SIN COPA AMÉRICA

SIN COPA AMÉRICA

Hace unos días me invitaron en la Casa de América a una conferencia sobre la otra Colombia. La Colombia buena, la de no sé cuántas especies de mamíferos, de plantas coníferas y algas marinas únicas. Obviamente no asistí. Y no es porque no crea que ser una reserva mundial de agua, de plantas o de animales sea importante. No. Es porque no creo que tapando el sol con las manos podamostapar el sol.

01 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Hace unos días me invitaron en la Casa de América a una conferencia sobre la otra Colombia. La Colombia buena, la de no sé cuántas especies de mamíferos, de plantas coníferas y algas marinas únicas. Obviamente no asistí. Y no es porque no crea que ser una reserva mundial de agua, de plantas o de animales sea importante. No. Es porque no creo que tapando el sol con las manos podamostapar el sol.

La Copa América es un poco más de eso. De tapar el sol, en este caso, con balones o con goles. La Copa de la Paz, decía por ahí el Presidente. Que los soldados liberados quieren asistir a los partidos, decían otros. No seamos tan ingenuos. En primera instancia, la Copa América no se ha debido organizar en Colombia. La cancelación de este importante torneo es muestra de ello. Y en segunda instancia, no podemos seguir de espaldas a la realidad. Que lo sucedido esta semana sea por lo menos una bofetada que nos saque de ese marasmo en que estamos todos. Los políticos. Los empresarios. Los ciudadanos. Los medios. Los candidatos presidenciales. Todos.

Somos un país paria. Con el más alto índice de secuestros del mundo. Con uno de los más altos índices de asesinatos del mundo. Epicentro del narcotráfico del mundo. Con dos guerrillas enloquecidas y sin freno. Con unos paramilitares sanguinarios. Y todos tan contentos. Anestesiados. Tratando de mostrar la cara buena del país, que existe, sin duda, pues es la que sostiene la pizca de normalidad que aún tenemos; no cambiamos una realidad dramática.

Lo que tenemos que hacer es dejar de decirnos mentiras y buscarles soluciones drásticas pero realistas a los problemas que tiene el país. No podemos seguir pensando que las cosas se resuelven solas o por buena voluntad de quienes hoy desangran a la nación. No podemos seguir aparentando un cierto grado de normalidad. Que este incidente de la Copa América nos sirva para ponernos las pilas.

Ponernos las pilas en qué? En lo que está acabando a este país: los asesinatos y los secuestros. Hagamos entre todos el propósito nacional de reducir a niveles normales esos dos males. Al costo que sea. No podemos preciarnos de ser una democracia, pues no es una democracia un país en el que, a pesar de tener elecciones, mueren de manera violenta 25 mil colombianos al año y secuestran a 3 mil.

Ponerle el cascabel al gato es lo difícil. Pero, primero, debemos ponernos de acuerdo en lo que queremos lograr y en los costos que estamos dispuestos a asumir. Las democracias en peligro, y la nuestra ciertamente lo está, se defienden. Pero en esa pelea debemos estar todos juntos. La izquierda democrática, los liberales, los conservadores, los gremios, los empresarios, los medios, los sindicatos, los académicos. Y el Estado en su totalidad.

Hace rato que hemos debido pensar entre todos cómo enfrentar a esos enemigos polifacéticos que, con el dinero del narcotráfico, han hecho de Colombia un país inviable. Por más que al actual Fiscal se lo homenajee por su gran labor, la verdad es que hoy la justicia en Colombia, y no toda depende de él, no funciona. Como tampoco funcionan las cárceles. O la Policía y las Fuerzas Armadas, en menor medida.

Hacer un nuevo frente nacional para enfrentar la violencia es un imperativo. Si hay que cambiar las instituciones, las leyes y hasta las garantías, pues que se cambien. Pero, a conciencia, sin improvisación, a largo plazo y sin miedo. Juntos y sin asustarnos por las reacciones de la comunidad internacional y de las organizaciones no gubernamentales, o por el primer bombazo que, obviamente, se produciría como reacción.

Si las Farc suspenden el proceso de paz porque entre todos queremos recuperar el orden, pues que así sea. Si los paramilitares arrancan con su oleada terrorista porque el Estado los combate sin cuartel, pues habrá que aguantar. Si los narcotraficantes vuelven al secuestro de personajes o al carro bomba para frenar la acción del Estado, pues tendremos que llorar a los muertos.

Resolvamos primero ese gran problema nacional. Y después sí pongámonos a organizar torneos internacionales. Quizás entonces sí habrá una realidad positiva que mostrar.

frasan@eltiempo.com.co

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