PARA NO CAER EN LA RED

PARA NO CAER EN LA RED

Se los juro, es verdad: un amigo mío que acaba de regresar de Japón vio exhibidos en una vitrina gatitos bonsái de tres meses de nacidos, embotellados en frascos de vidrio y alimentados a duras penas por un tubo diminuto. Los pobres tenían el cuerpo descalcificado, estaban adheridos al frasco con pegante y eran vendidos en la calle como mercancía barata.

09 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Se los juro, es verdad: un amigo mío que acaba de regresar de Japón vio exhibidos en una vitrina gatitos bonsái de tres meses de nacidos, embotellados en frascos de vidrio y alimentados a duras penas por un tubo diminuto. Los pobres tenían el cuerpo descalcificado, estaban adheridos al frasco con pegante y eran vendidos en la calle como mercancía barata.

Esta información es verídica. Hay que protestar contra semejante barbaridad.

Para remate, una página de Internet (bonsaikitten.com) divulga fotos, crueles cartas de felicitación por este nuevo arte oriental, el método para envasar gatos en casa y explicaciones médicas para evitar que el gato ensucie, lo contagie con sus pelos o pierda la forma cuadriculada. Qué barbarie.

Se lo creyó? Seguramente sí. Porque las bromas que circulan por Internet tienen las características de los párrafos anteriores: un amigo, familiar o conocido dice algo, la información se asegura como cierta y se riega con la velocidad de un virus contagioso.

La de los gatos fue la broma mejor pensada de todas las que han engañado a incautos navegantes de Internet.

Ocurrió cuando una página divulgó fotos y un método según el cual los orientales, de acuerdo a su tradición, estaban reduciendo a gatos vivos al tamaño de un arbolito bonsái.

El arte consistía en embotellarlos en frascos rectilíneos tras un ayuno de 12 horas luego de inyectarles dos miligramos de Valium, y un descalcificante de huesos para que adoptaran la forma de la botella en que los metían. Luego, los gatos se aseguraban con pegante a las paredes del frasco.

El chiste cruel se complementa con una galería de fotos tomadas con cuidado para engañar sin que lo pareciera y hasta explicaciones socioculturales del arte de envasar mininos. Cartas globales y noticieros de TV protestaron contra lo que no existía.

El engaño era perfecto, excepto por un detalle detectado apenas por los más escépticos: no había direcciones, ni nombres de los inventores del fraudulento arte.

La investigación.

Human Society, una organización de E.U. ofendida por la crueldad de la información, inició la búsqueda del autor de la página. El origen del sitio estaba en el Instituto de Tecnología de la Universidad de Massachusetts. Pero del doctor Michael Wong, propietario de la página, no había registro.

Al final se descubrió que el engaño lo habían tramado estudiantes perniciosos con ganas de hacer una broma. Presionada, la Universidad cerró el sitio. Pero los jóvenes lo abrieron pronto en otro lado, amparados por la flexibilidad de Internet. Mejorada la página, los gatos embotellados siguen atrapando incautos.

Embarazo masculino.

El abdomen se le estiró, aunque las caderas no se le ensancharon nunca. Lee Migwei, en su actitud de embarazado, se ve absurdo, pero padre feliz.

Según la página malepregnancy.com, el hombre es el primero que engendra a un niño en su vientre de hombre por obra y gracia del espíritu bromista de Internet.

Un video ultrasonido del niño, la medición de la presión arterial del adulto, el sonido en vivo del corazón de Lee y una explicación de una médica que habla de las dificultades del embarazo (acné, hemorroides, incontinencia), complementan el casi perfecto engaño.

Casi. Si no fuera porque Lee es un artista taiwanés que ha sido entrevistado por el New York Times por sus trabajos acerca de los ciclos de la vida y porque su embarazo ficticio también era parte de sus exploraciones.

Culebras y lagartos.

La foto de un expedicionario engullido por una anaconda estremeció a los internautas. La serpiente muerta, partida por la mitad, muestra a una persona entre su piel escamosa.

La broma era fácil para alguien con poco asco: era solo ponerse la piel encima, tomarse la foto y divulgarla.

Igual ocurrió con la foto de un golfista engullido por un lagarto. Un bromista puso brazos falsos en el abdomen del animal. Luego sembró el terror diciendo que en los campos de golf había cocodrilos.

Hay más. El sitio ysite.com/ldsfakepages permite crear páginas falsas con datos suministrados por los amigos de la víctima. Los amigos del basquetbolista Michael Jordan, por ejemplo, divulgaron la noticia de que luego de su paso frustrado por el béisbol, se iba a dedicar al badminton.

Y en Toronto (Canadá), un supuesto directorio de páginas amarillas suministró información de negocios falsos y obtuvo, de paso, dinero de los que quisieron pautar ahí.

LOS BROMISTAS.

Las bromas no nacen de psicópatas perversos, sino de creativos sin oficio que quieren dejar su huella. Su éxito es ese: que medio mundo les cree. E Internet se los permite.

La red funciona con servidores que dan un espacio en la red. Cada uno de ellos establece sus propias reglas y muchos no objetan los contenidos. Un bromista puede, sin problema, abrir una página gratis. Un mínimo de conocimiento de diseño (hay programas que ayudan a hacer páginas) basta para ponerla en red.

Si el bromista quiere tener el dominio (página con nombre propio) paga una suma anual que varía entre 60 a 200 dólares. Algunos servidores más rápidos y conocidos que, por ejemplo, le dan publicidad a las páginas en los buscadores, cobran por el uso, pero nada que sea impagable.

Las páginas mentirosas son difíciles de descubrir porque están bien construidas, diseñadas y concebidas.

La única manera de pillarlas es comprobando si tienen direcciones, estudios, enlaces conocidos o nombres de personas a las que se pueda contactar. Otras pistas ayudan:.

-Las fechas casi siempre son inciertas: se habla de la semana pasada, el otro día, ayer.

-Las historias suelen sucederle a otros y no a los que las escriben.

-Aunque no faltan los medios inocentes que toman como cierta la información, esas noticias no han sido nunca publicadas ni provienen de estudios serios.

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