Mis deseos para el 2011

Mis deseos para el 2011

Para EL TIEMPO Sentado, mirando el mar, con una copa de tinto en la mano, me da por pensar en lo que me gustaría que fuera el vino en un futuro cercano que, digamos, bien podría ser el 2011. Por ejemplo, que los enólogos usaran menos madera nueva. Me tiene harto el olor del roble recién tostado, que huele a bronceador, que hace que todos los vinos -no importa de dónde vengan o con qué uva estén hechos- tengan el mismo aroma: coco, caramelo y vaya uno a saber qué mas.

02 de enero 2011 , 12:00 a.m.

También me gustaría que los productores de vinos del Nuevo Mundo -que los australianos, argentinos, surafricanos, chilenos- fueran menos ambiciosos. Que no aspiraran al gran vino, al vino medular, al súper tinto, sin antes haber lanzado al mercado una botella cuyo contenido fuera simple, directo; cuyo vino en el interior de esa hipotética botella se bebiera fácil y que no costara una fortuna. Que aprendieran a caminar antes que a correr.

Aprender a disfrutar Y me gustaría que los vinos que voy a beber en el 2011 no estén diseñados siguiendo un molde. Que dejara de primar la idea de 'probaste uno, los probaste todos'. Que cada productor siguiera sus instintos más que la técnica de moda, más que al consultor de moda. Que me dejaran de vender ideas que no quiero comprar, como -se me viene ahora a la cabeza- todos esos personajes que me muestran vinos arguyendo que tras ellos hay sentido de lugar: un viñedo, un terruño, cuando lo que hay es ganas de vender vinos como sea, usando las mismas armas que usan todos y que hoy tienen al vino a la altura de una bebida gaseosa. ¿Saben qué? Me gustaría que en Colombia se bebiera más vino. Si escribo esta columna es por eso. Es un sueño. Pero no quiero que esto se convierta en moda; no quiero que los colombianos beban vino porque hay que beberlo, porque queda bien con los amigos, porque uno se puede lucir tirando sobre la mesa una que otra idea aprendida a medias. Lo que me gustaría es contribuir a que la gente en este país entienda que beber vinos y disfrutar de ellos entrega un placer similar a la sensación que queda tras ver una buena película o leer un libro, que nos da una nueva versión de la vida que llevamos. Mirando al Pacífico pienso que si me dieran a elegir entre todos mis deseos para este 2011, el que tomaría sería ese: que ustedes beban con placer, que descorchen una botella como si fuera el inicio de una fiesta, como la primera pareja que sale a la pista de baile y anima a los demás, sentados allí, indecisos. Resumiendo, sólo pido eso. Y por eso hablamos de vinos

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