DESGRACIAS DE LI QINZHAO

DESGRACIAS DE LI QINZHAO

En el actual Jardín de Aguas Naturales de Baotu dicen que estuvo una de las residencias de Li Qingzhao. Dos cuartos se dedican a su memoria, con ediciones recientes de sus obras y, en el centro, una estatua de mármol. Hay también tarjetas postales y llaveros con su figura. Numerosos fueron los poetas y escritores de la dinastía Song (960-1279), cuyos primeros cien años son otro de los momentos de desarrollo y creación del medioevo. Pero una mujer se destaca como el más grande artista de su tiempo: Li Qingzhao (1081-1279). Nacida en Ji nan, su padre fue un secretario de segunda clase adscrito a la Junta de los Ritos, un erudito y un prosista, y su madre, la nieta del primer ministro de la dinastía anterior. Pasó su juventud en Licheng, cerca a Ji nan, estudiando y escribiendo, de tal manera que pronto ganó prestigio por la calidad de sus poemas y sus prosas. A los dieciocho, la casaron con Zhao Mingcheng, un joven intelectual de ventidós, estudiante de la Academia Imperial.

14 de febrero 1993 , 12:00 a.m.

A pesar de ese matrimonio de conveniencias, la joven pareja se entendió bien desde el principio: eran aficionados al conocimiento, tenían un desdén común por los convencionalismos e iguales intereses literarios. Durante los primeros años de su matrimonio, se las arreglaban para vender algunos de sus objetos y ropas y comprar libros, en las ferias locales, que les permitieran pasar semanas aislados del mundo. El talento y el carácter de Li Qingzhao reñían con las normas sociales medievales. Sus poemas eran rebeldes y audaces, en especial los amorosos, que fueron criticados en varias ocasiones por moralistas y letrados.

Li Qingzhao y Zhao Mingcheng vivieron durante el más decadente y reaccionario de los períodos del reinado del último emperador de la dinastía Song del Norte. Las amenazas de los nómadas eran constantes, igual que las intrigas palaciegas. Jóvenes, como eran, llegaron a creer que podían aislarse de los acontecimientos y las adversidades políticas, realizando sus ideales y buscando apenas un poco de felicidad. Pero el padre del Zhao Mingcheng había colaborado con el poderoso Cai Jing, que llegó a primer ministro, mientras el padre de Li Qingzhao tomaba partido por los enemigos de este, quien le exilió al llegar al poder. Al morir el padre de Zhao Mingcheng y como su familia quedara en la ruina, la pareja regresó a Qingzhou junto a los familiares de la poeta. Despreciando la burocracia por considerarla vulgar y confiando solo en las virtudes de la escritura o la compilación de libros eruditos, llevaron por varios años una vida frugal, invirtiendo sus ingresos en la obtención de libros, pinturas, sellos y otras curiosidades. Cada vez que sabían de la existencia de un libro raro, lo prestaban a las bibliotecas gubernamentales y hacían una copia. De esa manera se hicieron a una considerable colección de libros y objetos de arte que fueron clasificando y evaluando. Uno de los poemas de entonces expresa su deseo de aislarse de la realidad: Confundida en el cielo con las nubes flotantes y la niebla temprana,/ la Vía láctea está desapareciendo en una danza de mil naves.

Como en un sueño he vuelto al Palacio Celestial/ y oigo al Emperador de Jade hablando/ y preguntando, insistente, a qué estoy ligada./ Respondo que el camino de la vida es largo y estoy envejeciendo,/ que apenas he logrado unos pocos e inusuales poemas./ Ahora el pesado roco, de diez mil li ha emprendido el vuelo./ Ojalá el viento siga empujando mi pequeña barca/ hasta la tierra de los inmortales./ Pero los levantamientos y las crisis no cesaban. En 1127, cuando Li Qingzhao tenía 44 años, los invasores Jin capturaron Kaifeng, la capital de la Dinastia Song del Norte. El Emperador fue hecho prisionero y el gobierno fue trasladado al sur. En ese momento, la pareja se hallaba en Zizhou, donde Zhao Mingcheng tenía un puesto oficial. Cuando la poeta llegó a Qingzhou, la mayoría de sus pertenencias estaban reducidas a cenizas.

En 1129, el ejército Jin se dividió para atacar desde diversos lugares, mientras varias guerrillas les oponían resistencia. El imperio Song había caído en el caos total. Cuando Zhao Mingcheng iba a instalarse temporalmente en Chiyang, un decreto imperial le invito a una audiencia con el emperador, en Jiankang, con el fin de nombrarle prefecto de Chaozhou. Dice la leyenda que la poeta tuvo una premonición que le indicaba que sus días de relativa felicidad habrían de terminar. El 13 de junio de 1129, Zhao mingcheng dejó a su mujer en un bote que la llevaría hasta Chiyang. Ella se preguntó qué debía hacer si las cosas empeoraban. El le respondió que debía deshacerse poco a poco de las pertenecias y los libros, pero nunca de las tabletas de sus antepasados. Li Qingzhao vio por última vez a su marido alejándose al galope frente a un sol resplandeciente. Al llegar a Jiankang cayó enfermo y murió el 18 de agosto de ese año. Li Qingzhao tenía cuarenta y seis años. Sin dónde quedarse en Jiangkang y con la guerra en su peor momento, decidió seguir a otros refugiados, buscando la protección de algunos parientes en Hongzhou. La ciudad cayó tan pronto ella llegó y tuvo que huir de nuevo.Y otra desgracia cayó sobre ella.

Un hombre había ofrecido a su marido, en los buenos tiempos, una vasija de jade, pero Zhao Mingcheng rechazó la oferta. Al morir, las malas lenguas dijeron que esa pieza había sido presentada a los enemigos por la familia de su marido como muestra de lealtad y, por tanto, debían ser castigos por la corte Song. Rogó a algunos amigos que explicaran el incidente e incluso para demostrar su fidelidad, siguió el camino del Emperador recorriendo Hangzhou, Yuezhou, Wenzhou, Jinhua y otros lugares en Zhejian. Todo lo perdió en el camino, quedando para siempre sin hogar y en la miseria.

Se dice que luego se casó con nombre llamado Zhang Ruzhou, cuando llegaba a los cuarenta y nueve años, pero aún no se sabe si eso sucedió y menos quién era el supuesto marido. Una viuda no podía volver a casarse según las tradiciones medievales chinas. La leyenda continúa diciendo que tres meses después del matrimonio, ella descubrió que su marido estaba involucrado en negocios corruptos y que le denunció, temiendo correr la misma suerte de él si era descubierto. Gracias a la intervención de algunos amigos, apenas estuvo en la carcel por unos días y de inmediato procedió a divorciarse. Desde entonces se le ha ridiculizado y despreciado. Cuando tenía cincuenta y un años, editó Una colección de epigramas, la última obra de Zhao Mingcheng, y redactó un prólogo donde recuerda los treinta y cuatro años que pasaron juntos. Uno de los últimos poemas que escribió es un patético retrato de sí y su tiempo: Como oro derretido es el ocaso,/ las nubes como Jade, / pero a dónde ha ido mi amado?/ Una densa neblina flota sobre los renuevos de los sauses/ y la melancólica tonada de una flauta/ se dilata entre botones de ciruelos/ Quién sabe que esto es un anuncio de la primavera?/ En el Festival de las Linternas/ hace buen tiempo, / pero quién sabe si no habrá una tormenta repentina?/ Un fragante carruaje tirado por preciosos garañones ha venido a buscarme,/ pero he declinado la invitación de mis amigos para beber y decir poemas./ En los prósperos días de nuestro país, en la capital,/ tuve tiempo para divertirme siendo niña;/ aún recuerdo mi gusto por el Festival de las Linternas./ Mi cabeza, de jade coronada./ Mis suntuosos vestidos / tocados con ornamentos de oro./ Ahora estoy pálida y mi piel es cetrina,/ mi cabello está descompuesto por el viento / y la bruma lo ha teñido de un gris horrendo./ Tengo miedo de salir a la noche./ Mejor me oculto tras las cortinas de bambú/ a oír la risa de otros. .

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