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La ciudad se llenó de moteles

La ciudad se llenó de moteles

Los establecimientos destinados al encuentro furtivo o cómplice de las parejas se han transformado y crecido en Bogotá de tal forma que hoy semejan verdaderos complejos residenciales.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de noviembre 2010 , 12:00 a. m.

Según un informe de la Secretaría Distrital de Planeación (SDP), en seis años los predios con uso de alto impacto, como los moteles, aumentaron 13 por ciento: pasaron de 760 en el 2004 a 859 en el 2010. Los reportes de las alcaldías locales apenas arrojan un censo de 170.

El subregistro de estos negocios es alto, porque algunos, que funcionan en zonas no autorizadas para tal uso, se disfrazan como hoteles o centros de hospedaje turístico. De ahí que algunos calculan que los amoblados podrían llegar a 2.000, si se miran los registros en la Cámara de Comercio de Bogotá. La alcaldesa de Antonio Nariño, Antonia Suárez, comentó, por ejemplo, que adelanta procesos contra cuatro moteles en el barrio Restrepo, que se presentaban como hoteles. En la localidad de Rafael Uribe, la asesora María Luisa Parra acaba de ordenar el cierre de un estadero que figuraba con registro hotelero.

Lo que resulta paradójico de este ‘boom’ es que mientras la ciudad mantiene un déficit de vivienda cercano a las 400.000 unidades, amplias zonas obtienen permiso para edificar moteles en tiempo récord. Esta contradicción se advierte en sectores como el barrio Restrepo, donde no se aprobó el uso de suelo para su tradicional industria de calzado, pero sí autorizaron áreas para el uso ‘motelero’, aseguró Suárez.

Nuevas zonas moteleras .

Para el coordinador del grupo POT de la SDP, Alejandro Restrepo, los moteles suelen aparecer cerca de los sitios donde hay más concentración de comercios, discotecas y oficinas, mientras que hace un lustro las ‘zonas moteleras’ se buscaban a la salida de Fontibón o la Autopista Sur, en el sector de Álamos (el famoso ‘triángulo de las Bermudas’) y en el centro. En el 2004, el 49 por ciento de las residencias se concentraban en Santa Fe, Los Mártires y Chapinero. Ahora, un 82 por ciento se halla en localidades como Kennedy, Fontibón, Engativá, Chapinero y Teusaquillo, según la SDP. En esos procesos, algunos amoblados se han conservado, como los de Álamos.

Otros han desaparecido, como ocurrió con el ícono de los moteles por mucho tiempo en Bogotá, Los Faroles, que funcionaba en la vía a Fontibón y terminó convertido en garajes públicos. La alcaldesa de esta localidad, Betty María Afanador, le decretó el cierre definitivo hace ocho meses. Mientras tanto, los moteles tomaron fuerza en nuevos sectores como Restrepo, entre las calles 16 y 18 Sur, de la avenida Caracas a la carrera 16, donde funciona el más costoso del sur de la ciudad. El llamado ‘rato’ (4 horas) en una habitación sencilla vale 50.000 pesos (véanse tarifas). Otras zonas en auge se encuentran en el barrio Carvajal (Kennedy), frente a Cuadra Alegre, de la calle 31 Sur, entre carreras 66 y 71; en Chapinero, de la calle 61 a la 65, entre carreras 15 y 16. Y en el norte, en la carrera 7a,.

entre calles 167 y 168. Todos aseguran estar amparados por la ley. “Muchos moteles se fueron a pique porque no se remodelaron y no se adecuaron a los nuevos tiempos. Los que sí lo hicieron están aumentando la clientela”, argumentó Óscar Triana, administrador del motel Rocamar, uno de los más reconocidos en el norte de Bogotá. María Diva Moreno, administradora del Maryland, agregó que “los nuevos moteles resultan más atractivos porque sus servicios son similares a los de un hotel”.

De hecho, los moteles modernos ya no exhiben las matas de chuzque, bambú y palmera que delatan las entradas de los hostales tradicionales. Tampoco tienen las habitaciones recargadas de espejos en los techos y paredes, camas decoradas con corazones ni la ventana pequeña para el pago e ingreso de bebidas y alimentos. Los nuevos amoblados que pululan por la ciudad son distintos: funcionan en lujosos edificios, con apariencia de hotel republicano, conjunto residencial o torre empresarial. Las habitaciones –suites– más parecen las de un hospedaje cinco estrellas. Y, naturalmente, cuestan porque ocupan más de 100 metros cuadrados y ofrecen singulares servicios: teatro en casa, salas de recibo, salas para escoltas, la silla erótica, los columpios de moda, la barra para la danza sensual... etc.

Las fechas más movidas.

En el norte, los jueves, y en el sur, los sábados Según un sondeo realizado con administradores de amoblados, las fechas del año que llevan más clientes hacia estos sitios son el Día del Amor y la Amistad y el Día de la Secretaria. En cuanto a los días, varían según la zona. En el sur, centro y occidente, el sábado es el de mayor afluencia. En el norte, los clientes acuden más el jueves (que se toma como ‘juernes’) y le sigue el viernes. Es un negocio cuyas cifras reales de lo que mueve se desconocen. Pero un buen motel en el sur puede atender un sábado 150 servicios y percibir, mínimo, 10 millones de pesos; en el norte, esos ingresos se quintuplican.

La diferencia entre motel y hostal.

Según el Plan de Ordenamiento Territorial, (POT) los moteles, hoteles de paso o residencias se destinan a la actividad del alojamiento por horas. Por ser de alto impacto, solo pueden funcionar en zonas aprobadas por Planeación. Las curadurías expiden sus licencias de construcción. Las alcaldías locales deben controlar estos sitios. Los hostales desaparecieron como figura en Bogotá, porque así se camuflaban antes los moteles.

82 POR CIENTO DE MOTELES Esta es la proporción de los nuevos amoblados que se han edificado, principalmente, en las localidades de Kennedy, Engativá, Restrepo, Fontibón y Teusaquillo

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