EL ESCULTOR DEL VALLE

EL ESCULTOR DEL VALLE

Mi papá era carpintero y mi mamá modista, entonces yo tenía que aprender algo , explica con su peculiar hablado de tono cantado el escultor y pintor vallenato Jorge Maestre Ramírez, cuyas obras enmarcan la historia de la Ciudad de los Santos Reyes.

21 de enero 2001 , 12:00 a.m.

Mi papá era carpintero y mi mamá modista, entonces yo tenía que aprender algo , explica con su peculiar hablado de tono cantado el escultor y pintor vallenato Jorge Maestre Ramírez, cuyas obras enmarcan la historia de la Ciudad de los Santos Reyes.

Este hombre de 47 años, estatura mediana, hijo de Raúl Maestre (fallecido) e Isaura Ramírez, nació en una casa del barrio Cañaguate, uno de los más tradicionales del viejo Valledupar, donde la flor que lleva el nombre matizó con su color amarillo esas calles polvorientas de aquellas épocas.

Allí, en un patio bajo la sombra de palos de mangos y cañaguates se le arrimaba a su papá en el taller de carpintería, y allí comenzó a despertarse en él la inquietud por hacer sus primeras vainas , transformando la madera mediante el cincel con el que tallaba troncos.

Mi viejo fabricaba muebles y arreglaba techos, y mi mamá le cocínaba a los primeros ricos del Valle , comenta Maestre en su taller, mientras agarra una navaja para moldear la plastilina de su nueva obra.

Recorrió todas las casas de los barrios Obrero, Centro y Cerezo, que junto al Cañaguate eran los cuatro sectores de la naciente ciudad. Mientras su papá trabajaba con sus amigos, a cuyo grupo llamaban Los Maconeros, Jorge Maestre era un chico inquieto que rayaba los rústicos pisos con carbón y pedazos de ladrillo, diseñando sus figuras.

Al comienzo, combinaba la pintura con el tallado. Luego, se inició en el claveteo haciendo mesitas y sillitas, hasta cuando diseñó su propia guitarra, tal vez inspirado por la magia de los grandes parranderos del Valle, que enamoraron a muchas parejas con los boleros y vallenatos que interpretaban con las seis cuerdas.

Gustó tanto mi guitarra, que el viejo Arturo Molina, el papá del acordeonero Gonzalo El Cocha Molina, quedó contento y me la dejó afinada, cuando yo apenas tenía 11 años , recuerda mientras bebe una cerveza, que lo relaja.

Se apasionó por los dibujos y todos las cincuenta hojas de todos sus cuadernos de su primaria en La Parroquial los terminaba con Tarzán en medio de hermosos paisajes, y muñequitos, que pintaba con dedicación. A los muñequitos, Maestre les contaba sus ilusiones.

Allí mostró su casta y un día, haciendo alarde de su osadía, elaboró una maqueta con réplicas de la plaza Alfonso López y su escuela, que merecieron los elogios del rector del plantel, Miguel Arroyo.

En 1968 mostró su talento en un concurso público de la Cámara de Comercio, donde su maestro de pintura, Carlos Julio Márquez Kajuma , ocupó el primer lugar; Efraín Quintero Molina El Mono , el segundo, y Maestre, el tercero.

Seguí los consejos de Kajuma , haciendo mis pinturas sobre óleos con estilos del renacimiento, las vírgenes de Bartolomé Esteban Murillo, bodegones, etc.

Salpicado por ese espíritu artístico, estudió artes en la Universidad del Atlántico, donde se graduó en 1975 y aplicó lo aprendido por sus profesores Emilio Moraz y Alvaro Barrios, entre otros.

Sus esculturas.

Al regresar a Valledupar, con sus amigos Hermel Daza Torres, Beto Herazo Palmera y Alvaro Martínez Torres propuso la creación de una escuela de bellas artes, y la administración del alcalde Edgardo Pupo la hizo realidad.

Entonces fue profesor de pintura, y como no había quién enseñara escultura, asumió esa responsabilidad.

Se metió de lleno al tejemaneje de la escultura, y con sus alumnos Daniel Araújo, Johnny Ochoa y Yeny Uhía buscaron cemento y varillas en el comercio para fabricar el primero monumento, Las Lavanderas, para hacer un reconocimiento a esas mujeres que sol a sol, con su manduco, restregaban las ropas a orillas del río Guatapurí. La figura fue instalada en el parque Novalito en 1984, pero los vándalos la destruyeron.

Dos años más tarde hizo a El Viajero, también de cemento, que corrió con la misma suerte de Las Lavanderas. Sin embargo, el Banco de la República patrocinó la reconstrucción del monumento, que fue elaborado en fibra de vidrio e instalado en el parque que ahora lleva el nombre del banco.

Cuando fue alcalde, Miguel Meza Valera le propuso a Maestre hacer el Cacique Upar, una escultura monumental que está en la glorieta del Terminal de Transporte, y luego Los Músicos, que instaló en la glorieta de La Ceiba, donde evocó al hombre que defendió la tribu de los indios Tupes frente a los españoles conquistadores y a los intérpretes y ejecutores que han hecho grande el folclor vallenato, respectivamente.

Cuenta que una mañana llegó a su casa el periodista Ismael Calderón, presidente del Círculo de Periodistas de Valledupar (CPV), para que le hiciera un trofeo del Cañaguate, y enseguida replicó: Si quieres algo literario para premiar a los periodistas y personajes destacados, lo más original sería una sirena vallenata . Y, a los dos días, presentó la muestra.

En la Noche de los Mejores , el alcalde de Valledupar, Rodolfo Campo Soto, recibió una sirena vallenata como reconocimiento a su labor en 1994. No pasó mucho tiempo cuando el mandatario le sugirió: Por qué no hacemos una sirena para instalarla en el balneario Hurtado? .

Y fue así como la encantadora figura mitad mujer y mitad pez quedó imponente frente al río Guatapurí, para recordar la leyenda de aquella muchacha que un Viernes Santo desobedeció a su padre y se fue a bañar en el río, donde desapareció de manera extraña, dejando sólo el testimonio de sus melodiosos cantos en las noches solitarias.

Luego, Campo le comentó que el proyecto del Parque Lineal de Hurtado, diseñado por el arquitecto Santander Beleño, contemplaba la instalación de unos poporos, para compenetrarse con las tribus indígenas que habitan la Sierra Nevada, que en esos utensilios machacan la hoja de coca que luego mastican mitigar el cansancio.

Los Poporos los hizo en bronce, en Bogotá, donde estudió la fundición de ese material para hacer más resistentes las figuras. Después de seis años de olvido, Los Poporos terminaron instalarlos frente al coliseo cubierto Julio César Monsalvo Castilla.

Aprovechando la celebración de los 450 años de la fundación de Valledupar, el pasado 6 de enero, Maestre le sugirió al alcalde Johnny Pérez Oñate hacerle un monumento al español Hernando de Santana, fundador de la ciudad. Su idea se cristalizó en un monumento de 5 metros de altura que pesa una tonelada, y que fue montado recientemente en la llamada Glorieta del Tractor.

Maestre también hizo la Juana Lugan, una monja de origen francés que está en la glorieta de la Casa del Abuelo, y trabaja en su taller la imagen del filósofo Rafael Carrillo Luquez, de 2,10 metros de alto y 400 kilos de pesos, que estará frente a la Biblioteca Departamental, que será inaugurada el próximo año.

También hizo Los Morrocoyos, de Aguachica y Las Almojabaneras, del municipio de La Paz.

Mi estilo es realista: soy un vallenato que conoce la idiosincrasia de esta tierra; por eso, mis monumentos representan nuestra verdadera historia", sostiene Maestre mientras expele el humo de un cigarrillo, como para liberarse de tensiones y seguir moldeando sus obras.

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