COMPITO CONMIGO MISMO

COMPITO CONMIGO MISMO

No hay duda. Antonio José Londoño Vélez, presidente de la Asociación Colombiana de Industriales del Calzado, Cuero y sus Manufacturas (Acicam), literalmente es un cabezadura.

10 de julio 2001 , 12:00 a.m.

No hay duda. Antonio José Londoño Vélez, presidente de la Asociación Colombiana de Industriales del Calzado, Cuero y sus Manufacturas (Acicam), literalmente es un cabezadura.

Así lo sufrió y lo comprobó cuando años atrás, perdió el control de su consentida y cayó de bruces contra el asfalto y el casco que completaba su uniforme de ciclista se partió en dos.

Dos han sido también los accidentes graves que ha sufrido desde que una cirugía de rodilla lo alejó del fútbol y lo montó en la bicicleta, hace más de diez años.

Nadie, ni siquiera su esposa y sus dos pequeños hijos, que ahora lo escoltan en sus salidas por las transitadas carreteras, han logrado convencerlo de las bondades de hacer deporte bajo techo.

Por eso, día de por medio, antes, desde las 5 de la mañana, y ahora desde las 7 en punto, para no perderse el despertar de sus hijos, sale religiosamente a cumplir la cita con su consentida .

La sube desarmada en la parte de atrás del carro, con ella conduce hasta un sitio en el occidente de la sabana de Bogotá, allí baja primero el marco construido a su medida y luego las ruedas.

Frente a ella, se cambia los tenis importados por las zapatillas de cuero igualmente importadas, la cachucha por el infaltable casco salvavidas, la camiseta y las bermudas por la lycra que se ciñe a su cuerpo y a sus bien formadas piernas.

Después del estiramiento de rigor, inicia el recorrido, suave, rítmico, sin afán y sin pausa, sin percatarse de quien lo alcanza o quien va adelante aunque a veces acepta desafíos de sus desconocidos y anónimos compañeros de carretera.

"Me como todo el casquillo que me den", dice mientras pedalea.

Pedal tras pedal, Londoño logra hacer recorridos hasta de cien kilómetros y se sienta a veces hasta cuatro horas en su bicicleta. "Este es un ejercicio de largo aliento, soy persistente", dice.

Mientras toma agua en su caramañola, explica que a diferencia del fútbol, en el ciclismo "las metas ya no son de grupo, sino que las pone uno mismo. En los deportes de conjunto, en cualquier parte lo pueden llevar a uno y aquí toda ir uno solo. El reto es ir un poco más allá o hacer lo mismo cada vez mejor", explica.

Durante sus largos pedaleos, Londoño Vélez se aparta del mundo. A su lado quedan las vacas que pastan tranquilas en la sabana, los carros apurados, los camiones lentos, los ciclistas concentrados y sus ideas.

"La bicicleta me ayuda a pensar", dice. Claro está que realmente, le ayuda a no pensar en los problemas y a buscarle el lado positivo a las crisis.

Pedaleando recuerda aquella ocasión en la cual participó en una carrera en Estados Unidos donde participaron unas cien mil personas y él llegó en el puesto 5.000, o las veces en que compitió saboreó el triunfo y también la derrota.

Un jugo de naranja o un salpicón, son el premio diario cuando alcanza su propia meta. Luego regreso a casa, el baño en una tina con los niños y ahora sí, a pedalear y competir duro en la oficina.

clabed@portafolio.com.co

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