No deje que el invierno congele los polvos

No deje que el invierno congele los polvos

El frío baja las ganas y la calidad del polvo, así de simple. Tanto que siempre me ha parecido digno de aplauso todo aquel que se atreve a abordar una faena erótica con los pies yertos y la nariz aguada, a causa de las bajas temperaturas que por esta época rondan al planeta.

12 de diciembre 2010 , 12:00 a.m.

No estoy diciendo que las ganas se congelan. ¡Nada de eso! Simplemente, que pocos grados en el ambiente hacen que todo se repliegue, porque el cuerpo necesita guardar energía. Eso hace que una erección sea un verdadero desgaste y un orgasmo todo un exceso, si las condiciones no son las adecuadas. Mejor dicho, la tiritadera riñe con ‘aquello’.

Eso no significa que los esquimales no se encaramen unos sobre otros así sea para reproducirse, ni que una noche helada impida visitas al departamento inferior del cuerpo. ¡No! Lo único que se requiere es estar, literalmente, caliente para el otro… y viceversa. La idea es que el sólo contacto de la piel sea estímulo suficiente para despertar las ganas.

Debo decir, por supuesto, que esto necesita cierto talento, si no se quiere que la escena se convierta en la lúgubre cercanía de dos cuerpos cubiertos hasta los ojos, tratando de encontrar excusas válidas para justificar la apatía mutua.

Repito la regla de oro para estos casos: un polvo no calienta… Necesita calentarse para funcionar bien. Empiece, entonces, por buscar un ambiente tibio y plácido; olvídese de los callejones, la intemperie, la playa, el bosque y los prados, porque en esos lugares no se para ni el moco cuando hay frío. Busque una chimenea, una buena calefacción o, por lo menos, un cuarto bien cerrado.

Alargue los juegos previos, las caricias y los besos, antes de quitarse la ropa. Nada más anafrodisíaco que un cuerpo en pelota, frío, morado y tembloroso.

Recuerde que la punta de la nariz y los lóbulos de las orejas son los mejores termostatos: si ellos están calientes es hora de empezar a sacarse la ropa, pero poco a poco. Ahora, si vuelven a enfriarse, pare y continúe acariciando.

Si tiene una tina cerca o un jacuzzi, úselos. Es el momento. Un baño en pareja es arrebatador, siempre y cuando no sea muy caliente, porque terminarán dormidos antes del aquello.

Como las temperaturas bajas en extremo disminuyen la circulación de la planta baja, algunos juguetes, como los masajeadores, están permitidos. Utilícelos con imaginación.

No se dé pausas y, en el después, no olvide, por nada de este mundo, abrazar.

Así su pareja se mantendrá tan caliente como usted, y lo más seguro es que al despertar no tendrá que empezar de cero. ¡Ah!, no permita que el clima lo convierta en uno de esos hornos que sólo sirven para calentar. Créanme: los polvos de invierno, sin gorros, se disfrutan más. Hasta luego

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