminó trabajando como fact-checking en The New Yorker y The Paris Review, con sede en Nueva York. Ese contacto con los manuscritos de otros le fue dando herramientas para llegar a su propio libro. Lo primero que hizo fue un borrador larguísimo y lineal sobre la historia de su país que a él mismo le aburrió. Un día, mientras veía un documental que describía el trabajo de las tradicionales tejedoras filipinas, tuvo la revelación: hacer su libro como ellas hacen sus tejidos: un plano separado de otro, y así muchos, para después sumarlos en un todo. El lector que se acerque a Ilustrado lo verá: historias aparentemente deshilvanadas, en diferentes formatos -monólogos, ensayos, entrevistas, partes de blogs, emails- que se van uniendo de forma natural.

Syjuco explica cómo escribió su novela: "Quise crear un libro que reflejara la forma en que percibimos la realidad contemporánea. Nuestra percepción del mundo se da hoy a través de fuentes dispares y fragmentadas -Internet, noticias, blogs, libros, artículos, mensajes de texto, conversaciones casuales, etc. La novela, como género, puede y debe evolucionar y empujar sus propios límites. No creo que haya logrado que Ilustrado sea revolucionaria en forma o en estructura, pero solo porque me he quedado corto como escritor. Al fin y al cabo, es mi primera novela".

Pues esa primera novela movió la crítica de medios importantes y generó opinión en Filipinas. Porque Syjuco aprovecha sus páginas para hablar de la realidad que vive su país. A él le gusta recordar la frase de Albert Camus: "La ficción es la mentira que contamos para llegar a la verdad". Corrupción, artimañas de poderosos, religión manipuladora, jóvenes desilusionados. -¿Cree que habría podido escribir Ilustrado viviendo en su país? -Sí y no. Sí, porque muchas de las historias, anécdotas, escenas e ideas de la novela aparecieron por primera vez en los cuentos que empecé a escribir cuando vivía en Manila. Pero tal como resultó el libro, no podría haberlo escrito allá. La distancia me ha permitido ser más valiente, más honesto y menos propenso a la censura.

-Aunque con humor, es un libro que funciona como espejo (en ocasiones muy duro) para los filipinos. ¿Cómo lo han recibido allá? -Le ha ido muy bien en ventas, lo debaten en universidades, es referido por otros artistas... Pero desafortunadamente no ha sido reseñado por los principales periódicos. Eso me recuerda un viejo chiste nuestro: si quieres mantener en secreto algo en Filipinas, publícalo en un libro. Nadie lo leerá.

Se habla de él por los premios, o porque está en las listas de los más vendidos del New York Times. Y lo que a uno le interesa es que la gente reaccione ante lo dicho. De todas maneras estoy satisfecho de haber escrito un libro que genere debate. Vamos a ver cómo funciona en América Latina, porque filipinos y latinoamericanos tienen muchas cosas en común".

Letras que sirven Syjuco es de los que cree que las palabras pueden producir cambios. Eso hace que siga escribiendo. "Algunos autores lo harán por dinero, ciertamente yo no", dice. Aunque tampoco espera que su libro vaya a provocar una revolución, ni que de repente en su país se acaben los corruptos o la gente aprenda a elegir bien. "Siendo realista, los cambios vendrán lentos y desde las bases.

Cada lector es quien puede ir generando ese camino". Hoy Syjuco está dedicado del todo a la escritura. En Canadá, donde vive, se levanta y -como él dice- escribe, come, escribe y come y vuelve a escribir hasta cuando está tan agotado que solo le resta irse a la cama. En el momento en que siente que tiene un texto algo armado, se da un descanso de varios días para no pensar en él y volver a verlo con ojos nuevos. "Resulta fácil vivir en un escritorio y perder contacto con la humanidad. Pero es importante salir al mundo". También lo hace por salud: sufre migrañas frecuentes que aumentan con la luz de la pantalla del computador y que soluciona con algunas dosis de marihuana terapéutica.

Vestido con una mezcla de ropa comprada en mercados de segunda y trajes hechos a la medida, Syjuco se rodea de la tecnología, pero no es fanático de ella. De hecho no da entrevistas por correo electrónico y las redes sociales no salen tan bien libradas en su libro. "Prefiero la comunicación real", dice. -Va en camino su segunda novela. ¿De que se trata? -Es un examen de las facetas del poder que están en juego en la sociedad filipina, y una disección de la corrupción endémica. Para plantear soluciones a problemas, necesitamos entenderlos. La ficción es una herramienta de gran alcance hacia una comprensión más amplia. Syjuco cuenta que este libro se titulará Yo era el Presidente de la señora...

Así es: él no vive en su país. Pero su país está en sus letras

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