AL SON DE TRES CUBANOS

AL SON DE TRES CUBANOS

Es una tarde de domingo, y llueve. Sobre la chimenea agonizante, una grabadora le da paso a unos merengues poco conocidos. En la casa de Francisco Gatorno, incrustrada en los Cerros Orientales de Bogotá, se confunde la algarabía de las mujeres en la cocina con los choques de los vasos al brindar.

05 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Es una tarde de domingo, y llueve. Sobre la chimenea agonizante, una grabadora le da paso a unos merengues poco conocidos. En la casa de Francisco Gatorno, incrustrada en los Cerros Orientales de Bogotá, se confunde la algarabía de las mujeres en la cocina con los choques de los vasos al brindar.

Rolando Tarajano, experto barman, mezcla en un vaso de plástico unas hojitas de yerbabuena, zumo de limón, hielo, soda y ron: prepara el tradicional mojito cubano. Roberto Escobar, el tercer cubano de esta historia, saluda muy efusivo, mientras los otros dos le reprochan su tardanza.

Colombia es para ellos más que un lugar de paso. Roberto vino por siete meses, lleva siete años y se casó con una colombiana. Rolando, que dejó la isla hace más de tres años, ya está echando raíces en este país. Francisco llegó apenas hace un mes. Los tres participan en Amantes del desierto, telenovela producida por RTI para Telemundo y que pronto estrenará el canal Caracol.

La nostalgia prima. Francisco y Rolando no se veían hace ocho años. Porque esas cosas pasan en Cuba , afirman al unísono. Su amistad de 20 años les da licencia para pisarse las palabras. A los 17, se hicieron amigos. Estudiaron actuación en el Instituto de Artes de la Habana, rodaron su primera película de cine juntos, Una novia para David, y compartieron una habitación y las tablas en Angola (Africa).

Roberto no hace gala de su fama de hablador. Simplemente asiente cada vez que escucha: Los cubanos somos bulliciosos o no recomendamos una reunión donde haya más de cuatro cubanos, porque no dejan hablar . Afortunadamente, aquí son sólo tres.

Juntos, y revueltos.

Este trío comparte las mismas raíces, aunque no los caminos de la vida. Roberto, oriundo de Camaguey, salió de Cuba a los 3 años, rumbo a Miami (E.U.) Contraste entre dos mundos, pues Rolando- de Matanzas- y Francisco- de Santa Clara- , crecieron sin conocer el signo dólar, y sin interesarles. Pero aunque dejar la isla no era su obsesión, reconocen que pertenecen a una generación de artistas rebeldes con ganas de conocer el mundo.

Por eso no importa que uno de ellos dejara su tierra a muy temprana edad y que los otros se educaran bajo la doctrina soviética. Caribe es Caribe , concuerdan. Juntos, han recordado los dichos de su tierra, el ron, los habanos, la música de Silvio Rodríguez, Amaury Pérez, Santiago Feliú, Carlos Varela, Juan Formell y los Van Van.

Pero extrañan a Cuba. Sobre todo los momentos en que el tiempo no importaba, solo estudiar. Ahora solo se trabaja por la plata , dice Francisco, el idealista. Y Roberto, el que sí conoce el signo dólar, le responde: Esa es la esencia del que se mete a la actuación .

Ellos, unidos por la tierra y la amistad, se aceptan sus propias las críticas. No se puede negar. Los brazos de Rolando son la muestra de cuánto se le permite a un amigo. Roberto diseñó los tatuajes que el personaje de Rolando requiere para la telenovela. Mientras los muestra, y terminan un whisky, los llaman a la mesa. El arroz imperial está servido.

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