REAL Y MÁGICO REMEDIO

REAL Y MÁGICO REMEDIO

Después de mucho tiempo, el seis vuelve a ser el seis... Y será el día de las representaciones en vivo de los Reyes Magos para celebrar la fiesta de la Epifanía. Por tradición, en medio de la alegría, de las caravanas y de las actividades deportivas y recreativas, los Reyes Magos se detienen allí, justo en donde una gran estrella brilla, sobre el Instituto Franklin Delano Roosevelt.

02 de enero 1991 , 12:00 a.m.

No es un fenómeno solar el que los invita a detenerse en este lugar, sino un llamado a la solidaridad y al amor, de los miembros de la Parroquia de Nuestra Señora de Egipto, para llenar de regalos a decenas de menores, tiernos e inocentes.

Ellos esperan ansiosos los presentes de los Reyes, en un acto que evoca lo que hicieran Gaspar, Melchor y Baltazar, hace miles de años, cuando llevaron el oro, el incienso y la mirra a Jesús.

Ahora, son otros los tiempos, otros los detalles pero se mantiene ese amor que inspiran los niños, más aún si están enfermos, hospitalizados y en tratamientos prolongados.

Desde hace más de treinta años, en la celebración de la Epifanía, en el barrio Egipto, no falta una sorpresa para los menores del Roosevelt, quienes reciben regalos que consigue la parroquia de sus fondos y a través de donaciones.

La fiesta comienza desde muy temprano. A las 7:30 de la mañana el turno es para los deportistas, quienes participan en pruebas de ciclismo, patinaje y en si multáneas de ajedrez. Al mediodía, se celebra la Santa Misa.

En la tarde, con la vara de premios y la presentación de los grupos folclóricos, a cargo del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, se sigue el programa.

A las 3 de la tarde se realiza la primera parte de la representación en la plaza principal del barrio y a las 3:30 las cinco caravanas, una con cada rey, otra con Herodes y otra con la Virgen y San José, todos residentes en Egipto, estudiantes y empleados, se dirigen al Instituto para llevar detalles y alegría.

En el Roosevelt los esperan más de cincuenta niños y jóvenes, entre los 7 y 27 años, con parálisis infantil y otros problemas físicos, quienes permanecen en cuidados intensivos o en observación.

Cada obsequio --dice el párroco de Egipto, Abraham Muñoz-- que reciben encierra un mensaje que simboliza lo que para el mundo católico significa el Niño Dios y cómo El, está presente a través de cada niño, de cada anciano y de cada uno de los creyentes .

Después, los personajes bíblicos regresan a la plazoleta del barrio y continúan con el Auto Sacramental, es decir la adoración de los Reyes al Niño Dios, quien es santigado por el padre Muñoz.

Finalmente, para concluir la jornada, la comunidad quema el diablo que en esta ocasión representa la violencia.

Queremos que la violencia acabe definitivamente para Colombia, que haya paz, amor y ternura , dice el párroco. Cita sagrada La celebración de los Reyes Magos se inició en enero de 1653, cuando el padre de Egipto decidió representar en vivo la fecha en que Jesús recibió los presentes y se dio a conocer, oficialmente, ante el mundo.

Desde entonces, una gran procesión se toma las calles del barrio y la plaza principal. A la cita acuden niños, jóvenes y adultos, quienes participan en una fiesta religiosa, cultural y recreativa. También comercial, porque en esta fecha reaparecen los buñuelos, las natillas, los platos típicos, la chicha y toda clase de ventas ambulantes.

Con tres meses de anticipación, los personajes se preparan para participar de este programa, el cual cuenta con el apoyo de la Alcaldía Mayor, la parroquia, el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, el Instituto de Recreación y Deporte, el cuerpo de bomberos y la Cruz Roja.

Cada año María y José son representados por estudiantes de bachillerato o trabajadores, quienes cambian generalmente. Los soldados son los mismos. Los reyes este año repiten, menos uno. Los ángeles también actúan por primera vez.

En fin, son semanas enteras de trabajo y de preparación, en las que también se piensa en los niños enfermos. A la par con los ensayos, la coreografía, los vestidos y otros detalles, se visita el Instituto Roosevelt, se averigua cuántos menores están hospitalizados y se consiguen los regalos.

Los niños sanos del barrio y de todo el sector también dan su aporte. Unos se visten de ángeles, los demás colaboran en la programación y organización.

Así, la festividad es completa: hay recreación, religiosidad y amor, pero también se presta un servicio humanitario y, finalmente, frente a un muñeco se queman los peores momentos vividos en el año que termina.

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