EN EL DÍA DE LOS ECONOMISTAS

EN EL DÍA DE LOS ECONOMISTAS

En sentido práctico, la Economía es un ejercicio que a través de aproximaciones sucesivas va alcanzando estadios de mejoría gradual en el bienestar de la gente. Sin ofender a los sabios del tema ni a los manejadores de la política, ellos se asimilan al médico que usa instrumentos para que el paciente cada día esté mejor. Y si el paciente desmejora o solo tiene una momentánea recuperación no se puede decir que el tratamiento va en el camino correcto. Al menos hay que hacer ajustes.

03 de julio 2001 , 12:00 a.m.

En sentido práctico, la Economía es un ejercicio que a través de aproximaciones sucesivas va alcanzando estadios de mejoría gradual en el bienestar de la gente. Sin ofender a los sabios del tema ni a los manejadores de la política, ellos se asimilan al médico que usa instrumentos para que el paciente cada día esté mejor. Y si el paciente desmejora o solo tiene una momentánea recuperación no se puede decir que el tratamiento va en el camino correcto. Al menos hay que hacer ajustes.

En otras palabras, si no hay un mejoramiento en el bienestar de la población, uno de los factores que se deben revisar o al menos cuestionar tiene que ver con el manejo económico. Y no puede ser de otra manera cuando la tasa de desempleo, factor determinante en la mejor vida de la gente, alcanza niveles escalofriantes.

Ciertamente, hoy el grado de maniobra de un gobierno para manejar la economía es más reducido que antes o mejor, requiere un mayor cuidado. Las decisiones o problemas de otros gobiernos no solo vecinos, la desaparición de fronteras y la internacionalización del capital son asuntos que no se pueden pasar por alto. Un mundo globalizado que ha cambiado así suene exagerado- el nombre a los factores tradicionales de producción tierra, trabajo y capital por competencia, clientes y conocimiento. Tanto en la macro como en la micro, los cambios conceptuales han sido abismales.

Hace unos años la inflación cero era solo un sueño, hoy es una obligación. Pero los países que lo han logrado no han sacrificado bienestar con el argumento ingenuo de que como la inflación es el peor de los impuestos, entonces hay que perder calidad de vida que difícilmente vuelve a recuperarse. Lo mismo se puede decir de los impuestos: no se necesitan mayores tarifas para que el Estado reciba mayores ingresos sino que una economía sólida garantiza más recaudos.

Quizá el problema más grande que tienen nuestros economistas criollos es la dificultad para llevar el pensamiento teórico a los problemas económicos reales. En otras palabras, les resulta difícil no reproducir ideas de manual, irrelevantes y poco pertinentes en la mayoría de los casos para enfrentar problemas concretos como el desempleo y la pobreza.

Desafortunadamente, en nuestro país la discusión económica se ha reducido a debates acerca de la coyuntura, lo cual sin desconocer su importancia, está dejando por fuera algo que no se puede olvidar, como es la utilidad social del conocimiento.

Y en esto, los economistas deberían jugar un papel de primera línea, comenzando por la academia, la cual ha entrado en un período de adormecimiento o a lo mejor también se ha dejado contaminar de la insensibilidad de la cienciometría que solo ofrece registros cuantitativos sin consideración alguna de los elementos materiales del bienestar, esencia del capitalismo.

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