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Esperanza para jóvenes de C. Bolívar

Esperanza para jóvenes de C. Bolívar

El sueño de un visionario, el padre Gabriel García Herreros, no terminó con la transformación que la educación produjo en el barrio Minuto de Dios, un lugar habitado por 70 familias pobres que, con 50 centavos, pagaban la escuela de todos sus hijos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
26 de noviembre 2010 , 12:00 a. m.

La emoción de Herreros, al ver que los niños de su barrio terminaban su primaria y luego su bachillerato lo hizo inmediatamente pensar en la necesidad de crear una institución tecnológica. “Él hablaba como si la idea fuera un hecho en 1962”, dijo el padre Camilo Bernal Hadad, ahora rector de la Universidad Minuto de Dios.

Treinta años después, el sueño de García Herreros se logró. En 1992 la universidad era un hecho con 226 estudiantes. Paradójicamente, ese mismo año murió, con la satisfacción de haber promovido educación superior de calidad para los más pobres. “En el 2000 ofrecíamos programas completos de formación técnica y tecnológica. La educación cambió en este barrio. El 95 por ciento de la población se hizo bachiller y el 60 por ciento universitario. Al poco tiempo decidimos llevar esos mismos programas al sur de la capital”, dijo Bernal. Eso se logró porque el padre Camilo, como profesional de la Universidad de los Andes, se dio cuenta de que muchos profesionales terminaban trabajando en áreas especializadas para técnicos o tecnólogos. “¿Para qué una carrera tan larga si lo que necesitan los jóvenes de bajos recursos son oportunidades buenas de trabajo? No todo el mundo tiene que ser doctor: lo que se necesita es un recurso humano bien preparado”.

En Bogotá, por ejemplo, se empezó a formar jóvenes en construcción, logística y centros de contacto. Sólo una idea seguía rondando al padre Camilo: no sólo traerse jóvenes del sur a estudiar a la ‘Uniminuto’ con becas y créditos, sino llegar a Ciudad Bolívar con un centro de formación. Otro sueño comenzaba a forjarse.

Ciudad Bolívar Los recorridos que el padre Camilo hacía junto al padre Garcia Herreros en el sur de Bogotá fueron los que lo motivaron a llevar educación a una de las localidades más abatidas por la violencia y la pobreza.

En 1996, esos mismos recorridos los hacía el padre Camilo con otros sacerdotes que decidieron al poco tiempo crear una parroquia. “Ahí empezamos a llevar jóvenes al Minuto a estudiar pero, cuando íbamos en doscientos, nos dimos cuenta de que muchos jóvenes hacían esfuerzos enormes para llegar hasta el Minuto. Eso era muy duro para ellos”.

Por eso comenzó otra tarea: la de que esos muchachos pudieran cursar sus estudios utilizando sedes de colegios en Ciudad Bolívar como el San Bosco.

“Estábamos felices porque 60 jóvenes fueron becados y no tenían que desplazarse tan lejos de sus casas. Podían estudiar los mismos programas”, dijo el padre Camilo.

El número de estudiantes en el sur aumentó debido a que el Minuto logró trabajar en nueve colegios del sur: Bosa (2), Ciudad Bolívar (2), Tunjuelito (2) y Usme (2). Pero faltaba más: una sede propia

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