Los misterios según Resnais

Los misterios según Resnais

Mito viviente del séptimo arte, con 88 años de edad: Alain Resnais (pronúnciese René). Creador de un cine moderno, intimista y racional, que contiene reflexiones y lecturas visuales de pensamientos mediante la figura del narrador desconocido. Basta evocar la autoría de sus dos primeras obras maestras: Hiroshima mon amour (1959), en el emblemático inicio de la Nueva Ola, y El año pasado en Marienbad (1960). Entre la realidad y la fantasía, sus juegos del gato y el ratón, o de perseguidores y perseguidos, conllevan viajes a través del tiempo y la reconstrucción de la memoria con sus consecutivos olvidos o silencios.

16 de diciembre 2010 , 12:00 a.m.

En su última película, premio excepcional del Festival de Cannes 2009, un simple acontecimiento como el raponazo en cámara lenta de una billetera desata la cadena de casualidades y complejas o contradictorias relaciones humanas que insinúan abismos insondables. Tragicomedia romántica, con pinceladas mágicas o surrealistas, que trae la metáfora de aquellas ‘hierbas salvajes’ que crecen en paredes, pisos y tejados. Porque Resnais, el cineasta fundamental de las huellas que deja el pasado, aún conserva las influencias de sus documentales artísticos (Guernica), sensoriales (Toda la memoria del mundo) o políticos (Noche y niebla).

Además de cultivar las tradiciones del romanticismo (idealización de la realidad e imposibilidad de amar), Resnais encarna el modernismo de las historias paralelas en el tiempo (intervención del lenguaje de los sueños y el subconsciente). Cuando recurre a experiencias vivenciales de naturaleza autobiográfica (“no soy amigo de recrear lo cotidiano, tampoco de reproducir gestos”), el octogenario autor de origen bretón reitera la búsqueda de contactos, evidencias sentimentales y conexiones laberínticas que desembocan en misterios no siempre aclarados.

Una estructura fílmica nada convencional, en donde su método antinarrativo sobrepasa la transcripción visual de textos escritos y guiones de hierro concebidos por escritores de oficio. Por vez primera, él mismo adaptó una novela (El incidente) con la destreza que les imprime a sus actores y la disposición de crear circunstancias particulares en una crónica de atracciones o choques paralelos desde las calles de París, un gabinete dental y el espacio aéreo de los fines de semana.

laurens@etb.net.co

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