LA MEJOR DEFENSA ES EL ATAQUE

LA MEJOR DEFENSA ES EL ATAQUE

Yo le hago a Usted lo que me plazca y ni se le ocurra hacerme algo porque verá entonces la fiera que hay dentro de mídecir el malvado cuando nos hace una picardía

03 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Yo le hago a Usted lo que me plazca y ni se le ocurra hacerme algo porque verá entonces la fiera que hay dentro de mídecir el malvado cuando nos hace una picardía.

Muchos años he estado observando el comportamiento de las personas a nivel empresarial y familiar, respecto a su actitud frente a las fallas o errores, y tengo que confesar que lamentablemente, lo que he encontrado es un altísimo grado de inmadurez, que lleva a la gente a rechazar o negar sus equivocaciones.

El contrasentido que a ratos nos confunde, es que la persona que comete un error falla no solo evita reconocerlo sino que además se torna agresiva.

En términos de relaciones, lo que suele suceder con alta frecuencia es que quien hace la ofensa a otro termina jugando al indignado y actuando como si fuera el ofendido, es decir, el mundo al revés.

Las empresas a su vez se comportan como los seres humanos, e igualmente la empresa que ofende o agrede actúa como si fuera la víctima ofendida o agredida y en ese sentido ataca dos veces, la primera cuando ofendió y la segunda cuando se defiende como si fuera la ofendida.

La conclusión aquí es que los malos siempre atacan, precisamente porque tienen en mente el viejo adagio que dice que la mejor defensa es el ataque , y lo usan con intensidad y frecuencia.

Uno no está preparado para que quien lo agreda termine sin pedir excusas y además resulte ser el ofendido. Pero como el asunto es muy frecuente, quiero a través de esta reflexión invitarlos a mirar algunos interesantes métodos de defensa.

Lo primero, es estar consciente que la reacción más frecuente del que comete errores o hace ofensas es la de defenderse siendo agresivo.

El agresor o infractor no reconoce su falla o su error, no pide perdón y por el contrario, lo ve uno jugando o haciendo una actuación que más bien podría estar en manos del que recibió la ofensa o es víctima del error.

En otras palabras, si uno mira el comportamiento del malo, pareciera como si uno tuviera que pedir excusas y si se descuida termina uno siendo el culpable.

Lo segundo, es que este tipo de personas hay que enfrentarlas o confrontarlas con fortaleza o firmeza, de tal manera que los hagamos conscientes de sus fallas o de sus ofensas y enviemos el mensaje correcto indicando nuestra posición seria y fría de exigirles una reparación del error o una reversa en la ofensa.

El agresor deberá sentir claramente el peso de la ley sobre sus hombros, así como también las consecuencias del riesgo de no dar un paso atrás.

Lo tercero es darle o buscarle una salida digna al agresor o infractor como puede ser el pedir perdón o aceptar su falla para quedar como un ser humano noble y en algún momento como un valiente o un héroe.

Es decir, en vez de recibir castigo salir premiado, por el esfuerzo de poner la cara . Esta salida ayuda a la madurez de los individuos, les hace perder el temor al castigo o a la falla y les permite salir ganando.

Hacer sentir al agresor como un héroe en vez de víctima, por el hecho de haber pedido perdón o de reconocer su falla, es el mejor método o antídoto contra este tipo de frecuentes personajes.

Una cuarta forma de manejar estos casos, consiste en aplicar el tratamiento de ignorar completamente ese tipo de personas, tachándolas de la lista y haciéndoles sentir que han dejado de existir.

Este es un método muy potente y aunque parece lento e indoloro, deja al adversario desubicado y en la lona , no solamente por el desconcierto que genera el ser ignorado, sino porque la desconexión produce la inquietud de no saber qué está pasando, cómo le va a responder el contrario, ocasiona la pérdida del control de la situación y hace imposible volver a agredir.

El quinto método es el del uso de testigos a la hora de llamarle la atención, de tal manera que le cueste trabajo mentir y quede evidencia de lo que uno dice y lo que el personaje responde.

La presión de la gente ayuda a neutralizar las salidas viciosas del bandido. La verdad es que este tipo de personas tiene tanto susto que por esa razón prefieren evadir el tener que enfrentar la situación de reconocer los errores.

Otras opciones.

Desde luego hay otras alternativas de manejo para estos casos, que quiero dejar al lector como meditación, que surgen como fruto de esta interesante evaluación.

Reconocer los errores y aprender de ellos, permite mejorar y desarrollarse como individuo o como empresa. Uno comienza a mejorar el día que reconoce que está enfermo y planea una solución o busca apoyo.

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