Los cristianos de Oriente Medio luchan por sobrevivir

Los cristianos de Oriente Medio luchan por sobrevivir

Las luces ya están encendidas, los árboles decorados y los grandes pesebres recreados con vacas, bueyes y pastores están a la espera de la llegada del niño Jesús en todas las iglesias de Oriente Medio. Beirut no es la excepción. Todas y cada una de las iglesias pertenecientes a las múltiples confesiones que están repartidas en esta pequeña ciudad multicultural, incluso las que se encuentran en barrios mayoritariamente musulmanes, donde las medialunas y las cruces se elevan en el cielo en un ejemplo de convivencia, están en actitud navideña. Al menos, en la forma. Este año cierta tristeza y preocupación se siente en el ambiente.

23 de diciembre 2010 , 12:00 a.m.

El 2010 ha sido un año duro para los cristianos de Oriente, una comunidad que lleva años tratando de sobrevivir. "Nuestra situación no es la mejor", asegura el padre maromita Gabriel Hachen, ex director de la unidad de Fe y Unidad del Consejo de Iglesias de Oriente Medio. Los ataques contra sus integrantes, en especial en Irak y Egipto, han puesto en alerta a líderes religiosos. La alarma llegó hasta el Vaticano. Desde Roma se convocó urgentemente un sínodo de las iglesias de Oriente a principios de noviembre, en el que el Papa Benedicto XVI estuvo presente.

"La pregunta que rondaba en el ambiente era ¿cómo sobrevivir?", asegura Hachen, que participó en el encuentro como asesor y quien conversa con EL TIEMPO en un café situado en un centro comercial del sector cristiano de la ciudad decorado con motivos navideños. El debate fue interesante, explica, porque mientras el Vaticano tenía como prioridad discutir el éxodo continuo de fieles hacia Occidente -pues teme que los cristianos desaparezcan de está región-, los religiosos de Oriente estaban más preocupados por detener los ataques a la población.

La situación es grave. En Egipto, la persecución a los coptos (cristianos egipcios), que son el 9 por ciento de la población, se ha intensificado este año. Algunos murieron y otro gran número está en prisión. En Irak, el atentado en la catedral siria católica de Bagdad que dejó 58 muertos en octubre, el ataque más violento contra la población cristiana de Irak en los últimos años, fue un gran choque que dejó a la comunidad en ascuas. No fue un hecho aislado. Las persecuciones contra los cristianos de este país son sistemáticas, especialmente en Mosul y Bagdad. Los han amenazado con que si no abandonan, los matarán. Desde la invasión de Irak, en el 2003, se cree que alrededor de 800.000 iraquíes cristianos han abandonado el país. Se cree que no quedarían más de 400.000 cristianos en este país.

El padre Firus Dordor, iraquí residente en Líbano y secretario del Patriarca Sirio Católico, que tiene sede en Beirut, es testigo de ello. "Desde que los ataques se intensificaron cada día llegan a Beirut alrededor de cinco familias", cuenta. Lo mismo pasa en Siria y Jordania, otros países a donde emigran.

"Los cristianos iraquíes que quedan allí viven atemorizados, salen a la calle y no saben si van a regresar a casa", cuenta el padre Dordor minutos después de terminar una eucaristía con un grupo de refugiados en la iglesia de Mar Elias, a las afueras de Beirut. El padre Dordor, que regresó hace unos días de Bagdad, explica que el origen de que la persecución sea mayor es la debilidad del gobierno actual, que ha dado libertad a grupos integristas islámicos como Al Qaeda para actuar por su cuenta. "Matan en nombre de Dios" dice. Y hace énfasis en dos cosas: que un gran número de los musulmanes son buenos y que los iraquíes no quieren abandonar su país, pero la situación es tan mala que es casi imposible vivir allí. Lo mismo ha sucedido en las últimas décadas con cristianos palestinos, que terminaron por emigrar. Según se conoce sólo el 3,8 por ciento de la población palestina en Cisjordania y Gaza es cristiana. Antes de 1947, el 45 por ciento de los palestinos de estas regiones eran cristianos. "Algunos pesimistas llegan a decir que en el futuro no quedarán árabes cristianos ni siquiera en los lugares sagrados", asegura el padre Hachen, que dice que en el Líbano la situación de los cristianos es "única", pero que de igual manera emigran permanentemente. Monseñor Paul Mator, obispo maromita de Beirut, explica que los cristianos en el Líbano tuvieron una situación especial, pues, por ejemplo, los maromitas, que son la mayoría cristiana, crearon el modelo de vida del país en lo social y lo económico. "Pero no fuimos exitosos en mantener esa proporción", concluye. Las razones se las atribuye a la política y no a religión, ni a problemas religiosos. "La gente se la lleva bien entre ellos y tienen una vida en común", dice monseñor.

A pesar de esta gran convivencia, los cristianos siguen emigrando, especialmente los jóvenes que buscan un futuro mejor. Hoy, se dice que los cristianos en el Líbano podrían estar entre el 30 y 40 por ciento de los cuatro millones de habitantes. Los más pesimistas hablan de 25 por ciento, pero es una cifra que muchos de ellos niegan. Pero, los números no se conocen. No hay censos. Nadie quiere quebrar el débil balance político del país, que se alcanza gracias a un acuerdo para repartir el gobierno 50-50

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