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Pero, aunque las cosas parezcan seguir el curso de la explotación del sexo y sus desviaciones, la violencia, el consumo de drogas, la brutalidad, etc., como medios de obtener sintonía (declaración de ANDA), necesariamente cambiarán. Y será así porque esa tendencia se puso de moda en EE.UU., donde el pueblo indignado, representado en todo tipo de ciudadanos, publica avisos de página entera en los principales diarios, atribuyendo al lenguaje delincuencial de la televisión la responsabilidad de estar levantando generaciones sin futuro. Y bien sabemos que todo lo que hace USA, aquí se usa.

En Colombia hay quienes durante años enteros han luchado por lograr que se entienda la dimensión de influencia que los medios tienen en el pueblo. Los conceptos claros, por ejemplo, de Fernando Gómez Agudelo, quien de una parte es consciente de que el mundo televidente es lobo , pero sustenta serias tesis sobre la forma como debe proyectarse la cultura a través de la televisión; los estudios, foros, debates y persistencias de Gustavo Castro Caycedo en torno al fenómeno de padres, hijos y televisión ; las denuncias contundentes de Carlos Delgado Pereira en el sentido de que el rating es una falacia, son apenas botones de muestra de cómo si hay quienes por encima de intereses comerciales o políticos entienden que el poder de la televisión ha de ser manejado con criterios de beneficio común. Es ahora cuando todo televidente debe sumarse a estas batallas insulares con el propósito de estructurar una mejor televisión, que en ningún sentido significa una televisión mojigata ni moralista y sí una programación popular, grata.

Ocasión excelente, tambien, para tratar de desterrar otros fenómenos tan graves como la violencia y el morbo, infortunadamente endémicos no sólo en las pantallas sino en casi todas las actividades nacionales: la mediocridad. No más programas de opinion como plataformas políticas, no más compra de libretos por kilos, no más copias ridículas de los peores programas gringos, mexicanos y venezolanos, no más musicales con escenarios de cartón, no más ladrillos partidistas que cortan la programación de medianoche, no más disculpas con el cuento del apagón. No más!

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