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GENTE COMO FRED

GENTE COMO FRED

Hasta en el hecho de pasar a recibir la medalla Guillermo Cano, en medio de los aplausos de los asistentes y bajo los reflectores del Salón Rojo del Hotel Tequendama, fue un hombre discreto, que es su forma esencial de ser en la vida. Y es que Fred Erik Jacobsen Leyva, condecorado esta semana por el Círculo de Periodistas de Bogotá, parece un caballero de otra época.

Por todo. No le gusta el protagonismo ni la pantalla. Es un hombre feliz que no utiliza la envidia y el descrédito ajeno para abrirse paso por la vida. Y es un tipo de una sola pieza, que pertenece a su colegio, a su universidad, a su empresa y a su matrimonio, como un inquilino amable de la vida.

Yo en cuanto a épocas de mi vida dice Jacobsen no puedo mencionar sino cosas agradables. El colegio, la universidad, la empresa, el país... he sido absolutamente feliz .

Habla con la voz, que no con el acento de sus antepasados daneses, de los que heredó la idiosincrasia: afables, hospitalarios, alegres en una mezcla que se arraigó en Colombia a fines del siglo pasado.

Le gusta recordar a sus antepasados. Tiene sus fotos (de dos, tres generaciones atrás), en un rincón de la sala de su casa, donde se siente el peso (que no el paso) del tiempo.

Su abuelo se llamaba Fred Erik Jacobsen, como él (alternan el nombre unido y separado por generaciones: su padre se llamaba Frederik, lo mismo que su hijo).

Vino a Colombia como cónsul de Dinamarca y Noruega, a mediados del siglo pasado. Jacobsen lo recuerda como una presencia decisiva en su vida, una influencia más allá de la vida en común (murió cuando él tenía 8 años).

Fue uno de los fundadores del Gimnasio Moderno, que se convertiría en el claustro tutelar de la familia, y de donde egresarían su papá, él y sus hijos.

Ahí comienza, en el Gimnasio, una de las constantes de Jacobsen: el sentido de pertenencia, que se ha perdido en la Colombia de hoy, afanada y violenta.

Duró allí 13 años, y fue desde el principio la encarnación misma del espíritu familiar, que rendía culto al deporte y que hacía de sus miembros seres gustosos por la vida, por el mundo que tenían ( no hay otro tiempo que el que nos ha tocado , dice Serrat).

María Isabel Aparicio la esposa de Jacobsen, la esposa de toda la vida, claro refleja eso al recordar a su suegra: Era una mujer que siempre tenía una sonrisa .

Pero con la alegría, el papá infundió a Jacobsen el sentido del trabajo, como valor, como condición de vida e independencia. El primero dice fue cuando tenía 10 años. En una imprenta. Yo era el chino de los mandados .

Tenía esa idea al salir del Gimnasio y comenzar a trabajar en Sears de Bogotá. Llegó con ella a Los Angeles, adonde marchó para estudiar Administración de Empresas, después de descartar la Medicina y la Aviación, a las que había coqueteado cuando niño.

Los cuatro años que pasó allá, de 1955 a 1959, ya sobra decir como los describe Jacobsen (puede cansarse el lector o no creer cuando escucha a un hombre decir que todo lo que le ha pasado ha sido feliz): Fui feliz .

Al volver, entró a trabajar en Intercor, empresa que entonces se dedicaba a la explotación petrolera donde comenzó una carrera que, como la del matrimonio, fue de fondo. Toda una vida A Fred Jacobsen le dio el Círculo de Periodistas de Bogotá la medalla Guillermo Cano por su trabajo en la formación de periodistas. Durante más de 15 años colaboró en el montaje de aproximadamente 20 seminarios sobre la Etica, el periodismo deportivo, la información judicial, la Constitución de 1991, etc.

Todo lo hizo vinculado a Esso Colombiana, de donde se retiró en diciembre del año pasado, después de trabajar en ella o en sus empresas afiliadas desde el 2 de marzo de 1959, y pasar por varios trabajos (las relaciones públicas, su menester, el oficio en el que es maestro, las comenzó propiamente en diciembre de 1977).

No hay duda que nació para relacionarse con la gente. Es interesante la concepción de relaciones públicas que hay en nuestra empresa dice, porque no deja de sentirse miembro de ella. Porque aquí algunas personas piensan que relaciones públicas es hacer cocteles y divertir a la gente. En la empresa es el manejo de la imagen corporativa. Para eso hay que desarrollar una serie de programas importantes alrededor de ayudas a la comunidad y contacto con los medios de comunicación .

En ese sentido, y en el de formar y educar que entiendo como la mejor forma de ayudar a los seres humanos , tiene una larga lista de logros, que pudo realizar gracias a la permanente colaboración de Ramón de La Torre, el presidente de la empresa. La resurrección de la revista Lámpara, la Fundación Exxon Colombiana, las Unidades Móviles de Salud y Agricultura en el área de Sabana de Torres y todo lo creado alrededor de El Cerrejón Zona Norte, en la Guajira, una región que Jacobsen tiene metida en el alma.

Ayudar a los seres humanos es solo otra faceta de la única que tiene Jacobsen: su interés por la gente. No hay nada que se lo dispute. Ni siquiera su pasión por la fotografía, su interés por la astronomía o por la lectura de Selecciones o su manía de coleccionar cachuchas que guarda en un cuarto que podría ser asolado si lo visita un gomelo .

Ese es Fred Jacobsen. Nada lo define mejor que esta opinión de María Isabel, con quien se casó en 1961 y tiene tres hijos: Fred cree en Dios con toda sencillez. Piensa que la gente es buena y es auténtico. Esa manera de ver la vida con alegría y positivismo le ha servido para tener éxito. Y la inteligencia le ha servido para vivir feliz . SIETE MANDAMIENTOS Asi resume Fred Jacobsen lo que se necesita para tener éxito en las Relaciones Públicas de una empresa: 1. Una gran dosis de discreción y de tacto en el manejo de las relaciones externas de la compañía. 2. Conocimiento exacto de lo que sucede al interior de la compañía para poder transmitirlo adecuadamente al exterior. 3. Preocupación por la imagen corporativa. 4. Gran sensibilidad hacia la comunidad, para que la empresa colabore en la solución de sus necesidades. 5. Manejo precioso del trato con las personas. 6. Construcción de relaciones en forma previa y permanente. Para que cuando se tenga un problema se sepa a quién acudir. 7. Tener una esposa querida (y comprensiva).

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