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Victoria's Secret descubre a su ángel

Victoria's Secret descubre a su ángel

Así es como un ángel se gana las alas. Primero, nace en algún sitio, como Bielorrusia o Florianópolis, el lugar en el sur de Brasil donde hay muchísimas personas con nombres alemanes producidos a lo largo de los siglos, o, bueno, Saskatchewan.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de noviembre 2010 , 12:00 a. m.

Después, el ángel se hace hermoso (no existen los ángeles poco agraciados). Lo siguiente es descubrir al ángel, muy probablemente en un centro comercial. En este punto, el ángel no se da cuenta de que lo es, porque el proceso de convertirse en uno lleva tiempo, se requieren orientación, apoyo y milagros, y, está bien, el ocasional novio de mala pinta, así como la decisión de Steven Meisel, o de un fotógrafo de modas que crea estrellas, para elegir a una mujer entre las miles que gustosamente entregarían a su primogénito por tener la oportunidad de estar frente a sus lentes. Aunque no hay duda de que el sueño de cantidades incalculables de aspirantes a ser descubiertas gracias a una convocatoria de Victoria's Secret –con su belleza tan radiante que se elevan por encima de las filas de las humanas comunes de carne y hueso, y aparecen como supernovas en ropa interior y tacones de estríper–, la verdad es que quienes están destinadas a quedar incluidas en el codiciado papel de Ángel no salen de la población en general.

No hay democracia en la tierra de los ángeles. “Seleccionamos a 30 modelos, pero las agencias nos envían 10 veces esa cantidad”, dijo hace poco Edward Razek, el principal ejecutivo de Mercadeo de Limited Brand, la empresa matriz de la marca, antes de una sesión de selección para el desfile de Victoria's Secret de este año. “Y a 100 veces esa cantidad les encantaría”, dijo Razek. “Por eso no me gusta seleccionar, porque soy un buenazo, y odio decir que no”. Son pocas las ocasiones en las que se oye la palabra ‘no’ en un casting de Victoria's Secret, al menos no para que lo alcancen a oír las aspirantes. Lo que escuchan en cambio, durante los 120 segundos que dan a cada una para presentarse ante un panel especializado, son frases anodinas, ‘Encantadora’, ‘Gracias por venir’, ‘Repítalo, por favor, con un poco más de energía’. Son pronunciadas por Razek y Mónica Mitro, la productora ejecutiva del desfile; Alexander Werz, director de desfiles de modas; John Pfeiffer, director de casting, Sophia Neophitou Apostolou y Dan May, dos editores de Londres (Harper's Bazaar y 10 Magazine), que sacan tiempo entre viajes en jets para fungir como estilistas bien pagados de marcas mundiales. Ellos, que decidieron el destino de los ángeles, estaban sentados en una mesa plegadiza, a unas 10 zancadas de una mampara hecha con un estante para panties y sostenes de Victoria's Secret. Detrás de la mampara, por cerca de tres horas, algunos de los seres más hermosos del planeta se fueron quitando la ropa de calle para ponerse un conjunto para la audición: un sostén terminado en satín, un bikini de encaje y tacones de plataforma color champán. “Es probable que el número de personas que pueda hacer esto sea menor a 100 en el mundo. Y en el desfile son sólo 30 chicas” (en realidad, 33 este año), dice Razek. La fantasía es tan poderosa que Limited, la empresa matriz de Victoria's Secret, registró un incremento de 12 por ciento en ventas comparables de septiembre respecto de ese periodo del año anterior. Ese crecimiento lo encabezó la división Victoria's Secret, que aumentó 13 por ciento este año. Y sus resultados de octubre son incluso más fuertes. Podría decirse que es el efecto del levantamiento de la Curva Gel. .

La elección .

Esa mañana nadie pensaba en nada de eso. Todos estaban concentrados en Carolyn Winberg, una modelo sueca, algo masculina, abdomen plano, escote limitado, glúteos definidos y cabello rubio, que, como el de tantas modelos exitosas, estaba crispado por peinarlo tanto y ahora tenía la textura de la viruta. “No importa el cabello”, dijo Mitro después de que Winberg se cambió, caminó, sonrió, rió, se volteó y se volvió a cambiar, metió sus cosas en la bolsa de TGI Friday's y, soplando un beso hacia el panel, salió del salón. La siguiente fue Bruna Tenorio, una aguileña belleza brasileña, preferida por diseñadores europeos para sus desfiles de alta costura; seguida por Chrishell Stubbs de 18 años, recién llegada, con cascadas de rizos oscuros; Marloes Horst, una madona de Memling, con un bikini de encaje de malla; Liu Wen, de Pekín, con piernas más largas que las de la mayoría de los basquetbolistas; Cameron Russell, estudiante “muy de medio tiempo” de una maestría en Economía en Columbia; Rosie Huntington-Whiteley, mejor conocida como el reemplazo de Megan Fox en Transformers 3; Maryna Linchuk, una joven de Bielorrusia que, aunque ya fue ungida como ángel, volvió a hacer la audición este año porque, según Mitro, los cuerpos sí cambian. “No los ves un minuto, y...”, dijo Mitro y se calló. Sostuvo las manos ahuecadas haciendo el gesto universal para las caderas tan anchas como un establo. ¿Hace falta decir que ningún ángel de Victoria's Secret es gordo? Sí, hace falta. No se puede esperar que una persona alcance las alturas angelicales con una dieta de postres congelados o rollos de canela. Quizá sólo sean segundos, que fue todo lo que llevó a Linchuk ganarse al panel, en parte porque es hermosa y rubia genuina, pero también porque es briosa y eficiente.Y hace ejercicio cinco días a la semana. La modelo Angela Lindvall, otro ángel ocasional, comparó su particular línea de trabajo con la de un boxeador.

La propia Lindvall se deshizo de nueve kilogramos que le quedaron después del embarazo para alcanzar el peso de ángel, saltando la cuerda y subsistiendo a base de espinacas, acelgas y col rizada. La preparación para la audición de este desfile es quizá de 12 semanas, explica Justin Gelband, entrenador personal conocido como el ‘Susurrador de las Modelos’. “Nos hemos estado matando por este desfile”, explicó, refiriéndose a clientes como Linchuk, Shayk y Anne Vialitsina, una modelo cuya carrera ha tenido altas y bajas por pequeños aumentos de peso, pero cuyo físico ese día fue tan increíblemente adecuado, que provocó una exclamación colectiva. “Todo esto parece sencillo, pero no lo es”, dijo Neophitou Apostolou, la editora y estilista. “No son sólo mujeres con cierta forma o talla las que pueden hacer esto, aunque se pudiera pensar que sí. Y no es una propuesta tan obvia”: elegir entre tantas mujeres sin defectos a las que harán la transición al estatus de míticos serafines de la lencería. Se llama a pocas, y se elige a menos aún para que usen alas ajustadas con correas de un ángel de Victoria's Secret. “En realidad, las chicas sueñan con eso”, dijo Mitro, refiriéndose a usar las plumas. Hojeando un álbum de recortes, señaló una foto de una modelo llorando, que parecía tambalearse por el peso de un traje que podría haberse puesto Cher para una ceremonia indígena. “Estas”, dijo, “son las alas que la hicieron llorar”.

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