2011: un año de quiebre

2011: un año de quiebre

12 de enero 2011 , 12:00 a.m.

El 2011 no va a ser un año como los demás y,sobre todo, debe ser muy distinto a los anteriores. No puede ser igual porque empieza con serias dificultades: el 10% de la población pobre del país se convirtió en damnificada por el invierno y vive en cambuches al borde de las carreteras o arrimada a familiares en zonas urbanas pobres. Estos más de 2 millones de colombianos paupérrimos se suman a los millones de desplazados por la violencia, cuyas soluciones de fondo ya no dan espera. La economía no arranca con el impulso que se esperaba y las locomotoras señaladas por el Gobierno como las grandes impulsoras del crecimiento están frenadas. Sólo la minería crece con el agravante de que su efecto sobre el medio ambiente es más preocupante que nunca, después de las consecuencias que se viven hoy por la carencia de verdaderas políticas ambientales. Por la naturaleza del crecimiento que se está dando, el desempleo no baja del 10% y sigue siendo el más alto de América Latina. La informalidad laboral disparada es la que evita que la desocupación llegue al 12 o al 13%. La institucionalidad para lograr un crecimiento sostenible no existe, y en estos meses, el Gobierno no ha logrado avanzar significativamente en ese propósito. Por el contrario, como ya lo ha denunciado Manuel Rodríguez, existen síntomas alarmantes de que el Ministerio de Vivienda se sigue tragando lo ambiental.

La recuperación del agro se ve cada más lejana, y aún no se conocen los grandes lineamientos de la política para el sector rural, que no se reactivará solamente con la indemnización a las víctimas. Ese es sólo un primer paso fundamental, pero no suficiente. Tanto en el campo como en la ciudad, la transformación productiva es vital para que sectores como el agropecuario y el industrial identifiquen nuevas actividades que generen empleo. Sin embargo esto necesita recursos públicos que no son evidentes.

Qué lástima que los billones de pesos que el Gobierno Uribe le dio a los empresarios no generó esa dinámica, sino que, en el caso particular del agro, congeló el proceso de búsqueda de nuevas actividades. ¿Para qué dejar de sembrar caña si por ello se recibían ingentes recursos si se transformaba en agro-combustibles? Con la situación del dólar, las exportaciones no la verán fácil, y menos cuando se tienen que explorar nuevos mercados para los productos manufacturados que se le vendían a Venezuela, cuando la oferta exportable es la misma desde hace 30 o más años y, en el corto plazo, no se vislumbran nuevas líneas de exportación. Servicios, que sería una buena alternativa, requiere procesos de modernización que no se dan de un momento a otro. A punta de call centers, que explotan a los pocos jóvenes que hablan inglés en este país, no vamos a ningún Pereira. La demanda interna seguirá explicando el 80% del crecimiento de la economía colombiana, pero con esos salarios, ese desempleo y, sobretodo, con la creciente informalidad, es muy difícil que se constituya en una locomotora del crecimiento. En síntesis, porque es mejor ser realista, gracias a una minería que no genera empleo y que sí destruye el medio ambiente por falta de institucionalidad y de políticas, Colombia crecerá en el 2011, sin duda, pero muy cerca al mediocre 4%, sin generar ni el empleo ni la sostenibilidad ni la equidad, que son impostergables. Lo que sí puede ser muy positivo es la lucha contra la insurgencia. Es muy posible que el presidente Santos, con el apoyo de las Fuerzas Armadas y de todo el país, avance significativamente hacia la paz.

No obstante este panorama que parece muy gris puede mejorar sustantivamente, en especial porque en el 2011 se puede inducir un gran quiebre en lo social, lo ambiental, lo económico y lo político. Ahora, lo social y lo ambiental van de primero porque lo que ha sucedido con la población colombiana, con sus sectores más necesitados, demuestra algo que muchos economistas no han querido reconocer: no basta con una tasa alta de crecimiento ya que lo fundamental es el tipo de crecimiento que se da. Hemos crecido en distintos trimestres al 6,7 y hasta 8% sin generar empleo, y esas mismas tasas se dieron cuando sectores dinámicos carecieron de reglas que miraran no sólo el presente sino el futuro. El desarrollo humano sostenible, que hizo sonreír incrédulamente a muchos tecnócratas, hoy es en Colombia una verdadera necesidad. ¿Qué saca el país creciendo al 6% si su demanda interna es débil y le toca asignar billones de pesos para los damnificados por las lluvias o las sequías? El primer punto de quiebre en el 2011 será la preocupación por el tipo de crecimiento y no sólo por el nivel. El equipo económico es suficientemente inteligente como para reconocer esta profunda diferencia. En efecto este quiebre va al corazón de la política económica que no es neutra.

Por favor, señores, en términos sociales llegó la hora de estimular políticas productivas para el sector rural, la industria y los servicios modernos, intensivos en mano de obra, de manera que se acabe con el modelo de crecimiento sin empleo. Las leyes ayudan pero están lejos de ser locomotoras. Eso sí, destruyen empleo, pero crearlo per se, no.

Dada la absoluta prioridad de generar empleo de buena calidad, el énfasis de la política social no pueden ser las limosnas. Pongan a trabajar a la gente en la reconstrucción o reubicación de las poblaciones afectadas o desaparecidas por el invierno con programas de empleo financiado por el Gobierno. Llegó el momento de un “shock educativo”. Claro que el énfasis está en los niños de 3 o menos años, donde no ha estado la prioridad de la política educativa. Es allí donde empieza la descolgada de los pobres, pero el país no puede esperar generaciones para cambiar y por ello, simultáneamente, hay que mejorar la calidad pero hacerlo como debe ser: como una emergencia. En el mundo hay expertos en estos planes de choque a todo nivel, pero especialmente en aquellos que van a entrar en un mercado laboral acorde con la transformación productiva de sectores claves. ahora, para matar dos pájaros de un solo tiro, es la educación pública la absoluta prioridad, desde la de la infancia hasta la universitaria; así no sólo se mejora el nivel educativo sino que se acorta la brecha entre pobres y ricos.

Hay que empezar ya. Una nueva política económica y un viraje en lo social y ambiental harán de la crisis del invierno la gran oportunidad de cambiar la triste realidad de los colombianos que nacen y mueren pobres. Movilidad social debe ser el mandato, mas no a través del narcotráfico y la delincuencia, sino de la educación. De nuevo ¿y los recursos dónde están? Todo esto necesita plata.

El otro quiebre trascendental del 2011 debe ser en la política, en las elecciones de octubre. Ciudadanos y ciudadanas, a no elegir a esos varones que en todo el país son los responsables de la tragedia que hoy se vive. Esa mala política que acabó con las Corporaciones Regionales, que dejó eliminar los ministerios claves, que se financió ilícitamente con recursos de todos los colombianos, que convirtió la política en su negocio particular, no puede ser elegida. Además, esos partidos políticos nepotistas, misóginos, permisivos, sin ideología y oportunistas deben ser duramente castigados. Los candidatos que demuestren que entienden el ejercicio de la política como una misión y no como un negocio, son los que deben llegar al poder, y eso depende de cada uno de nosotros.

Llegó la hora de la reforma tributaria estructural para que paguen los que toda la vida, en la ciudad y sobretodo en el campo, le han hecho conejo al Estado. Se acabó el tiempo, porque sin plata no hay paraíso, y este paraíso consiste en volver el 2011 el año de quiebre en el modelo económico, social, ambiental y político de Colombia.

CECILIA LÓPEZ MONTAÑO. Ex ministra de Agricultura .

La instituciona- lidad para lo- grar un creci- miento sosteni- ble no existe, y en estos meses, el Gobierno no ha logrado avanzar signifi- cativamente en ese propósito

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