DEL SUEÑO AMERICANO A LA PESADILLA GRINGA

DEL SUEÑO AMERICANO A LA PESADILLA GRINGA

Aunque ninguna entidad tiene cifras exactas, por las calles del área metropolitana de Nueva York, en especial en la Avenida Roosevelt de Queens, cientos de compatriotas deambulan en busca de cualquier trabajo que les permita obtener el sustento, ante la mirada indiferente de las entidades cívicas de origen colombiano, las cuales aún no han hecho ningún programa de ayuda, a pesar de que el éxodo lleva por lo menos dos años.

01 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Aunque ninguna entidad tiene cifras exactas, por las calles del área metropolitana de Nueva York, en especial en la Avenida Roosevelt de Queens, cientos de compatriotas deambulan en busca de cualquier trabajo que les permita obtener el sustento, ante la mirada indiferente de las entidades cívicas de origen colombiano, las cuales aún no han hecho ningún programa de ayuda, a pesar de que el éxodo lleva por lo menos dos años.

Hay confianza en que el segundo pedido del presidente Andrés Pastrana (el primero fue en octubre del 2000), a favor del Estatus de Protección Temporal (TPS), logre si no desempantanar en el Congreso de Estados Unidos el proyecto de ley que otorga amnistía a colombianos y peruanos, sí suavizar la actitud del gobierno frente a los recién llegados y les otorguen permiso temporal de trabajo.

"Yo espero que con la solicitud oficial hecha hace un par de meses por el presidente Pastrana, la administración Bush ahora sí tome la determinación de dar el asilo temporal a los colombianos", dijo Carlos Manzano, colombiano que preside el Club Demócrata McManus, un legendario fortín político de Manhattan.

Si el secretario de Estado, general Colin Powell, y el procurador lo aceptan, los colombianos podrían recibir un permiso especial del presidete Bush, tal como ha acontecido con los salvadoreños, cuyo presidente consiguió hace unas semanas que con la emergencia por los terremotos, sus compatriotas obtuvieran otros 18 meses de gracia para quedarse y poder trabajar legalmente.

Tanto Clinton como Bush se han hecho los desentendidos con la situación de los colombianos, debido a la guerra. La administración Bush está negando el asilo político a quienes han sido víctimas de extorsión y boleteo por parte tanto de las guerillas como de los grupos paramilitares.

El canciller Guillermo Fernández de Soto le escribió al secretario de estado Colin Powell hace dos semanas en ese sentido. Las leyes de inmigración permiten otorgar el TPS a personas de países donde, "hay un conflicto armado, desastres naturales, u otras circunstancias extraordinarias", con el requisito de que la nación de origen no esté en condiciones de reabsorberlos. Los colombianos de E. U. constituyen el segundo renglón de ingresos con las remesas que envían a sus familias.

Wilson David Bernal, jefe de relaciones públicas de la Federación de Asociaciones Hispanas de Nueva Jersey, consideró que la apatía de la administración y del Congreso de Estados Unidos frente a recién llegados es el resultado del desinterés de la propia comunidad colombiana por ayudarlos. Son gente profesional, que con un poco de ayuda pueden convertirse en elementos útiles y productivos. Es una lástima que, hasta ahora, no haya habido un apoyo masivo por parte de los colombianos que son ciudadanos americanos para exigirles a sus congresistas apoyo político", dijo.

El congresista demócrata por Nueva Jersey Bob Menendez, uno de los autores de la ley que les otorgaba amnistía y les concedía el Permiso de Protección Temporal a colombianos y peruanos llegados antes de 1996, y que finalmente se hundió en diciembre de 2000, dijo que calcula en unos 350.000 los colombianos indocumentados que se han quedado.

Se cree que por lo menos la mitad está compuesta por personas de clase alta y media alta, profesionales con años de experiencia, y por personas con capital propio. "El gran drama que vive Colombia es que se está quedando sin gente preparada para asumir los cargos de dirección del futuro y sin muchos de los grandes, medianos y pequeños empresarios", dijo Walter Molano, director de investigaciones económicas y financieras de una empresa con sede en Boston, en una conferencia dictada ante la American Society de Nueva York.

El drama de los recién llegados.

Sin embargo, el verdadero drama es que los recién llegados no llegan a ser tan productivos como en su tierra. A pesar de que Nueva York fue diseñada para recibir a los inmigrantes de todo el mundo, vivir aquí no es fácil. Todas las mañanas, a eso de las 6, Juan Pablo, un ingeniero químico de la Universidad de Antioquia, llega puntual a una esquina de la Avenida Roosevelt, en Woodside, Queens, con la esperanza de que alguien lo contrate por el día. Juan Pablo se desempeña bien en diversos oficios como ayudante de obra, pintor de casas, asistente de albañilería, ayudante de cocina, profesor de matemáticas y cualquier trabajo que salga.

No está nevando. La temperatura es de 15 grados centígrados bajo cero, pero a él no le importa. "Si no trabajo hoy, no creo que pueda comer ni mandar platica pa la casa", dijo con un gesto de resignación.

Tiene 34 años, una esposa y tres hijos que viven en Colombia a quienes tiene que mantener desde aquí y tantas deudas como sueños. "Me vine con el sueño americano, pero estoy viviendo la pesadilla gringa. Este es un frío muy hijueputa. Y aquí nadie almuerza gratis", dijo.

A su lado está José Antonio, de 43, quien vivió 12 años legalmente en Estados Unidos y se regresó hace cinco a Colombia. Debido a los problemas, decidió volver. En esta ocasión se vino por "el hueco", a través de una red mexicana de traficantes de indocumentados, la cual tiene operaciones en Colombia. José Antonio pagó $7.000 dólares por el viaje. "Fueron $3.500 dólares antes de venirme y los otros $3.500 cuando ya salíamos de Houston hacia Nueva York", dijo el hombre, quien está recogiendo dinero para ir a ver a un abogado, con el fin de arreglar su situación.

Sin cifras concretas.

A pesar de las dimensiones del fenómeno, aquí nadie tiene un número de los colombianos en el exilio neoyorquino. "Nos han llegado muchas personas, pero no tenemos cifras exactas. Hay casos muy dramáticos, sobre todo en aquellos en que hay niños de por medio. Yo le aconsejaría a la gente que lo pensara antes de venirse", dijo Mauricio Suárez Copete, cónsul general de Colombia en Nueva York.

Por el lado estadounidense, las cosas no son muy diferentes. Así lo expresa Dawn Di Angelo, portavoz en Nueva York del Servicio de Inmigración y Naturalización de los Estados Unidos (INS): "Todavía no tenemos una cifra concreta acerca de cuántos colombianos han llegado legalmente en los últimos meses. Sólo tenemos informes hasta el 98".

Las estadísticas del INS dicen que de 1990 a 1998 llegaron legalmente a Nueva York 143.251 colombianos. No se sabe cuántos de ellos regresaron a Colombia. En 1998, 11.836 fueron recibidos como residentes legales. Pero no hay cifras oficiales de los dos últimos años ni del número de indocumentados.

Un doble subsidio.

Un rasgo que se destaca en muchos de estos inmigrantes profesionales es su juventud. Un síntoma es el hecho de que docenas de profesionales, la gran mayoría entre los 24 a los 35 años, se contaban entre los asistentes al I Encuentro de Egresados de la Universidad de Antioquia, Capítulo de Estados Unidos, efectuado en noviembre pasado en Nueva York.

Hay hechos que confirman este comentario. "Los mejores trabajadores que tengo son los muchachos que me están llegando de las universidades de sistemas de Colombia, porque, aparte de que manejan la técnica, hablan y escriben un español perfecto", dijo Joe Prince, quien presta servicios de computación a empresas del área metropolitana de Nueva York.

Prince los recibe, les hace un examen y, si lo pasan, los entrena por una semana. Si dan buen resultado, les da la visa y un salario de $35.000 dólares por año. Un sueño para una persona sin documentos. Pero la buena acción de Prince no es gratis. Un trabajador estadounidense le costaría entre el doble y el triple, ya que hoy Estados Unidos necesita 50.000 empleados con conocimientos de computación y ramas afines.

"Colombia se está quedando sin gente joven preparada y ese es otro gran escollo para el futuro", dijo el senador Juan Manuel Ospina en su visita en enero a Jackson Heights, Queens, donde dictó una conferencia sobre la crisis colombiana.

Arturo Sánchez, PhD en sociología e investigador de temas de inmigración para universidades como las de Columbia y California, y quien está iniciando una investigación sobre la nueva migración, explica por qué esta fuga significa una grave pérdida para Colombia: "La gran ironía es que estos profesionales colombianos son otro subsidio que el país le está dando a los Estados Unidos. Con miles de sacrificios, Colombia los educa y, por la situación interna que vive, los envía para que este país los aproveche. Porque tenemos que enfrentar que muy pocos van a regresar. En muchos casos es un subsidio doble, porque estos colombianos son profesionales capacitados que llegan a vender su fuerza de trabajo y sus conocimientos por menos salario".

Mañana: le niegan el exilio por pagarvacunai .

Muchas mujeres profesionales.

Otro aspecto del fenómeno es la gran cantidad de mujeres profesionales que está llegando. "Estamos viendo mujeres de todas las edades. Hay docenas de mujeres profesionales entre 30 y 35 años, con diez o doce años de experiencia laboral que están llegando para establecerse aquí, ya sea porque perdieron su empleo, o porque están solteras y este país les ofrece la oportunidad de conseguir un empleo a cualquier edad y a la vez buscar pareja. Aquí las mujeres mayores de 30 años todavía no se archivan como en Colombia", dijo el sociólogo Sánchez.

Por tal motivo, muchas mujeres están trabajando en todo tipo de empleos. "Yo era profesora universitaria, pero con dos clases por semana no podía sobrevivir. Este es un trabajo miserable, pero puedo mantenerme y mandarle a mi hija para que pueda seguir en la universidad", dijo Conie, de 38, economista y administradora de empresas, que ahora trabaja en una tienda de abarrotes, en un pueblo cercano a Nueva York.

Julia, 36, publicista con 10 años de experiencia, está empleada en un restaurante haciendo arepas y friendo empanadas.

La regla es que al llegar, todas se tienen que olvidar de su profesión. "He aprendido a pintar casas, a poner puertas y a manipular cajas grandes", dijo María Cecilia, 26, abogada de la Universidad del Rosario de Bogotá.

Mónica, de 27, periodista de la Javeriana, ha tenido que trabajar en una pizería y en una tintorería. "Es lo único que hemos conseguido", dijo Mónica, tiritando de frío, a pesar de tener las manos en bolsillos de la chaqueta invernal que compró por $30 dólares en un mercado de las pulgas. "Nunca pensé que tuviera que ponerme ropa usada, ni que tuviera que dormir en el suelo en un tapete", comentó con tristeza.

Por ser jóvenes y bonitas les han ofrecido ofrecido trabajar en un bar, pero se han negado a ello. "Muchos de esos bares son casas de prostitución disfrazadas , dijo María Cecilia. Y no le falta la razón. "La prostitución es un fenómeno que comienza a verse entre las jóvenes colombianas que están llegando", dijo Sánchez.

Fraudes al por mayor.

"Creo que les están cobrando mucho. Se puede conseguir unsociali hasta por $50 dólares", dijo un joven guatemalteco "especializado" en prestar esta clase de servicios.

Pero esta práctica puede comprometer mucho a las personas. "Si encontramos alguien con documentos falsos podemos detenerlo y llevarlo a la corte acusado de usar documentos fraudulentos, lo cual es un delito federal", explicó Di Angelo.

Sinembargo, a la gente eso parece importarle muy poco. La oficina del guatemalteco vive repleta de clientes que buscan falsos documentos. "Con estos documentos me voy defendiendo hasta que encuentre con quien casarme", dijo.

Javier, 28, odontólogo, quien confiesa que anda buscando una mujer que sea ciudadana americana o residente legal que se quiera casar con él. "Yo me caso y mi señora está de acuerdo con eso. Pero, eso sí, con una vieja !que tenga documentos para que me dé la residencia!".

En otras "oficinas" están prestando el servicio de asesoría para cazar incautos. Los avisos aparecen en los periódicos hispanos locales. Por regla general son avisos de personas que buscan pareja. "Mujer joven, sin vicios, ciudadana americana busca caballero de 24 a 35 años con fines serios". Otros claman que un hombre en las mismas condiciones busca dama para compartir, con posibilidaes de matrimonio, rezan los avisos. Y claro, la gente va como moscas a la miel a ver que pasa.

"La gente está desesperada por legalizar su situación y por ello están siendo víctimas de toda clase de abusos", dijo el padre Kevin de las Caridades Católicas, la oficina de la Iglesia Católica, entidad que está liderando la defensa de los indocumentados en el área metropolitana de Nueva York.

Por su desesperación son muy vulnerables a perder lo poco que traen. Las estafas llueven por todas partes. "Me da una pena cuando me llaman a decirme que ya dieron lo poco que traían por una aplicación para la rifa de visas, cuando eso no cobija a los colombianos", dijo Arnaldo Rinaldi, de Latino XXI, una oficina especializada en asuntos de inmigración.

Un samaritano paisa.

En la Avenida Roosevelt y la calle 84, en Jackson Heights, se encuentra Orlando Travel, la oficina de Orlando Tobón A sus 53 años, este paisa de corazón tan grande como su humanidad, nacido en Cisneros, Antioquia, es el paño de lágrimas de todos aquellos que tienen problemas y no tienen a quien recurrir.

"Esto es una procesión diaria. Aquí me llega gente de todas partes de Colombia, de Ecuador, de Perú, de Bolivia, de Venezuela. La gente se viene ilusionada y se encuentra sin trabajo y los pesitos se acaban. Muchos me llegan y no tienen ni donde pasar la noche", dijo Tobón, a quien se le ahoga la voz contando como ha visto llorar a médicos, odontólogos, ingenieros, abogados, porque no tienen un trabajo.

"Nunca había visto a gente tan capacitada rogando por un trabajo tan mal pago", dijo Lucy Rojas, la directora de una oficina de empleos de la Avenida Roosevelt.

Los trabajos que ofrece Rojas no los quieren los estadounidenses. Son trabajos manuales como limpiar casas, lavar carros, atender estaciones de gasolina, cuidar niños y ancianos y/o trabajar en el servicio doméstico.

A otros profesionales, no les va mejor. Manuel, un ingeniero con 18 años de experiencia, trabaja como albañil; Alberto, un joven ejecutivo -que hasta el año pasado tenía todo asegurado en el grupo económico para el que trabajaba-ahora limpia oficinas en Manhattan, aprovechando su visa Bi-B2 y César Felipe, un arquitecto de renombre, pinta gente en el Central Park.

Todos hacen lo que sea para sobrevivir y enviar dinero a su familia en Colombia. "A mí me llegan clientes con giros de $25 dólares. La oficina pierde plata, pero ellos me dicen que con esa platica, su familia hace un mercado, así que les hago el favor", afirmó Horacio Poveda, gerente de Servientrega, una oficina de envio de correo y dinero, localizada en la Avenida 37 de Queens.

Sin asilo por pagar rescate.

Pero, el dinero no asegura el poder conseguir la visa. La semana pasada, Estados Unidos anunció en forma oficial que está negando la visa de residente y el asilo político a colombianos que hayan pagado rescates o "vacunas" a los grupos armados y/o a bandas de criminales que operan en Colombia.

"Nos negaron la visa", dijo Alvaro, un hombre de negocios de Cali, quien pagó un rescate por su hijo, secuestrado por el Eln. En su negativa, el Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos argumentó "apoyo al terrorismo".

Para Hiram Ruíz, portavoz del Comité de Estados Unidos para los refugiados, una de las entidades más activas en la defensa de los derechos humanos de los refugiados, "es ridículo que ésto sea considerado como apoyo a grupos terroristas".

Aunque no publicamos los nombres por motivos obvios, a por lo menos dos docenas de personas pertenecientes a las élites colombianas, se les ha negado la visa de residente y/o el asilo político con este argumento.

A su vez, el SIN aduce que está cumpliendo con la Ley Antiterrorista de 1996, la cual cita textualmente que "cualquier apoyo material" a una organización considerada como terrorista por parte de Estados Unidos, excluye a una persona la posibilidad de solicitar asilo político. Bajo los mismos argumentos se niega la visa de residente.

Sin interés?.

"Yo no entiendo como las entidades colombianas no se unen para ayudar a su gente. Los recién llegados son casi todos profesionales educados y eso es una gran ventaja", dijo Adalberto Santiago, un sociólogo cubano, quien ha investigado el rol de las organizaciones cubanas en alcanzar el poderío económico y el liderazgo político que ahora disfruta el llamado exilio cubano.

Pero ese ejemplo, parece que todavía no es del interés de las entidades cívicas colombianas del área metropolitana, de Queens, en particular, a pesar de que en el reciente encuentro de entidades colombianas de Atlanta, hubo un compromiso formal para ayudar a los miembros del éxodo patrio "A nosotros nos da mucho pesar, pero la función del Centro Cívico no es ayudar a los compatriotas que están llegando", dijo un directivo del Centro Cívico Colombiano, la institución colombiana de mayor reconocimiento, quien solicitó no ser identificado.

A las demás entidades, con menor arraigo y capacidad de manejo que el CCC, tampoco les llama mucho la atención este asunto."Yo propuse que los ayudáramos y casi me pegan. Lo que me dijeron era que nosotros necesitábamos impulsar el Partido Liberal, no meternos a ayudar a gente que, después se organizaba y nos quitaba el liderazgo dentro de la comunidad y le podía poner otras metas al Directorio", dijo otro dirigente.

Todas las entidades hablan de que "pronto habrá algo", pero no se ve que hagan nada y mientras tanto, docenas de personas siguen llegando a diario en busca del sueño americano...

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