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La memoria viva de una tragedia

La memoria viva de una tragedia

Muchas veces intentó Juan David Correa llevar a la ficción la tragedia que vivió su propia familia en Armero. El lugar en el que murieron sus abuelos maternos, el mismo en el que creció su madre y que fue borrado por 450 millones de metros cúbicos de agua –que a su paso se convirtieron en lodo–, con los años se le había vuelto una obsesión a la que no lograba dar forma.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
20 de noviembre 2010 , 12:00 a. m.

Un viaje familiar y de fin de año a Mariquita –a media hora de Armero– le abrió la puerta a su madre, Consuelo Ulloa, para regresar a donde jamás pensó volver y a él para entender que su libro sobre Armero debía ser una “crónica familiar”, contada en primera persona.

Correa empezó entrevistando a su madre, que no estaba en Armero el 13 de noviembre de 1985, pero que después de la avalancha salió, en la madrugada, desde Bogotá en busca de sus padres, Otilia y Luis Ulloa, a los que nunca encontró. Como suele ocurrir, muchos detalles se habían ido, inclusive aquellos sobre su infancia en el pueblo al que tanto quiso. Para remediarlo, en medio de las entrevistas con su hijo Juan David, ella tomaba el teléfono y llamaba a amigos y familiares para que le ayudaran a recordar.

“Es doloroso cómo se le olvidan a las personas las cosas que más quieren, a pesar de sí mismas. A partir de esa primera conversación, entendí que no podía ser un libro sobre ella y mis abuelos porque ella se había ido de Armero a los 10 años”, dice Correa, quien comenzó su carrera de periodista en El Espectador. El barro y el silencio contiene, entonces, otros testimonios, amarrados todos al día de la avalancha: alguien que se fue ese día para Armero (Consuelo Ulloa), alguien que salió ese día de Armero (María Eugenia Caldas), alguien que vivió ese día la avalancha (Juan Antonio Gaitán) y alguien que habló ese día con sus familiares de Armero (Francisco González).

Sin adjetivos, dejando que los hechos hablen por sí mimos, Correa le da contexto a las historias con fragmentos de artículos publicados en periódicos que hablan de la inminencia de la avalancha, con citas de las peticiones de auxilio, previas al desastre, de representantes a la Cámara en el Congreso y, dolorosamente, con las voces de tranquilidad que entregaron desde conocedores hasta miembros del Estado.

"Hice un esfuerzo muy radical para que no fuera un libro auto- compasivo. La tentación de llenarlo de comentarios propios y de adjetivos era grande.

Todo eso lo desaparecí”.

Juan David Correa

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